LO QUE UNA ESPINA ES

agosto 27, 2006

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Nunca había estado en un concierto multitudinario. Hasta hoy. Bailando.  Levantado mis brazos. Cantando, saltando, aplaudiendo con la zurda y  Ana Torroja. Las dos entusiasmadas. Aunque fue circunstancial. Me dejé ir. No lo tenía previsto. Y si me lo hubiera planteado por inapetencia personal.. ni siquiera habría estado allí.

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Porque yo recuerdo que odiaba las mutitudes. Me provocaban claustrofobia, crisis de ansiedades, vértigo, mareos, sudores fríos. Y también estaba él. Tenía que estarlo. Yo no sabía donde pero seguro que en algún lugar entre esa maraña de miles que era el público. Porque él en eso nunca fue como yo. Él siempre tan presente. Tan presente como en aquel recital de fados donde ni siquiera contaba con él. Y en ese mar de gente imposible fuimos a dar de nuevo el uno con el otro por casualidad. Lo más improbable sucediendo. Sólo que nuestras miradas luchan a muerte, combaten, se enfrentan, como si la Atracción en lugar de deseo fuera una batalla. En su caso puede que exista una mezcla de desprecio y odio y algo más que no se fijar pero que hace que en el mío lo único que se conjure sea un creciente desafío y puede que hasta una  cierta  hostilidad, que por gastada.. ya apenas me hace temblar. Y a lo mejor es eso lo que me da miedo o va minándone la esperanza.  La posibilidad de que eso se acabe del todo, y por eso los dos atacamos primero, para dar dos veces. Con un por si acaso previsor. Y así vamos despidiéndonos, como uno va congelándose ante la noticia de la muerte que llama a la puerta, la próxima muerte.  Y él, después de esa intensidad con que me mira a los ojos, dirige su vista al drapeado del escote o tal vez es al  cristal de roca que pende como una brújula sobre él, dándose cuenta quizás en ese instante de que de nuevo  tengo conmigo  lo que le prometí.. y cuando volvemos a cruzarnos sólo unos minutos después me parece que ese hombre golpea mi cuerpo pero casi con violencia al pasar, como la otra noche entre los fados. Sólo que ya no es un roce sólo. O tal vez la violencia fuese sólo cosa de mi imaginación.  Yo que sé. Es que ni siquiera sé si fue real.. A falta de otro contacto más íntimo.. la excusa que sea con tal de que nuestros cuerpos vuelvan a tocarse y quizá a él le suceda lo mismo. Porque hubo una vez hace ya mucho tiempo que fuimos los dos una embestida febril pero no follamos, no. Nunca. No llegamos a follar. Y duele el amor. Tal vez de entre todo el espectáculo me quede con esa. Llueve hasta mojar. Quizás por los rojos sobre la oscuridad.

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Y una carta de otro alguien que después de mucho tiempo de leerme conoce mi voz al llegar a casa: Tu voz me sabe dulce, melódica, adolescente, casi puber. Tus palabras me suenan tristes y desgarradoras…’ Dos fotografías de claros en el bosque que fueron pensadas inconscientemente para mí y un retrato abrumador de la soledad. Dos regalos.

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Y aterciopeladas rosas azul profundo en un ramo. Sólo eso. Y ese duelo de la zurda por el paraíso perdido del cariño de sus hermanos.. Es que tiene que ser muy jodido darse cuenta de eso, de que aquellos a los que amas no te quieren igual. Vamos, y que ni siquiera te quieren.

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Y sigo con pocas ganas de escribir y ninguna de desprenderme de este top negro con la espalda al descubierto que me vestía en la última habitación de hotel.. por el olor que guarda. Y sigo deseando a tres hombres pero a ninguno más y sin estar enamorada  de ninguno. Sólo esperando estarlo alguna vez, que alguien quiera eso de mí. Y pensándolo mejor, la que más sentí fue esa en la que la Torroja dice lo que una espina es.

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