sobre el mal que se desea

septiembre 21, 2006

Dave McKean

Esta mañana mi otro teléfono comienza a sonar muy temprano. Es alguien que lo ha conseguido por alguien. No me dice quién. Es una mujer de otra población no muy cercana. Quería saber dónde tienes la consulta -me dice. No tengo la consulta en ningún lado -le respondo. Tendría que encontrarme contigo en alguna parte. ¿Tú haces magia negra? -me pregunta entonces. En ese instante cuando le contesto reconozco que lo hago acompañándome de una risa clara. No, no hago magia negra porque no sé si lo sabes pero esa magia tiene un efecto muy indeseable. Pero por qué no me cuentas cuál es tu problema -añado. Porque quiero que entienda que no me estoy riendo de ella; sino que trato de ponerle y quitarle hierro al asunto, de manejarme con la tensión interpersonal y de advertirle con qué clase de energías pretende jugar. Eso de antemano, aclarar bien mi postura. Yo es que quiero que alguien tenga un accidente. Escucho. No uno muy grave que lo mate o algo así… sino uno que le de un buen susto y a ser posible que lo deje algo incapacitado. Es un hombre que me está haciendo la vida imposible. Vamos a ver -le digo entonces. Eso no debe preocuparte. Quiero decir que a mí también me habría gustado que se muriera alguien. Alguien que me acosaba y que me ”acosa” todavía y que ni siquiera conozco de nada. Por eso sé perfectamente Dónde te encuentras y también que es lógico desear ese tipo de cosas cuando uno se siente muy impotente contra algo que sientes que es más fuerte que tú. Pero en lo que estás pensando no es una solución porque la magia negra, no sé si lo sabes, pero es de efecto boomerang (en realidad como todas las magias y todos los deseos que se liberan, luego siguen su curso). ¿Quieres decir qué puede volverse contra mí? Eso es, como cuando lanzas un boomerang y acaba regresando a ti. Una cosa así. Es que es el padre de mis hijos – me dice. Y de verdad que me está haciendo la vida imposible. Me pega y nos pega… y yo ya no puedo aguantarlo más.

No me explica si es alguien que tiene un problema con el alcohol o con la violencia. De todas formas da igual con qué tenga el problema porque quien sufre las consecuencias de ese problema de falta de control propio es esta mujer al otro lado del teléfono. Pero a mí no se me ocurre ponerme a explicarle en ese instante que lo que tiene que hacer es recurrir inmediatamente a un abogado o mucho mejor, a un centro social de ayuda a la mujer. De todas formas registro mentalmente que tengo que informarme donde se encuentran esas oficinas y direcciones en cada población para poder dar una indicación la próxima vez con cierta precisión. Tengo pocos minutos, uno o dos a lo sumo. Lo sé por una señal de exasperación que capto. Está pensando en lo que le costará la llamada de teléfono. No es alguien sólo que pretende hablar y descargarse un poco. A mí no me importaría que lo hiciera pero entiendo que mi teléfono es un número móvil y que a algunas personas siguen preocupándonos la facturas del teléfono. Porque ella seguirá buscando nombres y teléfonos por donde sea hasta que de con alguien que acepte hacer lo que ella quiere, bien sea engañándola, estafándola o bien sea… Tampoco descarto del todo que lo que a ella le gustaría para ese hombre no sea del todo posible. Tampoco me explica si está separada de él. Aunque por algo en ella deduzco que no, que vive con esa persona, y que anoche fue una noche más entre tantas que habrá vivido, pero en la que probablemente algo se rompió. Y que esto lleva pensándoselo mucho tiempo. Conozco a este tipo de mujer porque crecí al lado de mi madre que odia con este odio inverso y equivocado, y también que sólo sabe vivir dentro de su ignorancia. ¿Qué quiero decir ahí? Mi madre no es asertiva y es crédula. Sólo sabe dejarse arrastrar por dos papeles: el de víctima, cuando se enfrenta a alguien que por lo que sea siente más fuerte. Y el de agresora. Ese cuando encuentra a alguien más débil sobre quien vomitar su frustración para desahogarse luego. Y con ese altar de velas que prende por toda la casa. Eso desde que yo ya no vivo allí, claro. Y de eso hace muchos muchos años. Pero sé que algunas velas las enciende para protegernos, como ella dice y otras para que alguna persona se muera…

Entonces le digo a esta mujer anónima que lo único que puedo hacer por ella es ayudarla a protegerse pero enseñándola a ello. Y que para eso lo primero que tendría que hacer ella, es conseguirse un cuarzo y uno transparente. Tiene que ser transparente, en principio, porque en mi experiencia hasta ahora es en el que son más fáciles de observar las transformaciones que se producen. Pero también le explico que aunque yo se lo limpie y se lo programe en realidad el trabajo más duro va a tener que hacerlo ella con sus deseos. No entro en más detalles. No tengo ese tiempo. No puedo hablarle ahora de lo importante que son esos límites, de los que seguramente carece, de aprehenderlos, y la autoestima y el respeto por uno mismo y por encima de todo. Y además es que no puedo mojarme por cada persona que recurra a mí si antes esa persona no ha decidido mojarse por ella misma. Y éste no es el caso de esta mujer, o todavía no. Se produce una pausa… La mujer al otro lado del teléfono está pensando. Ese ya es un acto de consciencia. ¿Y dónde podría conseguirlo? -me pregunta- ¿en una joyería?. No sé en tu localidad -le digo- pero en principio no. Podría decirte aquí. Pero lo que debes hacer ahora es seguir pensándote un poco todo esto que te digo… y o bien seguir buscando luego a alguien que quiera hacer ese trabajo de magia negra por ti o bien llamarme en otro momento y ya entonces decidimos lo que hacemos… pero recuerda eso que te dije, que yo lo que te voy a pedir es que trabajes esencialmente contigo misma y con tus deseos…

Esta mujer es una clara candidata para una terapia. Yo lo sé y tú lo sabes como yo. Pero no se puede así como así, a las primeras de cambio, remitir a alguien ni a un abogado, ni a la policía, ni a un psicoterapeuta. Ese es el siguiente paso en la gran mayoría de los casos. Pero para llegar a ese convencimiento hay personas que necesitan dar algunos otros pasos previos. Y algunos muy supersticiosos. Entonces la superstición tiene que jugar un papel en favor del razocinio y de la ciencia. De todas formas a veces no se puede hacer nada en el caso de los acosadores o los maltratadores que todavía no han cometido el delito y ni siquiera pueden hacerlo los jueces; no hasta que ya es tarde, hay un delito y hay pruebas. Cuando ya es demasiado tarde. Y sin embargo yo he dejado de necesitar que ese hombre se muera. Desde que trabajo con mis energías y mis espacios ese tipo que me acosa en mi mundo me preocupa mucho menos. Quiero decir que he dejado de desearle la muerte. Y además me consta que le voy a Derrotar sin ayuda de nadie y por mis propios medios por invasivo y muy enfermo mental que sea.

Por otro lado no sé muy bien si los cuarzos son un buen ejemplo de lo que es capaz de generar en el ser humano ‘el efecto placebo’ y tampoco me importa. Porque lo único que me importa es sentir que yo sin necesidad de nadie me protejo. Y la magia es también eso, aprender a confiar esencialmente en uno y sólo en uno mismo para todo. Y a mí lo que me gusta es saber comunicarle eso a la gente, que el control de tus emociones y de tu vida, en última instancia, es tuyo y te pertenece y te tienes que hacer cargo de él, porque nadie más puede hacerlo por ti. Y sé también que me dejé algo pendiente por ahí sobre una piedra que es capaz de abrir un corazón duro como una piedra pero es sólo un asunto pendiente sobre el que volveré cuando me apetezca realmente hablar de ello. De momento lo maduro que ya es mucho. Porque cambiar de punto de vista sobre un tema que antes consideraste absolutamente zanjado y muerto en el sentimiento… cuando ese tema implica a la propia sangre… en mi caso y con mis antecedentes podría decirse que es casi un pequeño milagro. El poder de los cuarzos es el poder de nuestra energía cuando fluye como tiene que hacerlo. Tal vez sean reguladores de flujo excepcionales o sirvan para ello. De momento para mí son ante todo algo que utilizo y estudio con Sana curiosidad.

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Si quieres escribirme puedes ponerte en contacto conmigo en lamagaroja@gmail.com
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