– Tócate, por favor –

septiembre 12, 2006

Catedral de Rodin

Vamos en el coche hacia la playa. Ella y la anciana en el asiento delantero. Yo atrás. Introduzco mis dedos por entre el cabello hasta las raíces y lo ahueco. Parece que eso es lo que hago por un largo rato. Pero me doy cuenta de algo que me resulta interesante. De hace un tiempo a esta parte me acaricio en público. He comenzado a hacerlo pero no sabría decir desde hace cuanto. No se recuerdan tantas cosas, y a veces sin embargo se recuerdan tantas que puede que sean falsas… Me di cuenta de esto del pelo cuando estaba sentada en la terraza de una plazuela sombría aquel día, leyendo un capítulo de ‘El factor humano en pantalla’ . ¿Sabes? Tocarme la cabeza me sofrosiniza -le digo a ella. Pero es más que eso. Acariciarme un brazo, los hombros, recorrerme la clavícula suavemente con los dedos o ese margen del contorno de los senos que deja el escote al descubierto, el cuello, las muñecas, la tráquea, las piernas cuando estoy sentada y las cruzo, el empeine del pie, los tobillos, los muslos, por entre los muslos al borde de las rodillas… Creo que los seres humanos nos mimamos muy poco y que el contacto físico es tranquilizador en sí. Y hace muchos años recuerdo haber leído en algún libro que la piel se marchita como una planta con sed de beber si no recibe afecto. Quizás hable del alma. Tan presente en la ternura. Porque el acto de acariciar puede resultar tanto erótico y sensual como tierno. No hables de mis agujeros negros -me pide ella mientras la anciana calla y mira, hasta yo diría que algo atemorizada, hacia el horizonte de la costa a la que se dirige. Pero es que no hace falta que te acaricie nadie le digo yo. Basta con que lo hagas tú. También es una forma de sentirse menos sola. Por ejemplo ahora, yo, llevo una camiseta roja de tirantes, muy desgastada con una abertura ancha por la espalda y siento mis rizos rozándome dulcemente mientras escribo estas líneas, y esa fuente sobre la estantería, su agua, acompaña mi silencio. Y pienso en mañana a la noche, cuando quizás ya esté aquí esa otra fuente, un cántaro entre piedra y ramas de árbol, de la que llevo enamorándome sin remedio hace mucho más de un año… a veces los tirantes se deslizan o yo me muevo para sentir cómo se deslizan por mis hombros y dejan casi un pecho al descubierto… Y me fijo en que en la calle nos tocamos poco, y ya no a los demás sino a nosotros, como si ese breve intermedio de intimidad fuera la punta del iceber del tabú… Y también que en las grandes ciudades las gentes evitan hasta el contacto directo con la mirada del otro. Y me acuerdo de aquel libro de Jane Howard: ‘Tóqueme, por favor’.

”’El afecto, dice esta autora, provoca en la gente más crisis que los gritos. Creo sinceramente que a veces por ver como resulta, hay que practicar la calidez, aunque no se sienta realmente. Me ha ocurrido a mí, es todo lo que puedo decir, y ojalá puedas tratar de hacerlo, porque a ti, tal vez, también te valga”’

Yo me acostumbré a ello porque entendía que era bueno para mí. Y quizás al principio ni sentía ni comprendía bien esa necesidad pero hoy practico la calidez simplemente por el mero hecho de que me gusta hacerlo. Y hasta el punto de que no dejo que los demás me inhiban por el sólo hecho de estar presentes

6 Responses to “– Tócate, por favor –”

  1. INVERSaMENTE Says:

    […] carcamal, carlos, carmenluna, carmina, carnal, carroñero, cascada, caso, catapulta, catarata, catedral, cecilia, ceciliab, cefontes, cello, celos, censura, centauro, centralita, céntrica, cervatillo, […]

  2. lasonrisadelamistica Says:

    La palabra de esto en el índice es catedral

  3. nandara Says:

    Más que en plan “tócate, por favor” estoy descubriendo el tócame, por favor.
    Esta mañana estuve en la pelu, preparándome para la excursión de mañana a Valencia con mamá y sus amigas…
    De un tiempo aquí he descubierto que me encantan los masajes en la cabeza y comencé un peregrinaje por diversas peluquerías, cada vez una :). Luego también, masajes en los pies, en las manos. Un disfrute.
    Pero para masajes de verdad, E. Es único :)))))))

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    Hazte un peeling y ya verás lo que es disfrutar de verdad. Un peeling corporal. Te lo recomiendo. :)

  4. nandara Says:

    Lo de tocarme yo, es más complicado, mucha represión.

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    Con que esas tenemos, ¿eh?
    Pues hay que ponerle arreglo chiquilla. Lo siento pero es necesario que ames cada ámbito de tu cuerpo.
    A ver qué se me ocurre para ayudaros a las reprimidas…
    Pero el ejercicio del espejo lo harías, ¿verdad?

    Conoces tus genitales, pregunto…

  5. nandara Says:

    Sí, los conozco. Pero falta dedicación y sí creo que ahí soy reprimida. :)))))))

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    Eso no nos va a ayudar mucho. Sobre todo a ti. Conocerse a nivel íntimo hace avanzar muchos pasos..

  6. Angela Says:

    A mi me encanta verme en el espejo desnuda, me gusta verme los genitales, ¿En que sentido se avanza, cuando se le encuentra un gusto a esto?

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    Creo que te puede ayudar a gustarte más y a estar cómoda con tu sexualidad.
    Todas las mujeres deberíamos mirárnoslos y admirar lo bonitas que son nuestras orquideas, porque es lo que parecen, ¿no?
    Yo lo hacía mucho de joven. Me gustaban. Y alguna vez me gustó de mayor.
    Hace tiempo que no me los miro mucho. Pero es que en mi sexo prefiero cerrar los ojos y el tacto…
    :)

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