deseo y Deseo e hipotético deseo

septiembre 26, 2006

Antonio Canova. Detalle Amor y Psyque

Creo que ya dije que S. era promiscua. Y el sábado a la tarde tuvo una de esas tardes suyas en que lo es especialmente. S. dice que lo salvaje de las fantasías sexuales es que no hay que darle explicaciones a nadie, que uno es libre de imaginar lo que sea, y que eso puede ser tan caliente y morboso como se quiera. Y también que estuvo con tres hombres distintos durante las más de cuatro horas que se pasó colgada de sus éxtasis. A dos de ellos recordándoles mientras se masturbaba reviviéndoles y al tercero … El tercero es sólo un desconocido al que hace poco más de un mes descubrió en un documental que se bajó por la red pero con el que desde aquel momento entró en tramites de conocerlo. Explico esto porque hoy voy a contar sus dos últimos sueños.. …

Ayer S. lo primero que hizo al despertarse fue enviar un mensaje al teléfono del chico número 2: ‘Soñé con el as de bastos invertido. Todo el tiempo me lo preguntabas en el sueño y no dejabas de levantar esa carta’

Fue un sueño muy angustioso y tuvo algo de círculo viciado. La madrugada del domingo al lunes habían vuelto hablarse después de un mes de alejamiento absoluto por parte de los dos. Él le contaba lo mal que le había ido la vida desde entonces, que todo no había salido como esperaba, que había habido mucho dolor y también que esa misma tarde comenzaba en un nuevo puesto de trabajo y también con otra distancia en esa relación que sostenía con la chica de la que estaba enamorado.. ya no probablemente tan enamorado pero si aún sufriendo. Me siento fuerte y me dejo fluir de nuevo. Pero S. no le creyó.

Y al principio cuando S. abrió los ojos y agarró su teléfono para teclear esa advertencia y en un estado todavía semi-inconsciente. El as de bastos invertido es una indicación muy clara de esfuerzos estériles, estancamientos, fustración, impotencia, inacción… pensó que la carta tenía que ver sólo con él, que era una respuesta a lo que habían estado hablando. Pero luego ..

Y yo también estuve de acuerdo. El chico número 2, a pesar de lo sensacional que había sido el sexo con él .. sólo le supuso a ella misma lo que le esbozaba ese naipe. Así que S. volvió a enterrar ayer de madrugada la amatista que había desenterrado la tarde del sábado de entre la arena de sus peceras.

¿Lo interesante de ese ritual? A mi entender es que esa amatista la hace muy sensible a la afectividad de esta persona. Otro día, con más tiempo, aclaro el vínculo y eso es una historia que queda pendiente. Pero la idea es que el deseo sexual no se puede enterrar del todo y sobre todo cuando ha quedado indiscutiblemente unido a sensaciones tan placenteras y extremas.. que el deseo necesita otra clase de tumba porque lo que es sólo deseo no tuvo que ser necesariamente amor.

¿Qué es el amor entonces? -lo discutía ayer con C. Lo que te hace sentir necesariamente bien -le digo. Y volver siempre sobre lo mismo, sobre la misma impotencia no puede llevar su sello. ¿Entonces qué podría ser? – continúa C. Podría ser sólo apego. Esa sentencia. ¿Pero y a qué? ¿al amor entonces? No, a algo peor, a nuestra hambre de amor.. a nuestra insaciable hambre de contacto íntimo y de afecto.

La diferencia de potencial entre S. y el chico número 2 es por tanto insalvable. S. ha elegido el camino de la evolución y el conocimiento, y para S. fluir es fluir sólo con el deseo y no atarse a sueños que no pueden resultarle proféticos porque ya ha ido dejando poco a poco de creer en ellos..

S. sólo cree en el sexo. En la risa y en el sexo. En decirle al otro mientras follan: ‘me lo estoy pasando acojonante contigo, tío’

El chico número 2 no valora todavía lo bastante eso. Y por tanto se apega a su sueño de un amor sublime aunque éste le provoque frustración y sufrimiento.

La piel de S. cuando le ve en aquel bar la noche del viernes y él le roza la mano al depositar en la suya el vaso helado con el orujo de miel le reconoce. Y el coño de S. tira de S. y la encierra en el baño y la obliga a masturbarse a oscuras y en secreto. Desde entonces es un fuego.. pero llega a casa y se desnuda en un pasillo aún más oscuro contándole a otro, a ese desconocido del documental como fue aquello. Y le habla de una plaza de abastos y del sonido de unos tacones y también de una mano que se lleva a otra mano esta vez hacia una verga. La verga está muy tiesa y ellos se miran a los ojos como los ojos se miran cuando lo único que importa es el deseo. El encuentro es altamente erótico y dura 39 minutos. Y el desconocido ayer le envía a S. un poema de Neruda y un oratorio de Theodorakis cantando ese mismo poema en respuesta. El desconocido es un hombre muy ocupado, un científico, pero ha comenzado a decirle a S. la mañana del viernes que le da rabia no encontrar un rato tranquilo para escribirle a ella tranquilamente. Y ayer que quería vivir. Sólo eso. Aunque S. no sabe todavía lo que quiso decir.

El primer hombre sin embargo nunca escribe a S. Y sin embargo S. sabe que lo ama con un amor libre de toda sospecha. Y ella por eso mismo le prefiere libre como él libremente quiera quererla. Pero es duro, no nos engañemos. Pero la dureza de aceptar las cosas tal como son no tiene porque suponer ni provocar un sufrimiento. Y además uno siempre puede barajarse con ellas. S. tampoco tiene por qué escribirle si no quiere. O llamarle o pensarle. Y si lo hace es sólo porque desea hacerlo. La diferencia es abismal. El hombre primero, como S. sólo cree en el sexo. En la risa y en el sexo. Pero está más lejos. Vive Solo en los aquís y los ahoras. Y S. sólo sabe vivirlo en todo momento. Y por eso a veces duda. Entonces recibe una señal en una visión o en un sueño. Eso ocurre, por ejemplo, esta mañana antes de que me llame.

En el sueño el primer hombre viaja como suele hacerlo para verla. Se reúnen y hay maletas de las de viaje largo. Esta vez los dos las llevan. Pero el viste un traje otra vez como cuando estaba enfermo. No hay pulseras de cuero ni cabello largo. No hay esposas. Sólo besos húmedos y genitales húmedos que se buscan hasta la más profunda desesperación en ese ansía por traspasar todas las fronteras que imponen los límites del cuerpo. Y emociones también muy húmedas que nunca son huecas porque cuando caminan por la calle después y él la toma de la mano Ella, entonces, sigue sintiéndolas. Los dos siguen sintiéndolas. En el sueño S. por fin está segura de eso.

Él le dice que sólo ha viajado en el sueño para unirse a Ella, porque ella lo necesitaba. Es una ceremonia, un compromiso. Un matrimonio que no es como esos casamientos corrientes. El sentimiento es yo te desposo porque eres importante para mí, porque tus sentimientos lo son. Y aunque mañana mismo tenga que volver a irme.. voy a dejarte, en esta casa, con los míos porque a partir de ahora tú ya eres parte de mi familia, y sabes que volveré aquí por ti, porque me Deseas.

Y estaba su madre. Estaban sus hermanos. Y no había ninguna vergüenza. El hombre primero no se avergonzaba de ella. No la ocultaba. La Acogía.

Entonces S. devolvió el cuarzo ahumado y con rutilo a la cajita de madera en que lo guarda casi desde que lo tiene. Una triángular en la que conserva algo de María desde hace muchos meses para los tiempos de escasez por si llegaban… tal vez empezando a pensar un poco como una hormiga laboriosa. Ese cuarzo no sale nunca de casa y por eso no es necesario que se bañe en su fuente. Es el cuarzo que simboliza lo que desea para su nueva vida y en cierto sentido lo que el cristal eligió por ella. El que desde entonces utiliza para concentrarse en lo que estudia y que … el que se pondrá un día a finales de diciembre para encontrarse de nuevo con ese primer hombre que la hace tan inmensamente feliz en sus sólo aquí y ahora, y también en los interminables ‘aquís y ahoras’ solitarios de ella. S. ama a ese hombre y no sólo es que lo desee profundamente. Porque lo admira más pero de otra manera más humana, porque lo respeta cada día más y no menos, porque va creyendo y confiando en él poco a poco y porque siente que aunque nunca le resulte fácil acaba por Entenderle.. porque a veces es necesario encontrarse con otros espejos para descubrir lo grande que es todo eso que pensábamos que se nos quedaba tan estrecho.

– Ven, llévame a volar, Amor.

– No, hazme caso, Ven y sientate tú sobre mis caderas.

Entonces Ella algo contrariada se subió sobre él y sintió, sí, que sólo montaba un hombre, primero, y que follaban, y que luego con aquel movimiento de locura de él clavándose en el sexo de ella fue un galope desbocado por una sábana enfebrecida y por un sol naranja que devastaba esa tierra y luego, no se cómo todavía, ella se volvió pájaro que agitaba sus mágníficas y poderosas alas llevándoselo incluso a él entre sus piernas.

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