– Lo Estremecedor –

noviembre 3, 2006

‘Yo no soy un libertador. Los libertadores no existen. La gente se libera a si misma’
– CHE GUEVARA –

 

dave Mckean creo

Partiendo de esa premisa… puedes leer la siguiente entrada o no. Pero yo creo en esa premisa pese a lo que indican las evidencias. Por cierto, no es apta para escépticos radicales.Vie y yo nos escribimos. Le pido que me de unos días para cerrar su historia. Ella me dice que está más tranquila, que poco o nada ya piensa en ese caso. Así que podríamos dejarla así. Entre nosotras. Pero hubo algo más que recuerdo y de lo que aún querré hablar. También de lo que sucedió al día siguiente de esa sesión en su vida…Vie por otro lado me pregunta si me ocurre algo… Dice que me siente como distante. No respondo a su pregunta. Nunca me fuerzo a escribir. Quiero que las personas sepan de mí algo, que cuando reciben noticias mías las reciben porque eso es lo que más me apetece hacer. No porque tenga ninguna obligación de hacerlo.

A Vie, como es tan dulce, me gustaría escribirle pero aquel día no lo hago. Lo postergo.

Hoy le cuento desde aquí que mi vida está bien pero que a veces me siento distante de algunas partes de ella. Por ejemplo de la Kasandra virtual que soy y me entrego sin límites a otras partes de esa misma vida…

El momento es éste… ocurren cosas. No dejan de ocurrir cosas. En mi vida emocional y en mi vida física y espiritual…

Por ejemplo la noche del martes. El miércoles día de difuntos también. Pero más solitarias, más íntimas…

La noche del martes yo tenía algo pendiente. Una especie de limpieza… Los niños de esa casa no estaban en aquel salón. El pequeño dormía y la hija adolescente estaba en su habitación… muy ocupada con un ritual de Halloween, que fabricamos entre las dos para ella. S. deseaba una mascota y yo sabía que O. se lo estaba pensando.

Halloween, all hallow’s eve o víspera de todos los santos, se remonta a hace más de 2500 años. O eso dicen. Cuando el año celta terminaba al final del verano. El ganado que había permanecido en los prados era unificado en los establos y ese día se suponía que los espíritus (las almas eran inmortales para el pueblo celta) volvían a su antiguo hogar a pedirles comida a sus moradores. También se invocaba a Samagin, el señor de la muerte, para consultarle sobre el futuro… Luego esta tradición pagana se mezcló a su vez con los ritos cristianos. Y más tarde cuando los irlandeses emigraron a América introdujeron Halloween ,y la convirtieron en una fiesta del folclore popular donde fueron añadiéndose nuevos y diversos elementos procedentes de otros grupos de inmigrantes; y así fue como esa noche se pobló de fantasmas, brujas, duendes y monstruos de toda condición y especie. Y así llegó a nuestros tiempos, principalmente vía satélite y Disney. Pero en el trasfondo de esas risas y burlas infantiles, de esas preguntas triviales de truco o trato, logro presentir un intento de exorcizar el miedo atávico a la muerte

Pero en el salón de mi amiga O. ocurre otra cosa. Le he pedido que compre velas rojas y blancas en un número concreto. Le he pedido incienso de rosas rojas pero sólo hay un palo. Las piedras: una amatista engarzada y un ámbar en forma de corazón, reposan en el fondo de un vaso con sal desde hace una semana. El agua se ha evaporado.

Al purificar esas piedras con fuego e incienso le hago una muesca peculiar al ámbar. Diríase que lo destrozo.

El marido de O. me dice pero está quebrado. ¿Y cómo está tu corazón? -le pregunto.

El deberá guardar un escrupuloso silencio vea lo que vea. Permanecerá así durante unas dos horas. Y le advierto también que bajo ningún concepto debe asustarse, haga yo los ruidos que haga. Estoy pensando en mis respiraciones solamente. Muy extrañas, muy inquietantes pero respiraciones al fin y al cabo.

La música es coral y el animal nunca me ha salido de dentro con testigos visuales.

Yo me voy a las dos horas de esa casa. La he dejado a ella aún en un estado semi-inconsciente en su cama. Pesaba lo mismo que una pluma. Al cuidado de él. El marido de O. luego me dirá que se sintió muy desvalido cuando cerré la puerta y les dejé a oscuras y a solas. Es un matrimonio que tiene profundos problemas de relación. Lo recogí todo para que los niños no se hicieran demasiadas preguntas, busqué algo de comer, unas galletas de chocolate y salí a la calle. Al rato di con un banco que formaba un triángulo entre dos casas y que ocupa mi abuela en sus paseos de a diario. Recuerdo un perro grande y negro asustándose de mí y tirando de su ama para cruzar la carreta. Y una conversación telefónica. También otra que no lo fue. Pero que era una especie de despedida… y también un pájaro que trinaba raro y me hacía compañía. Creí que era un ave diurna con insólitos hábitos noctámbulos.

Y al día siguiente recibo un mensaje del marido de O. Dice sólo que ella está muy contenta y que ya me comentará… Y ayer me envía otro para tomarnos un vino. Le contesto que sí y me presento a la hora acordada. Voy a alucinar con lo que me cuenta. Un segundo que voy a volver a escuchar al grabación de esa conversación para transcribir algunas partes…

– El otro día, cuando estabas allí y empezaste a pasarle un …

– El incienso

– … un incienso. Y entonces empezaste a gruñir como una fiera.

– ¿Sí?

– Sí, sí. Empezaste a gruñir pero enseñaste los dientes

– ¿Enseñé los dientes? Me estás escalofriando, tío. Porque sé que me pasa algo pero no tengo ni puta idea de lo qué es.

– ¡Hostia! Yo flipé en colores. Porque es que te veía unos dientes enormes, enormes. Eran como colmillos. Y estabas arrrg … como intentando… arrrg… asustar a alguien, ¿no?

– ¿A alguien?

– Sí, y yo no me percataba… de que algo quería atacar a O. y tú estabas ahí…

– Fue que de repente encontré algo en el cuerpo de ella. De un lateral de un seno brotó un líquido. Y ese líquido… dije aquí qué hay … porque yo tenía los ojos cerrados pero noté mojado… como si dijéramos que tenía… no sangre… era como una verruga, entonces encontré una glándula, justo aquí en el esternón… que fue cuando empezó a gemir de aquella manera y fue cuando entré en trance… ¿Te asusté?

– No, no me… No, me sorprendí. Me sorprendí mucho. No tuve miedo en ningún momento. Pero … ¿sabes lo qué pasa? Lo que más me sorprendió es que vi la vela… o sea que vi que tenías los dientes como enormes y luego vi la sombra de tu cara en la pared, a la luz de las velas… ¿no ves que las velas parpadean? Y yo veía la sombra que tenías como … como morro.

– ¿Cómo morro? ¿del lobo puede ser?

– Puede ser como de lobo… o algo más corto.

– Un felino. ¿El jaguar podría ser? Pues me tranquilizas tío. Me tranquilizas porque yo tengo una foto de eso en el espejo.

– Pues era como un felino.

– Yo tengo una transformación en el espejo… Ya te la pasaré… estoy desnuda pero se ve que la cara está completamente transformada. Y yo sé que no está trucada esa fotografía porque yo no la truqué.

– Estabas como tratando de defenderla de algo. Enseñabas los dientes y yo veía la sombra y luego… te pusiste a lamerle el pecho… y yo veía como que le estabas lamiendo las heridas…

– Claro, sí, para mí es eso. Yo no tengo sexo en esos momentos.

– Por supuesto y yo estaba acojonao. Acojonao no. No tenía miedo. Era… era una cosa que me flipaba y lo estaba viendo como si le lamieras las heridas y ¿sabes lo cojonudo? Yo sentía el impulso de lamerte los pies. Pero sin… sin… sin sexo.

– Sí, eso me pasó a mí con alguien. Yo tenía algo con los pies. No era sexo. Yo lo llamo simplemente… lo llamo devoción. No sé qué tipo de sentimiento es pero …

– Cuanto te vi lamerle las heridas era el impulso que yo tenía, como de gratitud…

– Pues me alegro muchísimo de que me lo cuentes.

– ¿Por qué?

– Porque eres privilegiado. En el sentido de que lo has visto. Los otros que lo han pasado… no lo han visto como tú. Pero yo lo que no me puedo ver es la cara, ni las expresiones…

– Ella no se acuerda de nada.

– … ni la transformación.

– Yo sí te la vi y es acojonante.

– Yo sólo la siento. Pero si me acuerdo de la historia que le conté luego… la del faro. ¿Tú te acuerdas?

– Sí, de eso sí.

– Le dije que la tenía que recordar

– No, no se acuerda.

– Pero como sabía que no la iba a recordar la guardé yo. ¿Sabes cuándo salí de eso? Cuando le hice daño. ¿Te acuerdas que se quejó de dolor?

– Sí.

– Porque encontré… en el pecho derecho encontré algo vivo. Encontré un bicho. Parecía una anguila. Y yo intentaba amansarla. Porque lo otro eran puntos. Ya vistes, como esa glándula. Donde ella se acercaba al éxtasis, ¿o no la escuchaste? Estaba que se levantaba del sillón. Y le estaba dando un masaje con dos dedos sobre esos puntos, que imagino que fue cuando tú me viste lamerla.

– Era… no sé cómo decirte. Lo veía. Mira que yo siempre fui un poco escéptico con estas cosas…

– No lo controlo. No lo hago a placer. Eso te lo puedo decir. Sé que me pasó muy muy muy parecido con varias personas. Con mi abuela una de ellas. Y con mi madre me cae… porque estoy convencida de que se lo voy a quitar… si no se me asusta… la semana que viene.

– Pues yo flipé. Porque bueno, bah… ves algo qué… eres escéptico… Y estabas mirando hacia afuera. Estaba la ventana abierta y mirabas hacia la ventana.

– Es que yo tengo un círculo que me construí hace años. De piedras. En una meditación. Es un círculo sagrado. Y al principio yo no estaba dentro de ese círculo. Yo simplemente veía un animal. Guardando la entrada… Y yo veía ese animal. Sabía que me pertenecía, que era mío, que no me iba a hacer daño pero a ver … un día me llegué a ver dentro del círculo y ya no vi más al jaguar en mi vida. Simplemente creo que me convertí en él.

– No sé qué animal era. Porque bueno no pensé en ello pero … era un felino. Para ser un lobo tenía el morro corto.

– ¿Tanto se ve la transformación?

– Se vé.

2 Responses to “– Lo Estremecedor –”

  1. unsabbat Says:

    2006-11-03
    10:10:43 am

  2. nandara Says:

    ¿Experiencia? ¿Sueño? ¿Relato?

    _________________________
    _________________________

    Experiencia ultra real. Conservo esa conversación que dio lugar a esta transcripción.

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