– de cómo una maestra induce a un trance –

septiembre 9, 2006

Años atrás y a raíz de leer ‘El Alquimista’ de Paulo Coelho transcurrí plácida por una época en la que me interesaron mucho sus libros que no su literatura. Y ya sé que ese autor no tiene nada que ver con Saramago, por supuesto, y que es a quien estoy leyendo en el momento actual y del que me va a gustar hablar porque en él habita una mujer con poderes: Blimunda. Pero en aquel tiempo la levedad de Pablo Coelho me sentó muy bien. Y en ‘Brida’ encontré algo que me llamó la atención pero que todavía no he probado y que es casi lo próximo que tengo ganas de experimentar. Pues bien, cuando Brida logra ser recibida por Wicca, la que se convertirá en su maestra, recibe dos nuevos conceptos: que ‘la Otra Parte’ es lo primero que las personas aprenden cuando quieren seguir la Tradición de la Luna. Y que hay que acostumbrarse al hecho de que muchas cosas en la magia no son ni serán nunca explicadas (o explicables) Pág. 43.

– Presta atención, jovencita -dijo Wicca con severidad-. Todos los días a partir de hoy, a la misma hora que tú elijas, quédate sola, y extiende una baraja de tarot sobre la mesa. Extiéndela al azar, y no intentes entender nada. Limítate a contemplar las cartas. Ellas, a su debido tiempo, te enseñarán todo lo que necesitas saber en ese momento (Pág. 46)

Y así ingresó Brida en el ritual. Acostándose a las diez, poniendo el despertador a la una de la mañana, preparándose un café para despejarse y quedándose frente a una baraja callada por espacio de media hora y así fue hasta la sexta noche, donde tiró todas las cartas al suelo irritada ante tanto silencio. En ese instante pensó que las cartas por fin iban a proporcionarle una inspiración mágica pero no fue así. Y las cartas continuaron guardando celosamente su secreto. En fin, abrevio, que Brida estaba segura de haber dado lo mejor de sí pero después de semanas todos sus esfuerzos habían resultado infructuosos, e incluso las tres últimas noches había llorado lágrimas de frustración sintiendo su desamparo. Porque la vida como era una constante en ella la trataba de un modo que sentía distinto si se comparaba con las demás personas: ‘le daba todas las oportunidades para que pudiese conseguir algo, y cuando estaba próxima a su objetivo, se abría la tierra y se la tragaba’ (Pág. 54)

Entonces pensó en desaparecer y evitar así el encuentro con Wicca que había sido fijado para el día siguiente, pero armándose de valor marcó su número.

– No podré ir mañana -dijo Brida

– Ni tú ni el fontanero -respondió Wicca. Brida se quedó algunos instantes sin entender lo que la mujer estaba diciendo.

Pero Wicca empezó a quejarse de que tenía una avería en el fregadero de la cocina, que ya había llamado varias veces a un hombre para arreglarlo y que el hombre nunca aparecía. Comenzó a contar una larga historia sobre edificios antiguos, llenos de belleza pero con problemas insolubles.

– ¿Tienes el tarot por ahí cerca? -preguntó Wicca en mitad del relato del fontanero.

Brida sorprendida le dijo que sí. Wicca le pidió que esparciese las cartas sobre la mesa, pues iba a enseñarle un método de juego para descubrir si el fontanero aparecería o no a la mañana siguiente.

Brida, más sorprendida aún, hizo lo que mandaba. Esparció las cartas y se quedó mirando, ausente, hacia la mesa, mientras esperaba instrucciones desde el otro lado de la línea. El valor para decir el motivo de la llamada se iba desvaneciendo poco a poco.

Wica no paraba de hablar… (Pág 56)

Y así continúa la cosa, con un parloteo cansino que termina por despertar en Brida el tedio más profundo y en el que sólo despega los labios para musitarle a su maestra algún sí afirmativo de que ahí sigue escuchándola. Pero ya desde hace un rato y para combatir el aburrimiento Brida intenta distraerse con las cartas del tarot y comienza a observar pequeños detalles en ellas que se le habían pasado desapercibidos las otras veces.

‘… Su mente estaba muy lejos, viajando, paseando por lugares donde jamás estuviera. Cada detalle de las cartas parecía empujarla más hondo en el viaje.

De repente, como quien penetra en un sueño, Brida percibió que ya no conseguía escuchar lo que la otra le decía. Una voz, una voz que parecía venir de dentro de ella -pero que ella sabía que venía de fuera -comenzó a susurrarle algo. ¿Me entiendes? -Brida decia que sí. Sí, me entiendes, dijo la misteriosa voz.

Sin embargo, esto no tenía la menor importancia. El tarot frente a ella comenzó a mostrar escenas fantásticas; hombres vestidos sólo con tangas, cuerpos bronceados al sol y cubiertos de aceite. Algunos usaban máscaras que parecían gigantescas cabezas de pez. Nubes pasaban corriendo por el cielo, como si todo se moviera mucho más rápido de lo normal, y la escena cambiaba de repente a una plaza, con edificios monumentales, donde algunos viejos contaban secretos a unos muchachos. Había desesperación y prisa en la mirada de los viejos, como si un conocimiento muy antiguo estuviese a punto de perderse definitivamente.

– Suma el siete y el ocho y tendrás mi número. Soy el demonio, y firmé el libro, dijo un muchacho vestido con ropas medievales, después de que la escena se convirtiese en una especie de fiesta. Algunas mujeres y hombres sonreían, estaban embriagados. Las escenas se cambiaron a templos enclavados en rocas al lado del mar, el cielo comenzó a cubrirse de aguas negras, de donde salían rayos muy brillantes

Apareció una puerta. Era una puerta pesada, como la puerta de un viejo castillo. La puerta se aproximaba a Brida, y ella presintió que en poco tiempo conseguiría abrirla

– Vuelve de allí, dijo la voz

Vuelve, vuelve -dijo la voz al teléfono. Era Wicca. Brida se molestó porque la estaba interrumpiendo en una experiencia tan fantástica, para volver a hablar de porteros y fontaneros.

– Un momento -respondió. Luchaba por recuperar aquella puerta, pero todo había desaparecido de su mente.

– Sé lo que paso -repitió Wicca, ante el silencio de Brida. Ya no voy a hablar más del fontanero; estuvo aquí la semana pasada y ya lo arregló todo.

Antes de cortar, dijo que la esperaba a la hora convenida

Brida colgó el teléfono, sin despedirse. Se quedó aún mucho tiempo mirando fijamente la pared de su cocina, antes de caer en un llanto convulsivo y relajante’

Pues bien, hago ahora un corte aquí. Pero esto es lo que nos ocurre cuando entramos en trance a través de un estado alterado de conciencia. Yo no lo palpé por mediación de las cartas del tarot y eso es lo que me gustaría probar en alguna ocasión, qué me sucede a través de ellas o utilizándolas como soporte, pero estas visiones, esas puertas, sobre todo las puertas y los corredores de espacios abiertos al infinito por donde uno vuela… o que atraviesa como si fuera incorpóreo y etéreo… y algunas otras ( no he vivido dos experiencias iguales aún) son comparables a lo que Coelho nos explica.

¿Qué ocurre? Que a veces en mis viajes he presentido que había un peligro, el de perderse en la propia mente o de que el Alma… No he llegado a tener todavía un problema con eso, porque de alguna forma en ese instante en que me angustié un algo… siempre sucedió una llamada, o un mensaje, casi siempre un aviso en el teléfono móvil y relacionado con la persona con la que había tratado de conectarme telepáticamente. Por fortuna las entidades todavía no se saben mi número. Pero yo reconozco que mis trances, y cosa curiosa por la coincidencia, en cierto sentido están muy vinculados a él, aunque no de esta forma. La primera vez, o que yo recuerde, que entré en trance fue por medio del tecleo de mensajes de móvil. Aunque esto sólo es una manera de abrir un tema del que también querré hablar aquí y un poco con la esperanza de que vosotros compartáis conmigo los conocimientos acumulados en vuestros viajes y a través de vuestros estados alterados de conciencia.

Un truco que se me ha ocurrido es colocarme una esclava de cascabeles en el pie. Me gustó su significado cuando me lo contaron y pensé.. bueno y por qué diablos yo no me la voy a poner a mi misma para procurar que mi alma o mi espíritu siempre sepan como reencontrarse con mi cuerpo. Pero esa esclava será otra historia, porque la tiene y Brida y su explicación de lo que sucedió con el teléfono también, o de cómo lo traduce Coelho. Sólo que lo dejo para mejor ocasión. Ahora hay tormenta. No les tengo miedo. O no depende de donde esté pero me dan hambre. O por lo menos hoy la siento.

Un saludo.

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