El miedo a caerse y el miedo al ruido…

noviembre 10, 2006

Shanti Nilaya

Escuchando ‘Tanguera’ inventada por Mariano Mores en la página de Kurmia, a la que una noche visualicé recorriendo una calle de Buenos Aires, la calle Corrientes me dijo Ella. Con un vestido acampanado de cuadros y el bolso en su mano izquierda. ‘Siempre lo llevo ahí’ -me dijo después…

Y ese tango es algo como yo. Algún lector se ha pensado que en ese relato oral acerca de Vie, la acariciadora de elefantes, me limitaba a hacer una lectura sosegada de algo que yo misma escribí. Pero no fue así y qué más quisiera yo que saber leer de esa forma. En realidad lo único que hice fue revivirlo ante la imposibilidad de enlazar mi memoria sentida con una narración escrita de ella… Adoro el tango. Me sumerjo en la tristeza de su sesgado desgarro y en su arrabalera pasión. Y me gustaría un día encontrarme un hombre capaz de llevarme así. Aunque tampoco creo que sea eso lo que necesito primariamente ya y más sabiendo que es difícil, muy difícil que yo me deje llevar. Cada etapa de la vida siente sus propios anhelos. Y ésta es muy distinta a la que antes fue y ya no me importa de ningún modo abandonar.

Y tengo dos temas (y algunos más…) de los que sí quiero escribir. Uno quiero que sea una mezcla-comparación-imaginativa entre los comentarios dejados por Mario aquí ayer (un lector ocasional) y la interesante, sugerente y sugestiva película ‘El bosque’ de Shyamalan. Sí, reconozco que últimamente me ha dado por empaparme de su filmografía y eso se lo debo en parte a Rosenrod y en parte a que éste sea el director del ‘Sexto Sentido’. Pero eso lo tengo difícil porque en esencia sé como siento acerca de lo que quiero expresar pero poder transmitirlo es otro asunto para el que dudo que aún esté preparada…

Y el otro es el final del libro de la doctora Kübler-Ross ‘La muerte: un amanecer’.

Me decido pues por este último porque antes tomándome un par de cervezas belgas en mi pub preferido tuve el placer de terminarlo entre los intimistas compases de algunas melodías irlandesas y la sonrisa de un bebé de apenas unos días, la vida… otro amanecer.

Y dejando atrás a la Señora Schwartz… esta mujer nos hace partícipes de casos como el de Susy, una niña que se muere de leucemia en un hospital (a este respecto es interesante el planteamenteamiento al que nos expone ‘Dragonfly: la sombra de la libélula’ del director Tom Shadyac) y está acompañada permanentemente por su madre.

La pequeña -y cito de forma textual- se da cuenta que cada vez le será más difícil dejarla pues ella se inclina a veces sobre su cama y murmura: ‘No te mueras querida, no me puedes hacer esto. No podré vivir sin ti’. Esa madre -que se parece a muchos de nosotros- culpabiliza al moribundo. Susy, que ha abandonado su cuerpo durante el sueño y también en estado de vigilia para ir allá donde tenía ganas, tiene la certeza de una existencia después de la muerte y pide sencillamente a su madre que se vaya del hospital. En estas situaciones los niños suelen decir: ‘Mamá, tienes aires de cansada. ¿Por qué no te vas a casa para ducharte y descansar? De verdad, yo estoy muy bien’. Quizá media hora después suena el teléfono de casa y alguien del hospital dice: ‘Señora Schmidt, estamos desolados al tener que informarle que su hija acaba de morir’

Luego nos cuenta que esta madre se queda desconsolada y se culpabiliza por no haberse quedado una hora más para poder haber estado presente en el momento de la muerte…

Yo no me sentí así cuando me despedí de mi abuelo hace 20 años. Simplemente no sé cómo lo supe. Tal vez por cómo tomó mi mano y por cómo me miró después de más de diechiocho meses de atroz sufrimiento y desintegración. Supe que aquello era una despedida… Salí a la calle con los ojos llenos de lágrimas y deambulé como una sombra. Iba muy perdida dentro de mí. Y en alguna travesía cercana a donde hoy me tomaba esas cervezas presentí que él, la persona que más quería en el mundo, ya no estaba en la misma tierra que yo. Fue como si algo me rozara. Asi que me di la vuelta pero muy despacio, dando casi pasos de cangrejo y cuando regresé a casa lo primero que vi fue la mesa con la urna para las firmas y las tarjetas en el portal. Sé que entré en la habitación. Ya le habían vestido y le habían metido en la caja y sé que cuando tomé su mano estaba fría, muy fría, que era lo más gélido que yo había tocado y que ya no había sentimiento en mí por aquel cuerpo, que mi sentimiento vagaba por la habitación y vagó durantes meses después y hasta años, por toda la casa y por todas las casas en las que viví… Luego mi abuela se acercó a mí para retirarme llorando con una pena infinita y comprendí que después de todo le había querido mucho porque sus últimas palabras fueron: E. esposo mío, hasta la eternidad.

Y eso me da pie a tomar otro de los temas que toca la doctora Kübler-Ross y que me parece significativo. Dice: ‘Debemos comprender que sólo existen dos miedos: el miedo a caerse y el miedo al ruido. Todos los demás miedos nos han sido impuestos poco a poco en nuestra infancia por los adultos, pues proyectaban sobre nosotros sus propios miedos y los transmitían así de generación en generación’

A mí con lo cobarde que he sido y con lo cobardes e impresionables que me resultan las personas que me rodean… una afirmación tal me parece imposible pero entonces se me viene Alma a la cabeza, que es la persona más valiente que conozco. Porque yo no recuerdo que mi abuela le haya tenido jamás miedo a nada. Y si de pequeña he necesitado sentirme segura he corrido sin dudarlo a su lado. Siempre me ha admirado eso de ella hasta que la he visto envejecer. Entonces me he preguntado, ¿cómo es posible que el ser humano degenere en esto? Porque Alma cuando camina cogida de tu brazo, todo el tiempo va pensando que dará un traspiés pero ya lo que nunca he entendido es que cualquier clase de ruido la sobresalte hasta hacerla perder el poco equilibrio que conserva. Vamos, güelita, tienes que acostumbrarte. Es sólo ruido. No puedes estar con ese sobresalto encima a todas horas…

A partir de ahora probablemente seguiré sin comprenderlo del todo. Pero recordaré que Alma sólo tiene miedo porque es instintiva y esos miedos vienen incorporados de fabrica con la mochila de superviviente que ha llevado encima durante casi más de ochenta años, y que siguen estando ahí para ayudarla a aferrarse con toda esa garra suya a la vida.

Después de esto quiero señalar otra parte que me ha gustado mucho de la exposición de Kübler-Ross y esa es aquella en que dice: ‘Lo más importante de todo es aprender a amar incondicionalmente. La mayoría de nosotros hemos sido educados como prostitutas. Siempre se repetía lo mismo: ‘Te quiero si..’ Y esta palabra ‘sí…’ ha destruido más vidas que cualquier otra cosa sobre el planeta. Esta palabra nos prostituye realmente, pues nos hace creer que con una buena conducta o con unas buenas notas en la escuela, podemos comprar amor’

También y esto me parece importante hay un párrafo en el que nos da un ejemplo acerca de la mala interpretación que podemos llegar a hacer de los mensajes que recibimos ”vía extraterrena” (ocurre con demasiada frecuencia con la intraterrena así que tampoco es de extrañar). Bien, el caso es el de un niño de sólo 2 años a quien se le suministró un medicamento que le provocó una reacción alérgica de tal violencia que el médico llegó a declarar que estaba muerto.

Avisaron al padre, y mientras el médico y la madre lo esperaban, ésta abrazaba a su hijo, gimiendo, llorando y sufriendo atrozmente. Después de un tiempo largo como una eternidad, el niño con palabras que podían haber sido las de un hombre viejo dijo: Mamá, yo estaba muerto. Estaba con Jesús y María. Y María dijo repetidas veces que mi tiempo aún no había llegado y que yo debía volver a la tierra. Pero yo no quería creerle. Y como ella veía que yo no quería escucharla, me tomó suavemente de la mano y me alejó de Jesús diciendo: Pedro debes volver. Debes salvar a tu madre del fuego. En ese momento volvió a abrir los ojos y añadió con sus propias palabras: ¿Sabes mamá? Cuando me dijo eso volví corriendo hacia ti.

Durante trece años esta madre fue incapaz de comentar con nadie de este episodio. Estaba muy deprimida y hacía una interpretación errada de las palabras dirigidas por María a su hijo. Había entendido que un día su hijo la salvaría del fuego, es decir del infierno, pero lo que no entendía era por qué le esperaba el infierno precisamente a ella, que era una buena cristiana, creyente y que trabajaba duro. Intenté explicarle que había interpretado mal el lenguaje simbólico y que ese mensaje era un regalo único y maravilloso de María, que como todos los seres del plano espiritual, era un ser de amor total e incondicional. Ella no podía criticar ni juzgar a nadie, contrariamente a los seres humanos, en quienes tales cualidades de sensibilidad faltan todavía. Le solicité que durante un momento hiciera abstracción de sus pensamientos para permitir que su cuadrante espiritual e intuitivo le respondiera. Y luego le dije: ¿Qué habría sentido usted si María no le hubiera devuelto a su Pedro, hace trece años? Ella tomó su cabeza con las dos manos y exclamó: Dios mío, eso habría sido el infierno. Por supuesto no tuve necesidad de plantearle la cuestión: ¿Comprende usted ahora por qué María le ha preservado del fuego?

Las sagradas escrituras -continúa diciendo la doctora Ross- abundan en ejemplos de lenguaje simbólico y si la gente escuchara más a menudo su cuadrante espiritual, en lugar de envenenar los mensajes de esa maravillosa fuente de comunicación con su propia negatividad, sus miedos, sus sentimientos de culpabilidad, sus ganas de castigarse a sí mismos y a los demás, también comenzarían a comprender el maravilloso lenguaje simbólico de los moribundos cuando éstos intentan confiarnos sus preocupaciones, sus conocimientos, sus percepciones.

Y ya a lo último de su libro nos narra algo muy personal que tiene que ver con una experiencia extracorporal y por la que deduzco que inducirnos hacia ese estado, sin que lo provoquen causas accidentales o naturales… también tiene un elevado Coste, aunque si debemos creer a esta gran mujer… la recompensa podría ser: SHANTI NILAYA.

La dejo aquí por si alguno gusta de conocerla.

[odeo=http://odeo.com/audio/2369432/view]

http://odeo.com/audio/2369432/view

P.S: Ese medios iatrógenos que aparece en la lectura… de iatrós, médico y geneá, origen.

P.S2: Por cierto, mi experiencia cumbre del 2001 en la que todavía me recuerdo llorando a Mares por Otro…, llorando Compasivamente, profundamente conmovida por mi Visión y ”enferma” del amor de la Con-pasión… al día siguiente me hizo caminar por el mundo… de la misma manera en que Ella lo describe. Algo que siempre me ha parecido indescriptible porque nunca he vuelto a encontrarme con esa clase de Sensaciones e Intensidad: vibrar en la misma frecuencia del Universo pero pisando suavemente tierra pero como si pisara aquellos sueños de las telas bordadas del cielo por Yeats. Y la secuela podría decirse que fue el que luego me dio por arrepentirme de todo lo malo que creía haber estado haciendo en aquella época… y también por pedirle perdón incluso a personas que ni siquiera me eran demasiado íntimas y que de ninguna manera deseaban ser tan conscientes de mis sentimientos negativos con respecto a ellas; y todo por volverme Veraz y Buena, así en líneas generales. Y con el tiempo he ido siguiendo esa línea, aunque en fin, también he aprendido que la mayoría de los humanos que conozco no están precisamente sobre ella xD

One Response to “El miedo a caerse y el miedo al ruido…”


  1. […] Aitatxo no fue (no lo creo) la primera palabra que aprendió a decir Iñaki en su lengua materna. Curioso que llamemos así  al lenguaje que se habla en nuestra tierra (ese cerco fronterizo en el que tuvimos la fortuna o desgracia de nacer). ¿O la tierra de uno es su verdadera patria? ¿De dónde es uno? ¿De dónde lo nacen? ¿De dónde el amor, en las mejores circunstancias, le lleva? Nadie me preguntó si yo quería ir allí. Se me trajo a este mundo. ¿No voy a poder decidir, tampoco, en las condiciones en las que quiero existir y hasta cuando? ¿Por qué os da miedo hablar de todo? De todo lo importante. ¿Teméis que vuestros transitorios argumentos se tambaleen ante los razonamientos puros de otros que no fueron aquellos que os dijeron cómo y hasta dónde debíais sentir curiosidad? Recomiendo, una película que se llama <<El Bosque>>. Una película que enseña mucho sobre la creación de miedos y los tabues con los que se rodean. O mejor aquí, de Shyamalan. […]

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