y hoy porque hoy me apetece

septiembre 22, 2006

alguien leyendo a Mallarmé

Ayer me desalojó la lluvia de una plaza. No había toldo. No hubo el viento tropical anunciado. Leía un libro. A mi lado un hombre pequeño que intenta lo mismo con el periodico mientras no sirve las mesas, y que con ese parloteo incesante que no me deja concentrarme, me pregunta. ¿Es verdad lo que lees? Yo a veces sé que me sonrío mientras mis ojos caminan por hojas que para mí no sólo son hojas, que son acariciadas. No tengo hijos. Ninguna sensación extraña. Del lado siniestro otro hombre, uno siniestro como la esquina meada por los perros callejeros de ese lado, viste cara de naranja amarga mientras hace que lee pero no lo intenta y capta nuestra conversación con oídos enfadados. Más cara de naranja amarga. Y yo menos arrepentida que nunca por nada. Pero la lluvia me desaloja y el café con hielo del vaso, siempre medio lleno, queda olvidado de mis labios.No se me ocurre aceptar esa invitación a seguirle con la mirada. Entonces y con paso rápido desciendo una calle empinada refugiándome bajo sus soportales de antiguos mercaderes de ganado. No quiero abrir el paraguas. Me mojo a tramos. La diadema del pelo me lo soporta y entro en una casa que recoge una exposición de sellos y matasellos, remitentes y remitidos. Algo del loco del pelo rojo. Algo de las Indias. Algo de una carta de Texas. La fontana de Trevi, Manhattan, unas torres gemelas cuando aún existían, los Reyes Católicos. Ganímedes y Plutón. Las vestales. Una mancha oscura en la moqueta de color pardo. Eso después de bajar del primer piso y permutar lo etéreo de Chagall por una historia sobre la voz interior de Hittler, el factor de lo absurdo, las mediums de Tarrasa… suicidas y asesinos. Y luego la lluvia es ya tan honda que me inclina a abrir el paraguas. Quince minutos más tarde. Música alegre irlandesa. Más hojas, más páginas en esa primera cerveza Belga que consumo sin prisas pero también sin pausas. Un mensaje corto que es una invitación y a la vez un aviso de retraso; una llamada que responde y dice que me espera a cualquier hora pero más tarde. Yo que no voy a llegar pero aún no lo sé. Una chica que no entra para encontrarse con sus posiciones planetarias. Una receta que se pierde y que sólo va a ser una buena recomendación literaria. Un por qué no debe preocuparse por no poder dormir mientras ese Chema recién nacido llora a todas horas un llanto desmedido desbocándola. Algo que le escribo desde ese banco a Alguien que aun cuando no me abraza me abraza hasta más allá del Alma. Dentro, Dentro, muy Dentro. Me Llegas tan Dentro. Tan profundamente Dentro. Otro mensaje corto. Éste con más de un mes de retraso. Si te apetece que nos tomemos ese algo que decías estoy aquí sola… aunque sea mentira, más mentira que nunca y digo donde. Ni siquiera tengo claro que me apetezca una respuesta consolidando esa cita improvisada pero se presenta y tomará la forma de regalo prometido: un tarot que ese hombre a finales del mes que viene buscará para mí en Italia. Entretanto me escalofrío. No sé si es bueno o es malo le digo. Otro mensaje que escribo. He sentido que él en esos minutos podría estar pensándome con la misma Intensidad, alegrándose por lo que le comunico o he querido pensarlo. Entonces quise decírselo. Fue entre la página 63 y la 73. alguien a quien no veía desde hace años me mira desde una barra. Y no es ningún error esa minúscula. Yo que ya no tengo ningún interés en niños bien y rubios y vacíos y opacos sentimentalmente hablando, y por muy buenos que estén. Alguien de un pasado reciente que acabó con eso y al que en ese momento ya me da igual ver o no ver. Mi cuerpo que quiere otra cosa. Hasta mi cuerpo que ya quiere otra cosa. Y esa cosa lejos, en silencio, callando pero lejos más por esta inercia inamovible en la que he venido a situarme durante todos estos años que por la cosa en sí. Esa conciencia que gané y las ganas que existen de desterrarla. Y repaso otra vez esa línea que comienza y finaliza ‘donde los miedos se extinguen…’ Entonces asoma por la puerta ese hombre que luego me dirá que a finales del mes que viene se irá a Italia. Y yo que meteré la pata. Y alguien que se llevará un disgusto un día de estos por no saber tener tampoco la boca cerrada. Y van dos. Y aquel chico con la frente exagerada que parece que ha tomado por costumbre sentarse en el banco de al lado. Y yo que no me sorprendo siquiera de lo poco que me dijo después de aquel día esa frente exagerada… ni tampoco, por supuesto, de que haya cambiado de novia. Sólo les vi una vez pero eso se ve venir. Aunque con ésta también adivino que tecleará mensajes tan largos pero no tan contestados… y después de esa primera Belga y de la segunda solitaria, una tercera que cae con él y también una cuarta que nos pone encima de la mesa otro alguien que esa noche no trabaja. Luego será sólo un Nestea en aquel viejo ábside. Y después un correo que fue escrito después de una visita a esta bitácora y en el que se me solicita discrección. Sí, tienes razón, le digo. Dos veces pueden ser casualidad pero tres son un síntoma seguro.Y yo, yo que quiero que vuelvas a asombrarme con alguno de tus poetas secretos y que mientras lo deseo recuerdo aquellos versos de Mallarmé con los que me envolviste una tarde y luego aquella otra Tarde…Y hoy, porque como te decía me apetece tu libro… ese cigarrillo que me sujetas mientras me mantienes encadenada… y algo más que tu brazo.

2 Responses to “y hoy porque hoy me apetece”


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