antiguo testamento o testamento de amor

octubre 18, 2006

Robert Mapplethorpe

Sé que Vie estará impaciente, lo sé, lo sé. Pero lo primero soy yo. Antes de los actos mágicos, siempre antes, está la realidad y está el verdadero Afecto.

Mi profundo disgusto cesó ayer. Pero antes de ayer y de hablar de lo de ayer… ya está el hoy.

La llevé a Ella a su doctora. A él, por supuesto ya sabía que no le encontraría allí. Se quedó en el paro otra vez. Suspendió unos exámenes y la baja por enfermedad dicen que le sirvió de excusa. Además sus nuevas circunstancias incluyen una reciente separación. Yo intuía que su mujer se había cansado tanto como yo me cansé de ese lado tan impresentable suyo y le había dado, doctamente, el pasaporte antes de mudarse al chalecito adosado de las afueras al que estaba previsto que se mudaran a finales de mes. Me alegré por ese hombre que ya no era nada para mí, porque estaba segura de que él tenía una amante (otra más y otra… nosotros nunca lo fuimos), y por fin podría dejar su triste vida de sólo apariencias y dedicarse a ser un alguien un poco más feliz. No sé, pero sentí que me había desengañado a tiempo de llegar a cometer un error imperdonable. Y la quiebra ocurrió una noche de últimos de agosto. Después de un concierto de Ana Torroja. Él deslizó su mirada al cuarzo transparente que mostraba sobre mis senos y en ese deje que en aquel instante no supe interpretar le destapé. Lo que mi cuarzo supo y me contó a la tarde siguiente no me permitiría volver a creer en él.

Y cuando Ella y yo llegamos renqueando hasta el final del pasillo… la única silla libre era una que estaba pegada al lado de su otro Hombre. Hombro con hombro. Lo que son las coincidencias. Esa magia de las coincidencias. Mi abuela se apasionó por ese anciano porque él comenzó a mirarla desde la desolación de aquella ventana donde ella, subida a una siella, tendía la ropa cuando tenía 23. Mi abuela estaba casada con mi abuelo, se habían separado, él la había seducido de nuevo y ya había nacido su segundo hijo. El mundo para esa mujer amargada se volvió excitante entonces. A mí me lo confesó hace como unos trece o quince años. Cuando las dos nos apoyamos necesariamente la una en la otra y nos embarcamos en el uroboros de nuestra transoceánica complicidad mucho más allá de lo que permiten los finisterres de los lícitos lazos de la sangre. Nunca llegaron a hablarse pero no hace ni unos meses que mis ojos observaron el temblor de sus manos al dirigir su vista a la puerta por la que aparecía inesperadamente Ella. Aunque mi abuela asegura que por quién él tiembla ahora es por mí. Da igual. No importa. Él se turba. Lleva más de 50 años de los de antes turbándose y perturbándole la razón. ¿Somos legados los hijos y los nietos de lo que pudo haber sido sublime y no lo fue?

En el caso del hombre que tenía una hija que yo amaba fue así. Quise a Avellaneda hasta la médula porque le habría dado mi vida y no miento, si hubiera sido necesario por todo lo que no podía entregarle a él.

¿Y por qué ese romance cortés no habría de ser lo mismo? Yo no me enfado con el antiguo hombre gallardo. Y si entendiera que él está viendo en mí otra cosa que no fuese un retrato de mi abuela cuando era aún una mujer muy seductora sería exactamente así. Le detestaría hasta el alma. Pero cuando ese hombre me indaga, lo único que yo siento que busca en mi mirada es el testimonio silente de lo especial que él y las bodas doradas de ese ardiente deseo profesado fueron para Ella y ahora son para mí. Y si me mirara a los labios o a mis curvas nunca sería así. Entiendo que lo sagrado está a salvo de profanación, que el amor no fue violado.

El oscuro secreto lo guarda ahora el cuarzo de O. El mismo que anoche durmió con Ella. Otro cuarzo que Eligió en última instancia a quién desea Pertenecer. La Magia de las piedras…

Ayer le presenté a mi abuela a quien ahora soy. Y hoy le expliqué que sencillamente habíamos encontrado otra manera distinta de relacionarnos. Una nueva evolución en nuestra constante relación. Habrá más paz y más caricias. Más silencio y menos sigilo. Más ternura y menos vergüenza. Más libertad para recibir lo Mejor que cada una puede darle a la otra. Nuestro cariño sin fronteras y nuestra mutua compañía tan alejada de toda forma humana de soledad.

Pero aunque quisiera hablar de todo lo que sucedió ayer. Hoy ya sólo tengo tiempo de salir corriendo por la puerta otra vez. Y eso es lo inamovible de hoy.

Un beso.

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