y ahora sin la gran fuga…

noviembre 7, 2006

Dave McKean

 

Hoy iba a hacer una sesión con Ch.

El viernes me envió el siguiente mensaje: Me lo hacen hoy a las 13 horas. Deséame suerte y gracias por todo. Encontré en mi camino una buena persona. Gracias por todo lo que hiciste y un beso muy grande.

Le contesté de inmediato: Estoy cruzando los dedos por ti.

El miércoles habíamos estado hablando. Ella se había quedado tranquila. Tenía miedo de haberme ofendido al hablarme del problema que le supuso su pareja cuando le comentó mi ofrecimiento de donar mis óvulos en la clínica para aumentar así sus posibilidades. Pero ayer se encontraba un poco angustiada. Como tomada por la ansiedad de la incertidumbre de esos tres óvulos que le habían implantado. Entonces le ofrecí hacerle esa sesión de masaje relajante en la camilla del lugar en el que trabaja. Sería como una especie de limpieza ¿espiritual se podría decir? Pero donde compartiría con ella la visión que tuve la noche que programé su cuarzo. La tengo muy presente y tengo muy presente aquel llanto de un feto en un vientre… mientras me aferraba a su piedra.

Hoy me llamó al mediodía. En realidad teníamos que estar juntas ahora. Pero me preguntó si podíamos cambiar el espacio. Vamos, que si podía acercarme hasta su casa.

Le dije: No. Al parecer su jefe le había dado la mañana libre porque ayer se sintió muy mareada y no se atrevía a presentarse allí antes de la tarde. Eso es una buena señal. Digo lo de los mareos. Puede que se haya mentalizado después de hablar conmigo. Cuando yo estuve embarazada -le dije. Lo supe desde el primer momento. Ch. se quedó K.O. técnico. ¿Entonces qué sucedió? Nada, que tenía 17 años y me obligaron a abortar. Para ella eso es casi un sacrilegio, dado el amor que siente por traer niños a este mundo. Para mí lo es que con tanto niño necesitado de cariño que hay ya en este mundo, me obligue a tener un hijo sin haber encontrado a la persona que yo llamaría el amor de mi vida.

¿Y si es tarde entonces? -me pregunta ella

Bueno, un hijo no es ninguna prioridad para mí. No tengo ese instinto. Pero sí sé que puedo amar a cualquiera que yo elija a condición de que el amor, las buenas vibraciones, sean algo mutuo, con-sentido.

Entonces mientras escribo esto se conecta el chico de la mariposa azul… quiere que escuche una canción de los planetas, que es como ahora se siente… ¿Veis? Por ejemplo, a él sé que le quiero. Tal vez erróneamente. Pero sé que me conmueve lo que le sucede a su interior. El caso es que se siente destrozado. El caso es que yo no podía predecir que eso era lo que le iba a suceder pero en cierto sentido sabía que sería así. El caso es que a la gente siempre hay que dejarla crecer, que viva sus historias, que experimente con ellas, que aprenda… aunque sea del dolor. Pero el caso, es que en todos los casos nos sobran los te lo dije, y los te lo advertí, los mira que estabas avisado… y los acuérdate que volverá a sucederte lo mismo. A agotar un sentimiento, a extinguirlo, sobre todo uno que se ha retorcido, sólo puede ayudarnos el tiempo pero también el valor…

Yo hoy, por ejemplo, sé muchas más cosas de las que sabía al incio de la primavera. Sé lo que me importa de las relaciones humanas. Y eso es el consenso. A veces no entiendo al chico de la mariposa azul. Otras veces no me entiendo a mí en relación con él. Pero desde luego es la única persona a la que por lo que sea me vincula un lazo espiritual. Erróneo, como dije antes. Quizás producto de una alucinación. Pero yo sostuve en un lugar como el que describe Kübler-Ross… esa alma en brazos. Creo que Kübler-Ross lo llama Cielo. Pero contra su idea del Cielo no tengo un prejuicio crítico porque cuando la leo… lo que enfatiza es un Lugar muy parecido al que yo misma Conocí. Un segundo que voy a buscarlo…

”’Después de realizar en esta segunda etapa la integridad del cuerpo y después de haber reencontrado a aquellos a los que más se ama, se toma conciencia de que la muerte no es más que un pasaje hacia otra forma de vida. Se han abandonado las formas físicas terrenales porque ya no se las necesita, y antes de dejar nuestro cuerpo para tomar la forma que se tendrá en la eternidad, se pasa por una fase de transición totalmente marcada por factores culturales terrestres. Puede tratarse de un túnel o de un pórtico o de la travesía de un puente. Como yo soy de origen suizo pude atravesar una cima alpina llena de flores silvestres. Cada uno tiene su espacio celestial que se imagina, y para mí evidentemente el cielo es Suiza, con sus montañas y flores silvestres. Pude vivir esta transición como si estuviese en la cima de los Alpes, con su gran belleza, cuyas praderas tenían flores de tantos colores que me hacían el efecto de una alfombra persa.

Después, cuando habéis realizado este pasaje, una luz brilla al final. Y esa luz es más blanca, es de una claridad absoluta, y a medida que os aproximáis a esta luz, os sentís llenos del amor más grande, indescriptible, e incondicional que os podáis imaginar. No hay palabras para describirlo.

Cuando alguien tiene una experiencia del umbral de la muerte, puede mirar esta luz sólo muy brevemente. Es necesario que vuelva rápidamente a la tierra, pero cuando uno muere -quiero decir, morir definitivamente- este contacto entre el capullo de seda y la mariposa podría compararse al cordón umbibical (cordón de plata) que se rompe. Después ya no es posible volver al cuerpo terrestre, pero de cualquier manera, cuando se ha visto la luz, ya no se quiere volver. Frente a esta Luz, os dais cuenta por primera vez de lo que el hombre hubiera podido ser. Vivís la comprensión sin juicios, vivís un amor incondicional, indescriptible. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, os dais cuenta de que toda vuestra vida aquí abajo no es más que una escuela en la que debéis aprender ciertas cosas y pasar ciertos exámenes. Cuando habéis terminado el programa y lo habéis aprobado, entonces podéis entrar…”’

Vale, ahora yo preciso según mi propia experiencia. Lo mío no fue desde luego atravesar ningún umbral de la muerte. Estaba disfrutando de rememorar un éxtasis sexual. Tan tranquila yo y relajada en mi cama, a solas, aquel día de hace unos meses. Entonces cuando volví a sentir que esos brazos elevaban mi cuerpo sobre la cama. O sea que me sentía despegar, físicamente despegar, me sentí llevada amorosamente por un águila, elevada. Y me encontré en aquella almena de pronto. Había esa luz, esa luz indescriptible y alguien, el chico de la mariposa azul me mostraba mi alma en sus brazos. Aunque podría no haber sido él. No le vi bien. De hecho no me parecía él pero el éxtasis amoroso había sido con él. Mírala -me decía. Y yo miraba a ese ser traslúcido pero del que irradiaba una luz blanco-azulada, etéreo, hermoso, bellísimo, dúctil, frágil, reposando entre aquellos brazos como un desmayo, y miraba hacia abajo por entre las nubes, el abismo que se abría… daba vértigo, y me sentía sostenida así, pero al mismo tiempo mirándome. Confiando en que tal como era … sería imposible que nadie me dejara caer. Aunque lo que sentí es indescriptible porque fue algo puramente emocional, espiritual, físico y psíquico al mismo tiempo. Y sin embargo sabía que era el cielo, mi Cielo. Otra experiencia cumbre. Esa suerte de repetir algo Único.

Después, suspendida en esa luz, en ese sentimiento amoroso pero de amor incondicional ciertamente. Algo más indescriptible aún… sostuve otra alma que se me confío. Y aquel ”baile” que duró… yo que sé, una eternidad, porque así fue como lo experimenté… aquel baile podría haberse hecho eterno y yo habría descansado infinitamente en él. Pero regresé sin saber cómo y sin quererlo. De pronto el aguila volvió esta vez a hacerme descender vertiginosamente y me encontré en un jardín donde… Es más extenso y luego sí que recuerdo que entré como en un bucle que se formó en el tiempo, una especie de rueda con imagenes y vivencias, y que me costó mucho volver a la consciencia del control de mi cuerpo. De hecho me sacó de ese estado un mensaje que esta persona envió a mi teléfono móvil.

Y cualquiera puede pensar: estabas alucinando, tía. Sí, bueno y qué. Si ya tenía claro desde mi primera experiencia cumbre, en la que no existió ningún tipo de éxtasis ni drogas externas, que no fueran las producidas por mi propio cerebro, que a la muerte se podía trascender. Y la existencia del Amor Azul (por llamarlo de alguna manera porque esa especial claridad es azulada y se siente azulada)… hace cosa de unos seis años…. en esta segunda… ¿qué queréis que os diga? Si la muerte, como asegura Kübler-Ross se parece a eso… yo Firmo por ella. Bueno y si supiera, si tuviera claro, que este tipo de experiencias no iban a alentar mi vida terrestre… no sé si preferiría irme hacia eso incluso ya. Pero como yo busco el sentimiento de la Plenitud en la tierra, porque sé que se puede lograr… me quedo y me quedo muy tranquila. Pero claro, cada día me valen menos las medias tintas. Así que no me conformo… como me recomendó Benedetti en aquel ‘No te Salves’ suyo. Y de paso… me cuido de este chico de la mariposa azul, hasta que una nueva experiencia me vuelva a poner en órbita y me indique que ese vínculo entre nosotros ya no existe. Pero cuando acepté que me confiaran ese alma… contraje una deuda con ella. Y desde luego si lo que me está moviendo para estar a su lado es sólo el sexo… me estoy engañando mucho.

Además ahora, tengo otra incógnita con un hombre, también de la mariposa azul. ¿El por qué entre esa misma Luz vi una svástica tatuada en su pecho? Y lo cierto es que pueden mudarse mis Ellos pero lo que no cambia es la constancia de la compañía de esa Luz que me ilumina y me Acompaña.

Pero tengo una pista. Sin poner energía emocional en ello… por mucha energía física y psíquica que se ponga… es del todo imposible acceder a Ella. Y la Muerte es un estado que a mí entender nos hace sentirnos ante todo emocionales y desvalidos.

Una vez escuchando uno de los programos de radio de Luis Muiño, ‘El hábitat del unicornio’, me gustó bastante una explicación que dio sobre el tema este de los umbrales y de las experiencias de muerte y posterior regreso… decía que los estímulos exteriores se apagaban y lo que presenciábamos era la actividad interna del cerebro. Y para ello utilizaba la analogía de la ventana y la habitación iluminada en la noche…

En ese sentido coincide bastante con lo que Elsabeth Kübler-Ross nos cuenta en su libro pero no explica mi Luz, ni su Cielo, y mucho menos, si hemos de creerla… algo como lo de materialización de aquella paciente suya muerta hacía diez meses… de la que la doctora Kübler-Ross dice conservar un testimonio escrito, que le hizo firmar en su despacho. La cuestión es: ¿nos la podemos creer o no?

[odeo=http://odeo.com/audio/2354919/view]

 

http://odeo.com/audio/2354919/viewY como nota al margen… En la conversación telefónica que interrumpe esa grabación se me pregunta si he sido yo quien ha querido levantar una contraseña…

Y como segunda nota al margen… tengo claro que para ayudar a otro a configurarse un mal capullo de seda… yo no voy a estar. La crisálida tiene que ser una experiencia de luz y no una experiencia ni oscurantista ni de oscuridad.

2 Responses to “y ahora sin la gran fuga…”

  1. INVERSaMENTE Says:

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