El relato de Vie, la acariciadora de elefantes.

octubre 23, 2006

etérea y delicada como la propia Vie

… o la tercera parte de algo que no tiene título ni principio ni fin ni final.

Ayer a la noche recibo por fin el trabajo de Vie y leo ese relato con interés. Siempre me han interesado mucho las distintas maneras en que dos perciben la misma experiencia (y también lo que aporta el mero observador). Y por otro lado cuento con la versión que yo le di de los hechos a la mañana siguiente a mi amiga O. y todavía ”híper-excitada” por lo ocurrido. Yo diría que exultante pero ya en mi estado organizado de conciencia habitual. Soy un individuo muy preciso, yo diría que hasta exasperante por mi fidelidad al detalle, al matiz. La mayoría de las narrativas que he escrito las han leído y analizado conmigo los mismos protagonistas que las vivieron a mi lado. La mayoría de las veces se me dice: es increíble, es como si tuvieras una grabadora de video en tu cabeza. Y una vez alguien me dijo: parece extraño pero cuando comprendes.. te das cuenta de que lo único que haces es tirar de esos hilos para pelar el plátano. No sé, me gustó la metáfora. Me dio normalidad, naturalidad. Y da igual que hubiese tomado alcohol y que en apariencia estuviera muy borracha. Ahora recuerdo alguna al mencionar este dato. Y no hablo de magia, si no de vivir, como vivimos todos alguna vez. La única explicación que le encuentro a esto es que cuando no estoy frente a este teclado donde estoy es al mil por mil de lo que registran y me informan todos mis sentidos. Miro, veo, toco, huelo, escucho, oigo, siento, saboreo, sé, desconozco, me pregunto. Soy muy Intensa. Creo que es la mejor definición de mi misma. Nunca la que me he dado yo. Sólo la que recibo de las personas que me tratan cuando se me conoce, sobre todo la primera vez. Dicen que resulto extenuante. Y puedo garantizar que a mí cualquier tipo de contacto me resulta así: extenuante. Por eso es tan importante para mí alejarme después de todo, introvertir y buscar mis espacios íntimos y mi soledad. Es ahí dónde asimilo todo lo experimentado. Donde siembro mis semillas y recolecto los frutos de nuevos Encuentros. Nuevos modos y vías de comunicación. Mi propio proceso de crecimiento…

Sobre eso del no olvidar lo dicho o escuchado… me gustó aquella declaración del escritor Truman Capote, en la película que lleva su mismo nombre. Aseguraba que podía recordar de forma textual un porcentaje altísimo, casi inconcebible, de cualquier conversación.

Así que haremos una cosa. Publicaré tal como me la remitió Vie su aportación y luego yo volveré sobre ella y reconstruiré en lo posible aquella noche. De mano ya digo que lo que solicité de ella no aparece en ningún párrafo de esta descripción. Quizás como le escribí luego de recibirlo a la propia Vie sea porque ella experimenta el mismo tipo de bloqueo de energías con el que yo me encontré o quizás sea porque a lo doloroso y a lo que no es bello algunas personas no soportamos enfrentarnos. No lo sé. Pero lo que sí sé es que yo no suelo tenerle ningún miedo a esa cruda parte. Y que es la parte inevitable y necesaria para cerrar esas puertas a la oscuridad de lo humano, de las que aquí van hablarse y todavía no se habla…

Venga, os dejo de momento con Vie y me interesan vuestras primeras impresiones como meros observadores. Como siempre la direción de e-mail kasandraorama@gmail.com sigue abierta a vuestros comentarios si es que no os apetece dejar éstas a la vista de los demás. Buenos días :)

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Era una tarde cualquiera de otoño. Me dispuse a revisar mi bitácora como lo hago determinado tiempo por la tarde. Ese día recibí un mail de Kasandra preguntando sí podría entrar al skype; inmediatamente le envié un mail confirmándole que en un momento más lo hacía. Paso aproximadamente dos minutos cuando estaba frente al ordenador y el skype, en cuestión de segundos conecte el micrófono y ahí estábamos escuchándonos voz con voz; fue casi mágico ese momento las energías se encontraron y se reconocieron, fluir sin un fin más que fluir. Nos saludamos y realizamos las presentaciones que el momento lo solicitaba.Posterior me sugirió una serie de instrucciones a seguir:

-Kasandra: ¿Tienes incienso, cuarzo y una vela blanca?
-Vie: Sí, tengo cuarzo, incienso, la vela es verde ¿sirve?
-Kasandra: Sí, puedes utilizarla. Ahora escucha bien lo que harás, prende el incienso y la vela, a continuación has una “casita” con el incienso (juntar las manos y acumular el humo dentro de ellas y con este humo el cuarzo dentro de las manos para “limpiarlo”) en lo que yo me preparo ¿correcto?
-Vie: Bien lo haré.

Ya realizado el ritual anterior, me senté frente al ordenador y me dispuse a estar atenta a las indicaciones de Kasandra, (debo reconocer que estaba impaciente por lo que pasaría), empezaron a fluir las energías, el viento sopla más fuerte, se escuchan el sonar de las geodas que cuelgan de las ventanas de la casa, su sonido es casi mágico, te lleva, te transportan; ellos también están listos ¿quiénes ellos? pues los seres de Luz, que nos guían, nos acompañan y nos protegen.

¿Saben? Es curioso, en este preciso momento al redactar está experiencia los siento también muy cerca.

Kasandra me explica que conectaremos con el tercer ojo y que debo seguirla, también me indica que no podrá grabar la sección que esa noche para ella, tarde para mí; que debo estar atenta a todo lo que pase, ya que el registro de mi memoria es de lo que dependemos, ya que ella entrara en un trance y que bajo ningún motivo debo distraerla, sólo me guiara y yo debo hacer el resto. Debo confesar que me entra un nerviosismo mayor de lo habitual, pero ahí estoy lista para llevarlo acabo.

-Kasandra: Ahora colócate el cuarzo en el tercer ojo ¿ya lo tienes?
-Vie: Sí, ya está.
-Kasandra: Ahora concentrare y cierra los ojos, abre tus canales.

En ese momento me dejo guiar por ella, trato de mantener la mente en blanco, se requiere de mucha concentración para hacerlo, y tomando en cuenta que es una hora por la tarde acá en mi país, y que cualquier cosa puede ocurrir.

-Kasandra: ahora imagínate que estás en un bosque que entras en el, mucho follaje, árboles y a lo lejos hay una cabaña y vas a entrar a la cabaña.
-Vie: si ya estoy, en el bosque.

El bosque tiene colores calidos que impresionan por su gama, se escuchan el viento y las hojas de los árboles, a mi paso se escucha el crujir de las hojas y ahí está la cabaña, circular color paja un amarillo muy pálido, su cubierta es como la de un cono invertido, me pide que entre, lo cual me freno y lo pienso dos veces, me vuelve a pedir que entre. Lo hago con temor y ahí logro ver la sombra de un hombre, Kasandra me interrumpe.

-Kasandra: ¿Lo miras? Es él, pero míralo bien tiene lepra, tócalo, intenta tocarlo.

Yo lo dudo, estoy dudosa, ¿hacerlo o no? Mis miedos e inseguridades propias de ese momento me atrapan, no sé que hacer.
-Kasandra me dice: ¿tú tocarías a un hombre lleno de lepra? Dime Vie ¿lo harías? Míralo bien está lleno de lepra, sus llagas en todo el cuerpo, observa la imagen es grotesca.
-Vie: Le dije no. con una voz muy tímida.
-Kasandra: ¿dime que no lo harás? Ese hombre lleno de lepra te quiere tocar, quiero decirte algo tú no eres médico, ni estás para salvar a nadie, así que vete y déjalo y apártate sal de la cabaña, vamos mujer sólo hazlo. Te está tocando, aléjate, vamos sólo hazlo.

Y eso hice, salí corriendo, desesperada y el hombre atrás de mi siguiéndome queriéndome alcanzar, corrí como en mi vida lo había hecho, corrí como un animal herido, llorando desesperada, pero a medida de que corría me despojaba de mis miedos, de ese miedo que me tenía atrapada, presa de mi, y me iba acercando a una cascada y sentía la brisa del agua que enjugaba mis lágrimas de agua salada y junto con ella me despojaba de mi ropa, me estorbaba, no la necesitaba, el bosque concluía para dar paso a esa cascada de agua cristalina me invitaba a saltar, me detuve desnuda con el rostro mirando al sol, un sol que por primera ocasión no lastimaba mis ojos cafés, titubeé por un momento en voltear hacia atrás, más no lo hice, simplemente salte a la cascada.

El agua es mi elemento, la paz la encuentro justo ahí, soy un ser de agua, las espuma que produce la cascada bordeo mi cuerpo, me sentí libre, por primera vez en mucho tiempo, empecé a nadar hacia la orilla, ya ahí, me di paso a un camino que conducía a la playa, la arena de tonos claros y brillantes envolvían mi cuerpo, y ahí estaba con el cielo más azul que mis ojos han podido observar en toda mi vida, y el mar azul de un color intenso como joyas en el firmamento, me detuve a contemplar la naturaleza que me rodeaba y era parte de mi, me senté en flor de loto a meditar y a disfrutar de esa paz que me había sido arrebatada.

Probablemente no lo crean pero justo cuando termine de escribir mi experiencia las geodas colgantes de mi recamara dejaron de sonar.

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De ti depende encontrar las partes anteriores de este relato

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