– ENIG_MaTORIO – v-

septiembre 27, 2006

 

<< Un día murió uno de los jefes de la expedición vikinga… Mientras esto sucedía la esclava que debía morir visitaba a los diversos jefes del campamento y se unía sexualmente con ellos, que, cuando terminaban la agradable ceremonia, le decían: ‘Di a tu amo que lo hemos hecho por amor a él.’…Y la tercera: ‘He aquí que veo a mi amo sentado en el paraíso y el paraíso es hermoso y verde. Con él hay hombres y muchachas y me llama. Llevadme hacia él’ >>

CARLOS FISAS,

‘Intimidades de la Historia’

 

vikings

 

– Vikings –

Me gusta la paz y la violencia. Ese oximoron emocional que se ha conjugado hoy para mí con su correo. Le cuento, como me dijo que no me diera apuro… Quien está dispuesto a Sentir y a Encontrar puede llegar a exprimir mucho jugo de casi cualquier fruto, de un poema como ese, de un canto general compuesto en la clandestinidad de un exilio, de un silencio. Y pienso en la leche de almendras dulces que había que mezclar antes con agua para beberse como si fuera una bebida de hidromiel, con esa imaginación en la cabeza. La culpa la tenían las películas de vikingos. Y también en la avellana, tan dura y tan sobrosa luego, cuando alguien que te quería te las desnudaba de su coraza recia con cariño. O en las sámaras del bosque y aunque me muera por las moras. ¿Las ha triturado usted de pequeño?

Yo tuve una infancia feliz en mi mitad del mundo. La otra no era mi mitad. Era la mitad de la violencia. De todas formas a mis padres les quería. Con todo aquel caos y aquellas torturas. Aunque lo peor eran los gritos. Pero luego estaba ese cuarto del fondo, la habitación de mis abuelos y también la calle.

La calle que en mi infancia eran prados todavía. Y los bardiales repletos de moras. Entonces una tarde nos dedicábamos a recolectarlas, y también nos poníamos literalmente morados en el asunto. Pero luego alguien más grande decía, o más listo: ‘basta ya, que si os las coméis no tendremos para el néctar del festín’. Medio litro de agua para cada uno, un palo siempre un palo de madera y kilos de azúcar…

Friedrich combinado

Me gusta la paz que me transporta mientras la música de ese oratorio de Theodorakis.. yo diría que me acuna porque casi me recuerda a una nana que tampoco lo era y que mi abuelo me cantaba de niña para que me durmiera y
dejara de tenerle miedo a la oscuridad. Mariñana, Mariñana, rosina del alma mía… Ahora aplausos. Ahora los oigo. Y un silbido. Me gustan los bucles de algunas canciones…

Y la violencia porque Neruda la utiliza cuando dice: ‘Yo no voy a morirme’. Y no existe mayor exponente de rebelión, mayor violencia. Pizarnik lo dijo de otra manera:

‘La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos’.

Y sin embargo Pizarnik no resistió. Probablemente le faltaba algo o le sobraba. La conciencia social de un pueblo que se convierte en una lucha más allá del ámbito de lo que sólo es uno o los espejos, demasiados espejos en su morada interior, demasiados para una mujer sola con tantas voces dentro.

espejo y escalera

Sin embargo cuando hay días llenos de volcanes y multitudes que esperan, cuando hay horcas y pistoleros, desvergüenzas y detenidos… toda esa violencia… Entonces pensé en que yo me crié también escuchando cantar a Jara, crecí con aquel Manuel que trabajaba en la fábrica… recordando a Amanda… la sonrisa ancha, la lluvia en el pelo, no importaba nada, ibas a encontrarte con él. ¿Y usted? ¿se acuerda? La vida es eterna en cinco minutos.


Esos mismos cinco minutos que a ella la hacían florecer … pero en los que Manuel no volvió. Y es que ese aquí me quedo con palabras y pueblos y caminos que me esperan de nuevo, y que golpean con manos consteladas en mi
puerta… suena a despedida, querido profesor. O por lo menos me sabe a ambigüedad. Y entonces me digo: ¿ves lo que te sucede por desvergonzada? ¿a quién podría ocurrírsele desnudarse en un pasillo oscuro? ¿Y enviarle monólogos kilométricos, en minutos, a un extraño que tiene la vida tan ocupada?

desnudo

De todas formas, yo también soy de las que nunca saben cuánto se quedan. La prefiero solo por Milanés pero …

el cartero de neruda

Me gustó Neruda en la obra de Skármeta.Quiero decir en la película que se basó en ese libro. Y ese poema que me envió hoy, creo que lo compuso precisamente en esa época. No sé si la vió. Pero hay un instante mágico, de los muchos mágicos que encontré en esa cinta, en que el poeta le enseña al cartero, a construir metáforas. ¿Cómo son las redes? -le pregunta. Ante lo cual Mario, pensando en su padre y en la vida que le dio el mar, dice: las redes son tristes.

Voy a soplar la luz de la vela que está aquí a mi lado para apagarla. Y también apagar ese incienso que está a su lado para irme a la cama. Hoy tenía que escribir otras cosas y contestar otros correos y sin embargo, me apetecía más su inspiración. Al final del día me trajo más paz. Gracias por eso. Sonrío

Y un Beso (lo más triste de esta red es que los besos auténticos no pueden escribirse, ¿verdad?) y un poema de Chantal Maillard, a quien tal vez no conozca, tampoco, todavía …

ruinas_incas_y_titicaca.

HEME AQUÍ RAÍZ…

Heme aquí raíz,
savia de impulsos ascendentes,
madre aún,
posible siempre,
anticipada gestación
de un porvenir intruso,
intrusa de un presente
que desestima
el valor de nacer
a sí mismo de nuevo.
Heme aquí clavando
mis ojos
de savia encarcelada
en los troncos vacíos de los árboles
muertos,
heme aquí creyendo,
queriendo creer
en la impostura de las ruinas,
en el candor del desastre,
el valor de lo opaco,
la calidez del humo en los rescoldos.
Heme aquí,
heme aquí,
he aquí que me atrevo
a creer en las ruinas.

¡Me atrevo a creer en las ruinas!

De “Conjuros”, 2001

One Response to “– ENIG_MaTORIO – v-”

  1. lasalamandra Says:

    “Yo no voy a morirme. Salgo ahora,
    en este día lleno de volcanes,
    hacia la multitud, hacia la vida.
    Aquí dejo arregladas estas cosas,
    hoy que los pistoleros se pasean
    con la cultura occidental en brazos,
    con las manos que matan en España,
    y las horcas que oscilan en Atenas,
    y la deshonra que gobierna Chile,
    y paro de contar.
    Aquí me quedo,
    con palabras y pueblos y caminos
    que me esperan de nuevo, y que golpean
    con las manos consteladas en mi puerta.”

    P. Neruda, 1949.

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