¿y tú crees en los milagros?

octubre 30, 2006

Friedrich

Estoy follando con Trier desde hace unos minutos, y a la dulce y emocional Bess de su ‘Breaking the waves’ aún le falta mucho para hacer repiquetear en el cielo sus campanas.

Hay una tradición que dice que no se debe ver al novio vestida en traje nupcial antes de la ceremonia. Y he leído por ahí que en la India se creía que si eso sucedía el matrimonio sería una pesadilla. Así que si el novio sospechaba que la novia andaba cerca.. debía cubrirse los ojos para no verla en su saris rosados o rojos. Pero al trabajador de la plataforma petrolífera, Jan, no le da tiempo a hacerlo cuando desciende del helicóptero y a esa Bess furiosa de puños y besos el viento le mueve el vestido blanco y el tul del velo.

¿Qué distancia crees tú qué hay entre la tradición y la superstición?

¿Y las campanas? -pregunta un forastero. Nuestra iglesia no tiene campanas, responde un viejo que alguna vez dijo: ¿podrías nombrarnos algo auténticamente valioso que nos hayan aportado los forasteros?

– Su música -dijo Bess sonriendo alegre como un niña que sabe que se conoce la respuesta al acertijo de una esfinge deslenguada y fea.

– ¡Qué aburridos! -dijo el forastero.

Un baile ebrio de felicidad, un combate de puños desarmados en la mesa. Una lata de cerveza, las coordenadas del comienzo… un erupto y otro reto. Cristales y sangre en la mano o no recuerdo si tal vez entre los dedos.

Su espíritu: darlo todo.

Un baño rojo. ¿Estás segura? ¿Qué tengo que hacer? Luego también rojo en el vestido. ¿A qué llamamos virginidad? Bess seguirá siendo pura siempre.

Y me gusta ese Jan tan sexy que se desnuda mientras Bess sonríe. Porque Bess sonríe siempre como yo Te sonrío siempre.

¿Cómo lo has soportado?

Le estaba esperando a él.

¿Te sentirías muy sola? ¿Con quién hablabas?

¡Pobre Bess! Ella misma se lo decía todo. Te prometo que seré muy muy buena.

¡Gracias! ¿Qué has dicho? ¡Gracias! Y luego ronquidos y más gracias que sigue Bess por ellos; aunque en silencio, mientras ese Jan nórdico que la folla como un dios vikingo duerme y ella sigue sonriendo… y algo así también recuerdo yo de ti, ser de otra mitológica condición, mientras roncas con el ronroneo sosegante de un gato y, como un chiquillo, duermes…

¿Qué te hace tan distinta a las demás? Toda mujer de este lugar debe aprender a estar sola, cuando su hombre se marcha a la mar o a las plataformas. Incluso tú debes aprender a soportarlo.

Bess es muy vulnerable nos explica su cuñada. Además nosotros ya sabemos lo de su estancia en el hospital… Sin embargo Jan está convencido de que Bess es más fuerte que todos nosotros. Y que lo único que le pasa es que lo quiere todo.

Todo, Todo, Todo, qué palabra tan repetida. Lo quiero Todo. Dámelo todo. Reúnelos en Uno a todos. Yo te Convoco. Desde mi Espíritu a ti, espíritu, yo te Convoco.

Y me gustaría saber llorar aún el dolor de la separaciones. Como Bess pero en ese sendero del olvido sé que he ganado Algo. Lloro civilizadamente, humanamente cuando me es posible, como una ciudadana imprevista. Como llora el mármol del templo en el angosto pecho de la cariátide. Rompiéndome olas por dentro.

Una de esas cabinas. Todo el mundo dice que te quiero demasiado. Y que si descubres cuánto te quiero.. podrías disgustarte. Porque ahora no estamos juntos.

– No dejes nunca de decir que me quieres, ¿me oyes? No importa lo que digan.

Por eso quizá yo lo digo en cuanto puedo y sin que pueda importarme que tú seas insulinodependiente.

– ¡Dímelo!

– Oigo tu respiración. ¿Tú oyes la mía?

– ¿En qué piensas?

– Imagino que estás aquí.

– ¿Qué haces?

– Te acaricio los brazos… y el pecho… y la tripa… y … (y aquí como yo, lo mismo que yo…) tu polla … (con esa risa tenue que se susurra cómplice en la otra cabeza) … es tan grande. ¿Qué importa que nuestros parajes sean distintos? Mi Norte, tu Meseta.

Un calendario roto. Y ese mar bravío. Y sus aullidos.

Ellos no me importan. Sólo Él me importa.

– ¿Estás segura de qué es lo que quieres? Bess cree que habla con Dios.

Sí. Tráemelo a casa. Y entonces es cuando ocurre esa fuga y ese accidente.

A veces las casualidades nos animan a pensar que nuestro pensamiento mágico está funcionando, que es poderoso, prodigioso y a eso queremos llamarlo magia. Y otras, como en éste caso quizás, sólo tienen el perverso poder de hacernos sentir culpables, de culpabilizarnos. Su reverso. ¡Qué absurdo si lo miro de esa forma! ¿O tú podrías pensar que fue así cómo ocurrió? Estamos hablando de la verdadera magnitud del deseo, ”sus consencuencias”

– Su marido ha sufrido lesiones importantes muy graves. La vida no debería manterse siempre a toda costa. Es el pronunciamiento del doctor en medicina.

Y el de Otro: Yo no soy como tu anterior médico. Yo no administro pastillas a la gente simplemente porque reaccionen de la forma más natural. Quizá en el lugar del que procedes no sea habitual demostrar los sentimientos. Pero lo que tú tienes no es una enfermedad.

Pero Jan es un hombre especial. Reconoce cuál es la situación real de Bess. ¿O cómo dirán luego no era eso?

– Estoy acabado. Podrías tener un amante sin que nadie lo supiera. No puedes divorciarte de mí. Nunca te lo permitirían.

Pero a Bess, mentalmente menos evolucionada, le va a costar encajar esa noción del profundo amor por el Otro.

– ¿De verdad crees que eso es lo que quiero, paralítico?

– Bess, quiero que busques a un hombre y que hagas el amor. Luego quiero que vuelvas aquí y me lo cuentes. Será como si volviéramos a estar juntos. Sólo eso me mantendrá vivo.

Y el hombre que Bess elige se parece a Manuel y se escucha esa canción de Leonard Cohen: Suzanne.

”’Suzanne te lleva abajo, a su sitio junto al río. Tú puedes oír pasar los barcos, puedes pasar la noche junto a ella y sabes que ella está medio loca pero eso es por lo que quieres estar allí. Y ella te ofrece té y naranjas que vinieron todo el camino desde China. Y justo cuando tú quieres decir que no tienes amor que darle ella te sintoniza en su longitud de onda y deja que el río conteste que siempre has sido su amante. Y tú quieres viajar con ella. Y tú quieres viajar ciego. Y tú sabes que ella confiará en ti porque tú has tocado su cuerpo perfecto con tu mente… Ahora Suzanne te toma de la mano y te conduce al río. Ella lleva ropas viejas y adornos de los estantes del Ejército de Salvación. Y el sol se derrama como miel sobre nuestra señora del puerto. Y ella te enseña como mirar entre la basura y las flores. Hay héroes entre las algas. Hay niños en la mañana. Ellos se asoman buscando amor y lo harán así para siempre mientras Suzanne sostenga el espejo. Y tú quieres viajar con ella. Y tú quieres viajar ciego. Y tú sabes que puedes confiar en ella. Porque ha tocado tu cuerpo perfecto con su mente”’

Sí, a Bess le gusta bailar y hacer el amor. Pero él quiere que ella le hable y cuando se la encuentra en la cama… Siguen gustándole las mujeres con cerebro y no sólo esas que están desnudas y se ofrecen sencillas, pintarrajeados sus labios y confusos sus sentimientos.

Yo tampoco me acostaría con Bess, así que esta vez no voy a juzgarle. Es que ya había visto esta escena en otra ocasión. En casa de O. Bueno, ver… lo intentamos porque de aquella su niño pequeño no se paraba ni un minuto quieto. Pero no sé por qué motivo no la entendí igual. Tal vez era mucho menos discriminativa y pensaba que el sexo puede separarse de la mente. Ahora me parece muy triste incluso sólo follar con alguien a quien no respeto ( y entiéndase aquí admiración pero no deslumbramiento porque no tengo ninguna vocación para eso)

Y me resulta tremenda la escena del autobús. Yo creo que eso fue subirse en la parada equivocada. En fin, ella lo intentó. Primero probó suerte con lo que le resultaba apetecible o agradable pero cuando aquello le dio la espalda… y un vómito y unas naúseas que sólo son las que nos anuncia todo lo que habrá de llegar. Pero a la de resultas … María Magdalena no pecó, y que Dios si hace falta tiene mucha manga ancha. ¡Qué extrañas y estupidas convicciones esas del pecado! Sin pecado concebido, que sólo es el nombre de una telenovela mexicana

Me gustaría que a Bess la hubiera pintado Degas en esos intermedios. Lo mismo que a mí, ayer de madrugada subida a esa cama y hablándote solitaria y erótica frente a esa luna reflejante tras el miedo a la llama de la vela.

– Su cabeza está llena de cicatrices. Está drogado hasta las cejas. No sabe lo que dice.

– Bess, debo advertirte que el Señor contempla con ira a los que le fallan.

Pero Bess desde siempre ha estado haciendo unas interpretaciones muy personales de la voz de ese ”Señor”.

– Déjame morir. Estoy mal de la cabeza.

Y Manuel regresa.

– Bess -le dice- creo que te estás implicando en algo que está fuera de tu control.

– De verdad -responde ella sin esperar nada ya de él.

– ¿Es que tú no te das cuenta de que él te está obligando a que te folle todo hijo de vecino y tú no eres así?

– Yo no hago el amor con ellos. Hago el amor con Jan. Y le salvo de la muerte… A veces no tengo que contárselo porque Jan y yo tenemos un contacto espiritual. Dios otorga a cada uno de nosotros una cualidad. Siempre he sido estúpida. Pero soy buena en esto. Dios nos dota a todos con un talento.

– ¿Cuál es el de Jan? -sonríe el médico cauto planeando una estrategia

– Es un gran Amante -dice Bess.

– ¿Y cuál es el mío entonces?

– No lo sé -responde Bess-. ¿Aún no lo has descubierto?

– Entiendo… ¿Y tú para que lo tienes Bess? Porque seguro que no es para que te follen hombres a los que no has visto en tu vida.

– ¡Puedo Creer!

Joder, qué respuesta. Y creo que si ahora ya no tuviera más años… seguiría dándome envidia esa Respuesta.

(esta película me enseñó algo grande en algún momento)

Y lo que son las cosas. El médico la quería. No sé si cuándo la vio sobre aquella cama. Pero luego ya la quería. Eres muy especial -le dijo. Retire sus manos de mí, por favor -contestó Bess dando por sentado que esa era su última Respuesta.

Y quizá también la de Dios. Quizá si él le hubiera hablado antes de que Bess subiera a quel barco… pero guardó silencio. Y nadie creerá a una puta.

– No he entendido lo que ha dicho. ¿Cómo se puede amar a una palabra? No se puede hablar a las palabras. ¿Quién puede enamorarse de una palabra? Se puede amar a otro ser humano. Esa es la perfección.

Bess siempre había deseado hablar en la iglesia. Y nunca comprendió (ni supongo que aceptó) porque las mujeres no podían hacerlo. Ahora está desesperada y se atreve. Viste unas medias de malla con relieves y unos shorts muy cortos de plástico encarnado. Monta con trabajo sobre una bicleta pero porque de momento se escapó de aquella violación brutal empuñando una pistola

– Aquí no hablan las mujeres. Bess McMill, la iglesia de Escocia ha decidido hoy mismo, que de ahora en adelante no volverás a tener acceso a esta casa. Aquellos que te conocen ya no te conocerán. Bess McMill márchate de la casa de Dios.

La maldición desde el púlpito. Y el desgarro del hospital. Se llevan a Bess cogida por los brazos. Van a internarla.

– ¡JAN! ¡JAN! ¿Cómo puedes hacerme esto? -le grita a su cuñada-. Tú también tuviste un marido, cobarde. Podías haberle salvado con tan sólo intentarlo. ¡JAN! ¡JAN!

Es curioso, ¿no? Como el concepto del sacrificio lo contamina todo con su tufo judeo-cristiano.

Pero Bess se escapa… y es insultada y apedreada por unos niños del pueblo. Y aún así la puerta de la casa de su madre permace cerrada. Esa piedad tan presumible con la que se comulga los domingos y fiestas de guardar… no existe para ella. Da igual que grite y que implore perdón. Sólo su cuñada es alguien. Porque alguien somos cuando no admitimos que se nos prohiban las cosas de los principios, de los sentimientos, que se nos regulen. Cuando no acatamos sin más, porque sí. ¡Jo-der No!

– Jan se muere -le dice

– ¿Me lleva al barco grande?

– ¿Otra vez? – insiste el viejo marinero.

Y a tiempo, en extrema unción, como en todas en las fábulas ”hermosas” a Bess le regresa la voz de interior Dios. Y es que no hay droga que enceguezca como esa.

– Bess me pidió que rezara. Por la vida de Jan. Por un milagro.

– Sí, sería un milagro…

No digo que igual que sí a mí un día me diera por quedarme a pasar la segunda noche pero … eso sé que también lo sería …

– Dodo, está oscuro.

No tiene pulso. Apártense.

Y el epílogo. Un puente de un sólo ojo por donde el agua del río de la vida sigue fluyendo hacia un estuario. Y esto es un juicio.

– En las actas de este tribunal… ¿debe figurar que según su diagnóstico la enfermedad que padecía la difunta era bondad? ¿Acaso era éste el defecto psicológico que padecía y que la condujo a la muerte? ¿Eso es lo que debe constar en acta Doctor Richardson?

Y la sorpresa es que Jan está ahí. Con muletas. Caminando. Y no esperábamos desde luego que en ese puto pueblo a Bess fueran hacerle un funeral. Si ya lo dijo Russell en por qué yo no soy cristiano…

Pero tranquilos, que lo que entierran esos bastardos son sólo arenas.

Bess viaja a lomos del mar. En un feretro de madera pálida. Amortajada con sogas y velámenes. Y en el radar no se ve nada. Absolutamente nada. Pero esas inexistentes campanas del cielo están sonando.

Al respecto del tema. Aunque ya sé que no es lo mismo. O bueno tal vez sí. En ‘la hija del caníbal’, ese libro de Rosa Montero, el personaje de Cecilia Roth en la película homonima dice: ‘Si el Cielo existe es sin duda un instante de Sexo que se hace eterno’

Pero y tú, ¿crees en los milagros? Los temas (ideas) en negrita son los que subrayo y que a mi entender me parecen interesantes.

Pensaba poner algo de Turner aquí pero luego me apeteció más quedarme con esa esperanza final de las campanas. Nos las imaginamos sonando, ¿vale? Pero por si tú no puedes hacerlo que sepas que lo que estoy escuchando yo ahora es ‘Ad Libitum’ del Cd2 de Flamenco Chill. Y piensa que allí donde ellos estaban no había tierra. Solo era una plataforma perdida en algún puto punto de la inmensidad de las aguas. Y cómo no… Friedrich, que ya no sé si es mi solitario monje o el tuyo a secas. ¿Te importa si lo compartimos una vez más? Pues eso, que aunque no te llames Jan ni yo Bess… te quiero

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