Carl Sagan dijo:

octubre 10, 2006

los enamorados del tarot Universal Dali

 

“A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no.
En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa”.

 

Hace un par de semanas un hombre se puso en contacto conmigo. En principio me pareció una historia similar a otras, que ya conocía, con las que ya había trabajado.. No lo era. El hombre me hablaba de su caso como de un reto. Nos encontramos la semana pasada y entró en detalles. Demasiados detalles. Me abrasó con fechas, encuentros, sensaciones pasadas y futuras, obstáculos insalvables… Pero la historia que me contó tenía ciertamente algo de Reto. Ahora trabajo en ello. Una mujer uruguaya atrapada por una red de prostitución en Italia. ¿El motivo? Comprar una casa para su madre, como la María de los ‘Once Minutos’ de Pablo Coelho. Su cuarzo es una hermosa amatista engarzada que él eligió… Creo que no pierdo nada por intentarlo. Quizás yo también esté buscando Respuestas. Mi cuarzo último desde ayer ya no saldrá de esta casa. Temería perderlo con todo lo que Sabe y que yo creo que guarda dentro. María me dio una pista a tener muy en cuenta cuando me habló de los estudios de Masaru Emoto: Mensajes del agua.

Pero lo que hoy dejo aquí es una transcripción de una grabación de hace unos diez días. El tarot que tenía delante era el Universal de Dali. Levanté sólo tres cartas. Los Enamorados, a la que no sé por qué llamé los Amantes esa madrugada. Pero esa no la levanté. Se escondió en la caja y por eso no me quedó más remedio que verla. Luego el As de bastos. Ahí comenzó el ritual que S. me pidió que realizara. Luego sólo llegué a levantar el arcano número dos del mismo palo… y permanecí por un espacio cercano a las hora y media frente a esa ”tirada”. Empapándome de ella. De sus Mensajes. Del puro Sentimiento que me empapaba. ¿Sentir es lo contrario de Pensar?

”’… Viajamos o Viajo… ¿Hay algún bosque en Madrid? ¿O te quedas con mi experiencia del Miedo?

… vivimos el miedo hasta que temblemos mucho. Primero reímos y luego temblamos y luego tú acuérdate que luego nos tenemos que volver a Reír… Quiero morirme de miedo a tu lado, contigo. Quiero sentirte temblar a mi lado. Quiero que te refugies en mí. Porque acuérdate de una cosa, ¿vale? Algo que es muy importante… Cuanto más Amor nos demos en ese momento… (como aquel día, ya sabes)… más seguros estaremos. Más a salvo del miedo. El Miedo y el Amor son todo lo contrario. No, la gente piensa que lo contrario del Amor es el Odio, o la indiferencia pero qué va, lo contrario del Amor es el Miedo… (risas felices de descubrimiento) … Es el Miedo…

Un refugio de hambre y de sed de aire. Fíjate todo, todo, todo, lo que protegía aquella burbuja. Yo me asusté en aquel momento, ¿te acuerdas? Te dije que si miraba afuera, te hablo de la primera vez, me asustaba… me mareaba y era un mareo … era el mareo del pánico… pero cerraba los ojos o me metía por ti… y cuanto más te besaba… cuanto más te besaba… mejor me sentía… Y no nos amábamos… (de nuevo risas felices) … ni estábamos enamorados el uno del otro, ni nada así… Dime tú lo qué era aquello… Aquello no lo produjo el Amor, que no podía existir… Lo produjo… lo a gusto que estábamos el uno con el otro… (más risas felices) … Lo a gusto que estábamos allí los dos. Eso no es el Amor pero … a lo mejor sí lo es. Porque era lo contrario del miedo. Era la risa, era el éxtasis. Era … el Placer. Pues eso, si no podemos hacer un refugio de Amor, hacemos un refugio de placer, y seguro que así se nos olvida el miedo… ”’

Kasandra nació con una marca impresa en sus genes. Kasandra es una mujer Aventura.

Y ayer a la mañana.

Radiante mañana de ‘visiones esclarecedoras’, de interesantes posibilidades venideras y relacionadas con el tacto y con ‘la zurda’ … Contenta por haber situado a alguien, a un hombre conveniente en su lugar conveniente, dispuesta a facilitarle unas nuevas coordenadas donde recolocar su deseo y que no eran yo… Después de haber escrito sobre los bosques y los incendios con esa luz meridiana de las confidencias armadas de proyectiles brutalmente francos, porque una ya se sintió demasiado geóloga herida, demasiado devastada en aquellas eras arcaicas, paleontóloga pleistocena, queriendo sólo asegurarme del aire, queriendo seguir respirando por los pulmones de este planeta… a salvo de nuevos agujeros hostiles en la capa de ozono, después de haber enviado un mensaje a ese chico del as de bastos hablándole otra vez de si mismo, mirándo mucho más allá de su contento y de su comodidad, a la nube cerrada de su ombligo (referencia esta a Saramago, de nuevo), de que eso que tenía entre su pico iba a ser sólo una paloma… no la paz. La señal de que se rompió la tregua de las esperanzas… el pacto con el veneno de los celos… parto de una terraza y todos los hombres se giran para mirarme. Ya el siciliano, con una sonrisa agradablemente sorprendida, me había dicho cuando llegué que me encontraba especialmente guapa. Entonces cuando doblo la esquina sobre mis pies escucho:

– Mira, esa sí que es una mujer para una Aventura.

Claro, me digo. ¿Ni que hubieras intuido mi esencia? Pero el problema siguen siendo los hombres, ese bien tan escaso que la Aventura piense que ‘después de todo’ merece la pena.

Entonces me la tropiezo a ella en una callejuela olvidada a la sombra de unos chopos y de un edificio nuevo, a esa bibliotecaria que me presta atención cuando me equivoco y la requiero y busco a autores portugueses en anaqueles con letras españolas tan esquivas como esas, a aquella hermana gemela de un monje… que ya no va a ser tan disciplente porque en la calle no desempeña ningún oficio de encomienda. Gafas oscuras en las manos. Yo no las llevo a pesar del taladro del sol del que provengo. Y nos miramos a los ojos. Ella espera. Pero yo espero más. Al final cuando nos cruzamos gana la hermana y decide ponerse las gafas oscuras, como si fuera Agnes y no me saluda. Y yo pienso que tanto me da que me da lo mismo quien quiera ser o quien no sea. Soy difícil de preveer cuando se espera por un movimiento mío. Como si yo hiciera otra cosa que Esperar. Sobre los escaques y por extensión el tablero de la tierra prefiero sentir que estoy jugando siempre con negras.

Y una cosa curiosa. Cuando escribía esa última línea sonó mi teléfono. Esta vez era mi madre preparándome para que escuchase a mi padre con paciencia. Él quería un favor, que le ayudase con un truco. Al final el truco consistía en retarlo a jugar una pequeña partida de ajedrez. Desde la infancia, que me enseñó a mover las piezas, que no haciamos eso. Ríndete. No, dame jaque. Pero Kasandra eres tan mala que vamos a estar horas con esto. Oye, cuelga ya, le escuchaba divertida decir a mi madre (o sea mi madre no lo estaba, claro). Pero qué no puedo, que no se deja, que tu hija está pensando. Pues gracias por hacerme pensar papá, aunque tú eso ya lo sabes, ¿no? Te quiero.

Y muchos besos.

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