desahogo

octubre 17, 2006

impotencia

Es sólo eso, un desahogo. Mejor no lo leas

Salí de aquella casa dando gritos de impotencia y cerrando la puerta de golpe. No sabía con quién enfadarme. Sabía que era imposible enfadarme con quién debía. Sabía que quería darle a Ella un masaje en su espalda maltrecha y dejarla llorar sus lágrimas. Me horroricé cuando la palpé. No sé por qué no entienden que los médicos están para algo. Precisamente para eso. No sé por qué les caben tan pocas cosas sensatas en la cabeza y se avergüenzan de lo poco que uno no se debe avergonzar: de la fragilidad del cuerpo. Pero acabé llorando yo pero más tarde, al teléfono en otro banco, al sereno del calor, muy preocupada, al oído de mi madre, rogándole que la llevara al médico. Y gritándole precisamente a Ella, antes, antes de irme, cuando decía: ‘no, no, no’. Gritando por no llorar. De profunda rabia, amenazándola con no regresar porque me duele en el alma que me cuente esas caídas donde yo nunca estoy y nunca puedo hacer ya nada. No sé por qué tuve que sacar el frasco de aceite de masaje de casa. No sé por qué tuve que irritarme tanto con aquella mujer que se atrevió a apartar mi bolsa y luego arrojarla al suelo en un gesto no contenido de agresión. No sé por qué no supe en el primer banco sólo escuchar a O. y callarme. ¿Y a mí qué tiene que importarme su terapia y que se engañe? ¿qué viaje hacia atrás en pensamientos y conductas circulares y que se olvide tan fácil de la que iba a ser? No sé por qué me asustó tanto que el frasco con el aceite de masaje estuviera roto en mi bolsa cuando fui a buscarlo. Tardé en recordar que yo había arrojado esa bolsa al suelo en un gesto contenido de agresión. No sé por qué tuve que interpretarlo como una señal de que iba a perderla pronto. No sé por qué si tengo tanto miedo a perderla no la abracé frágil en vez de sentirme impotente. Aunque sé que al principio lo hice. Fue luego, cuando me encontré con los cristales en las manos, cuando dejé de sentir y comencé a pensar sólo en echar a correr. En huir de la muerte que terminará llevándosela en uno de esos golpes de un día sí y otro no, que ella se esfuerza en contarme con todo detalle sin comprender lo que me hace sufrir. El miedo es terrible. El miedo nos aleja de lo que más queremos por temor a su pérdida.

Luego ya era tarde para regresar arrepentida a pedirle perdón aunque no lo era. Hubiera estado bien. Y pensé en las despedidas y me dije: Pues si se muere antes de que la vea me jodo pero no se puede vivir así. Aceptando la negación.

Iba tan nublada, que cuando me crucé con aquel hombre en el estrecho paso y me llamó por mi nombre ni siquiera le reconocí si no fue por la voz.

Me puse a contarle la verdad a él de lo que me pasaba en ese minuto, que estaba disgustada, que me había disgustado mucho, que no entendía por qué nadie me avisó, ¿qué clase de mundo es éste? La última vez hablamos… hablamos de nosotros, de cuando yo tenía 16 años y estaba muy enamorada de él y él no tuvo valor a salir conmigo porque yo sólo era la bruja, la rara.

Ese día de hace unos meses él me confesó que siempre le había gustado mucho y yo ya que era muy tarde. Se nos pasó el arroz, le dije. No sé, quizás fui cruel.

Habían pasado 22 años. Y a partir de ahí le evité porque sabía que él me buscaba. Y yo, yo, yo me sentía tan distante de aquella jovencita que fui… tan distante como tú de mí.

¿Pero por qué nunca aprendemos a decir el amor en el acto?

Eso me pregunto ahora.

Pero no después de que él me mira y siente deseos de abrazarme. Es de esos momentos en que suceden las cosas. Entonces sólo le digo que está muy guapo; es cierto, no tan deshecho humano como aquella última vez, pero me doy media vuelta y me voy. No deseo sus abrazos. Sólo me detuve por no volver a ser tan desagradable con él.

Y cada vez me voy distanciando más de Ella. Y tampoco sé cómo evitarlo.

Si no me crispara los nervios con su forma exasperante de ser cada vez que la veo.

Pero siempre lo ha hecho, porque Ella siempre ha sido así. Nada apacible. Carne de caídas desde que tengo uso de razón. Parece que siempre las ha buscado.

Hubo un tiempo en que no vivía pensando en sus caídas. Luego aprendí a desvincularme y me desvinculé.

Te quiero, te quiero mucho, pero no te quiero así.

Odio los mundos de silencio.

Y pienso en las Cycladas. Y eso tampoco puedo evitarlo. Es…

¿De verdad crees que soy la ostia bendita?

¿También, ahora, aquí? Pues hagamos que revienten los pilares de la tierra.

Quiero follar como un grito. Hoy quiero follar así.

Desde la más profunda desesperación.

¿La imagen? Es un secreto. Estoy en esas nubes y en las olas del mar. Y él podrías ser tú.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s