de los Distanciamientos y los Silencios

noviembre 19, 2006

Retorno de Debora Arango

Espero un rato. He accedido a la estación por otra entrada. Recibo una llamada de Ani. Desde casa. Ya me había contado que vivía cerca. Dice que no tiene saldo en el móvil que me ha dado. Dos tipos juegan a entrevistadores, uno con un micrófono y otro con una cámara. Me miran insistentemente y me hacen sentir incómoda mientras ensayo una respuesta amable para que no me suceda lo de aquella vez que casi acabé por atizarme con el puto e impertinente entrevistador al que se le ocurrió meterme el micrófono casi hasta por la traquea.

Ani, la veo cruzar por la puerta de la estación de autobuses envuelta en una trenca blanca y sé que es Ella. Llega buscando a alguien con el chocolate perfumado de su piel. Me mira con unos ojos oscuros y vivos como ascuas, y a pesar de saber como estaré vestida me descarta. Su pelo son mil rastas. Alguien tuvo que ponerle un tinte rubio en esas vetas antes de trenzárselas. Ani es adusta y sonriente. Eso son los años. Rozando la cincuentena -pienso y de esqueleto frágil. Pero con un cierto aire a Whoopi Goldberg en ‘Jumping Jack Flash’

Yo soy más insistente, aunque trato de no incomodarla. Al final nos decidimos a un tiempo. La presentación es un ‘No te imaginaba así pero ¿tú eres de aquí?’. Y dos besos. ¿Quieres decir del Norte? Sí, claro pero yo por tu voz ya sabía que eras extranjera. Pues no pareces española. ¿Estás segura de que lo eres? Claro sí, aunque mi madre suele asegurar de mí cuando a alguien le cuesta creerse que soy su hija, que no lo soy, y dice que en realidad está convencida de que le dieron el cambiazo cuando su bebé estaba en la maternidad por una niña gitana. Quizás de Rumanía, quién sabe. Pasamos por el lado de los que todavía entrevistan a esa menguada anciana de pelo blanco que se ha dado media vuelta encantada por la solicitud de los dos ‘pavos’ y parece habérseles crecido ante la cámara. Estará ahí hablándoles de las farolas -imagino- desde sus brazos en jarra. Porque en esta ciudad las farolas y las estatuas se consideran señoriales. ¿A dónde vamos? -le pregunto. A casa de mi hermana -dice. Pero si no te importa antes vamos a pasar un momento por mi trabajo que tengo que recoger unos papeles.

Ani me lleva a paso rápido hasta cerca del centro comercial donde ahora ya sé que se cobija en la última planta aquel primer amor de mi infancia; más gordo de cara, más vulgar de cuerpo, mucho más insustancial. Pienso que pocas cosas me quedan pendientes y cuantas ilusiones siento en ese preciso instante desparramadas por la acera donde pongo los pies y me fumo ese cigarrillo. Ese es mi sitio. Donde están mis pies se aloja todo mi pasado concentrado en estado de libertad. Ahí empieza y ahí termina. El chico guapo, alto y negro de color claro, con boina y gabardina a lo Oliverio, poético también, seguro, como él, sobre todo cuando se trata de darle de comer a la anguila, y al que Ani ha saludado en el trayecto hasta ese punto que ya sé que lo es, que acabo de volver a saberlo hace menos de media hora, también cruza minutos después las mismas pulcras puertas de metacrilato. No tengo ganas de follar, así que no le miro como si las tuviera y él lo sabe. No hay martillos ni cristal que nadie deba de romper.

Ani no tarda en aparecer de nuevo. Pero aún así a mí me ha dado tiempo a consumir ese cigarro y a pisotearlo y le digo a Ani que prefiero que no me cuente nada de su historia mientras esperamos ese taxi. La parada está ahí mismo pero él último de la cola se va justo cuando ella pisa el último escalón. Es que quiero grabar nuestra conversación y prefiero hacerlo tranquila. Así que hablamos de cosas triviales, del frío al que ella no se acaba de acostumbrar y eso a pesar de que ya lleva siete años en España. Y de mí, que no lo tengo y de ella que no se lo puede ni creer aunque visto sólo con una chaqueta fina de lana que se ciñe a mi cuerpo imitando el pelaje de un leopardo. Y de mi tía cubana, que nunca se acostumbró a este clima, y de su tembleque perpetuo en casi cualquier estación pero no de sus cinco años de piano. Y de que si por mí fuera haría desaparecer el verano del mundo y seguiría existiendo un invierno, y como mucho una primavera pero con dos otoños o uno muy pronunciado y largo.

Son tres euros con setenta y cinco céntimos. Usualmente no utilizo taxis, no me gustan los taxistas y éste menos. Se le veía en la cara a la legua que era racista. Y al final de la calle Ani duda. ¿Aquella es mi hermana o no? ¿Y me lo preguna a mí? Hay dos mujeres cargadas de bolsas gigantescas. Y una de ellas con uno de los traseros más grandes que he visto en mi vida. Pero sus risas son muy dulces y también su carácer, lleno de alegría que se contagia. Ayudo sonriente con las bolsas y llego al segundo piso. Me dejan ir al baño y luego paso a un salón en colores rojos y lleno de adornos navideños y un fantástico papa noel en trieno, y más aún, de una pantalla, que a pesar de estar a menos de metro y medio del sofá ocupa casi toda la pared de la habitación. Bueno, aunque quizás eso que digo sea un poco exagerado. Ani cierra la puerta tras de sí y le pido esas fotografías de las que le he hablado y las estamos viendo ahí.

(tras esa pausa que hice para comer, conecto otra vez eso que preparé ya ayer de madrugada para Ella y que tal como está ahora resulta un espectáculo hipnótico, mientras vuelvo a escucharnos por tercera vez y nos ”transcribo”… se han perdido unos minutos)

– … cuando estaba acostado en la cama, mirá…

– Bueno, déjame ver cómo coinciden… Chica, estas perfectas.

– ¿Cuál? ¿Esas dos?

– Necesito que se miren a los ojos. Esta sería perfecta

(él hombre está desnudo sobre una cama, el brazo derecho extendido, la pierna derecha doblada oculta sus genitales, mirándola con una mirada acariciadora y provocativa, llena de sentimiento, consciente de su poder de atracción, consciente de su debilidad por esa mujer, una pulsera, mucho vello en el cuerpo, perilla, calvicie, deseo… y en la otra ella abre una puerta, lleva un sombreno negro y un pijama rosa y zapatillas a juego y luce unos pendientes muy visuales)

– Mira, es que si las coso, puedo hacer coincidir las caras.

– ¿Si coinciden?

– Sí coinciden las caras así. Necesito.. necesito… Escúchame, mira, ¿te importa?

– Nooo -dubitativo- Nooo

– Las voy a hacer coincidir. Me gustó. Voy a coserlas. Las voy a tener que coser. ¿Vale?

– Ah bueno, bueno.

– Y luego las vamos a tener que quemar, por eso te digo que si te va a dar mucho…

– Ah entonces no. Esas dos… Yo tengo muchas pero allá donde vivo. En el piso…. En esta estamos juntos…

(Ani dice alguna cosa más en un tono bajo, como arrepentido, pensándose lo que le va a suponer la perdida de esas fotos)

– Es que aquí estáis los dos solos. -le explico yo. Sé que la situación actual es de distancia.

– ¿No prefieres esta?

– No, para mí mucho mejor estas. (en la otra que me ofrece están sentados con alguien en una mesa y ella está mucho más distinta… tiene el pelo muy corto). Pero aquí hay amor (me refiero a las imagenes que yo ya no suelto de mi mano)… En los dos

– Yo estuve con él hace poquito… Tamos bien, como tres días. Y al siguiente ya no me llama.

– A ver, cuéntame… cuéntame cuando empezó que creas tú el problema… con él. ¿En la distancia?

– En la distancia. Cuando a este tipo lo mandaron para un lao y para otro. Ese fue el problema de él.

– ¿Y qué quieres que yo te consiga?

– Bueno lo que yo quiero de él es …

– ¿Me dejas un boli que se me olvidó en casa?

Y mientras Ani revuelve buscando en su bolso, dice:

– Lo que yo quiero de él, es que le haga falta, que esté más cerca de mí, que dónde él esté esté yo también.

– ¿Quieres que te lleve con él?

– Claro, porque él por allá. Yo por acá..

– ¿Y él por qué no te quiere llevar? ¿o por qué no puede?

– Cómo él anda tan… Es que también es un problema, es por cuestión del trabajo… (explica algo muy personal dónde me facilita datos que en ningún caso pueden aparecer aquí. Por supuesto el nombre de Ani es ficticio)… compañeros, les pagan hotel a ellos… Pero yo no sé por qué no puede conseguirse un piso y organizarnos… No, nada.

– Bueno, en realida tú no sabes nada… de por qué…

– No, yo no sé… porque él deja de llamarme. Estuvimos bien. Yo viajé a… en … la otra semana, viernes, que él me mandó para el pasaje… Estuvimos bien viernes, sábado y yo me vine el domingo… Me llamó el domingo y eso que desde ahí no me ha vuelto a llamar… Estuvimos bien, me llevó a comer, me llevó a bailar… Todo… ¿te vale un lápiz?

– Muy bien. Eso mismo. Genial. ¿Sabemos su fecha de nacimiento?

– Su fecha de nacimiento es el … de mil novecientos cincuenta y … geminis, geminis…

(ella es geminis y él tauro, él es algunos años más ojoven que ella… Ani se conserva increíblemente … es incluso mayor de lo que yo suponía)

– Son fijas éstas, ¿no? Lo quiero para saber un poco cómo anda…

– Sí, la del él es fija… él…

– Vale, eso por un lado. Y ahora cuéntame más cosas. ¿Por qué os vinisteis aquí?

(Estoy suponiendo por lo que me contó en su primera llamada mal… Entonces entra una niña… Ani, dice… mamita que estamos hablando -le dice Ani a la niña de unos doce años… y la niña se corta y cierra la puerta)

– No, a mí no me importa -digo

– Mamita, que no importa. Venga pues -grita Ani

– Tú si quieres…

– Porque ella me quiere mucho a mí…

– No, pero por mí no la eches que a mí no… que la cría me da buen rollo

(pero Ani vuelve a gritar y la niña ya no vuelve y su madre la llama desde la cocina)

– Toda la confianza que tú tengas que hoy no vamos a hacer nada.

– Venga pues chau.

(Ani vuelve al sofá conmigo)

– Hoy no vamos a hacer nada. Sólo me voy a cargar yo de cosas.

(entonces Ani me cuenta dónde lo conoció…. me dice lo que él hacía en ese momento… )

– O sea que ¿tú ya lo conociste aquí en España?

– Claro.

– ¿Este hombre dónde nació?

– Él es … el es de … de allá de … Yo le conocí y todo marchó bien… hasta que de aquí lo trasladaron para … y allí también estuvimos bien… Yo estaba aquí con mi familia y pues él venía y estaba ocho días… y yo para allá y así nos manteníamos … uno para allá y otro para acá, cada ocho días… Después vivimos donde él nació… como tres años… Peleábamos y volvíamos también…

– ¿Por qué os peleais?

– Pues por bobadas. No por … porque yo lo viera con mujeres no porque cuando él está conmigo no hay más mujeres

– No, él está pillao por ti

– Y entonces yo no sé, por cualquier bobada..

– Es que es más, si no estuviera tan pillao contigo… no lo hubieras visto más. Por eso lo ves continuamente. Porque él está cogido contigo.

– Pero habíamos dejao de vernos y él empezó a llamarme otra vez. Me llama y cuando toma el trago me llama mucho. Entonces…

– Eso es porque hay sentimientos.

– Por eso y ahora me llama y me dice que lo mandan para … y que si él me mandaba para el pasaje… ¿que si yo iba? Y bueno, ahora ocho días me llamó el viernes.. y me dijo que si yo quería ir. Y yo dije bueno y fui a comprar los tickets y cuando llegué sentí la alegría de él. Me dio el dinero, me dio cincuenta euros más. Me llevó a cenar, a bailar. Al otro día fuimos a comer. Por la tarde fuimos a pasear. Todos cogidos de la mano como si no hubiera pasao nada. Por la noche otra vez a bailar, a cenar…

– ¿Qué pasó la vez anterior?

– ¿Cuál?

– Sí, dices: ‘cómo si no hubiera pasado nada…’

– ¡Ah! Cuando el domingo yo ya me vine pues me dio un beso en la boca porque ya era tarde y corre por esa estación con la maleta… y bueno, ya aquí llegué como a las doce, cuándo sonó el teléfono me dijo que cómo había llegao… y yo dije que bien. Y ya paró de llamar. Y él es así. Y no ha vuelto a llamarme. Y ya llevamos ocho días y no sé nada de él. Y yo quiero también que se muestre más junto conmigo.

– Ya, pero a ver… yo te dije… la última vez que discutisteis, que luego tú llegaste a … e ibais cogidos de la mano cómo si no hubiera pasado nada… como si no hubiera pasao el tiempo… esa última vez… ¿por qué os distanciasteis?

– No, porque él se fue…

– Simplemente ¿él siempre se va así? Te llama y vuelve. Te llama y vuelve. Y tú no puedes vivir con esa inquietud…

– Claro…

– Vale.

– … y no me dice vamos a coger un piso, vamos a organizarnos … Nada.

– Y a ver, ¿tú estas cosas las hablas con él?

– No, yo del piso no he hablao porque cada vez que hablo me dice que tiene deudas, que el sueldo no le alcanza. Es que es separo y yo le digo por qué no le das algo a los muchachitos que después… tienes problemas con esa señora. Pero bueno como el trabajo estaba malo… y ahora volvió otra vez el trabajo. Pero lo raro de este señor es que él no tiene… a ver cómo te digo… cuando está conmigo parece que estamos bien… pero cuando se va parece que se olvida de que yo existo.

(ya, ya sé, tendría que haberle dicho aquí a Ani, que a todos estos que se olvidan de que existimos hay que mandarlos a tomar por el saco y punto pero es que es tan difícil hacer eso si no has nacido con la jodida discontinuidad masculina. Benditos patrones de conducta hormonal)

– Ya, pero lo que tenemos muy difícil es cambiar la forma de ser de una persona. Incluso… yo voy a intentarlo, saber por qué él necesita estar ahí… y voy a intentar, cuando me meta contigo… probablemente me lo contará tu cuerpo… cuando lo hagamos… Cuando yo venga con lo que ya traiga hecho… voy a tener que darte un masaje… voy a tener que entrar en mi mundo interior… y simplemente, tú en principio te dejas… acariciar y que te pase el incienso… y yo ahí… supongo que te hablaré desde el corazón… desde darte soluciones… también a tu parte… yo con la persona que voy a poder trabajar… es contigo. ¿De acuerdo? Yo voy a intentar pasarte lo que yo sepa.. de él y lo que yo sepa de ti, sobre todo para que no tengas este estado. No te digo que abandones porque a mí la historia me da buen rollo… desde que hablamos por teléfono y más al tener las fotografías. Hay sentimientos pero no sé si vamos a poder cambiar tan fácil su forma de ser. En eso no te pongas. Te lo vas a tener que currar.

– Forma de ser no porque conmigo es cariñoso

– Ya pero esas partidas que hace… probablemente vayan con él siempre. Incluso con su familia. Y con sus hijos…

– Con la familia, separado de la familia y con dos hijos…

– Entonces lo que no podemos hacer, cuando nos enrollamos con una persona… umm, la aceptamos como es… y aprendemos a vivir con ella como es… si la queremos de verdad. Lo único que podemos cambiar son nuestras cosas. No sus cosas. Casi nunca podemos hacerlo. Y ahí es donde voy a tener que trabajar con tu energía. ¿Vale? Pero también a ver si averiguamos qué cosas puedes estar haciendo no del todo bien, para modificarlas y hacerlas mejor y hacerte más imprescindible que es lo que lo que a ti te gustaría.

– Como antes.

– Claro .. pero cuéntame al principio.

– Él antes me llamaba a mí, todos los días me llamaba

– ¿Tienes miedo que haya otra persona?

– Yo no creo que la haya… porque dice que no tiene a nadie… No sé si será verdad o si será mentira…

– Ya, tú no sabes nada realmente.

– Pero es que si hubiera otra mujer porque me llevó al hotel donde está él.

– No, yo no… quiero decir…

– Por ahí alguna que estará por ahí…

– No, no, no te inquietes que eso yo no lo sé. Si es que yo no he visto nada… de momento, ¿vale? O sea que olvídate de todo. Yo quiero que tú me cuentes tus temores. Para metérmelos cuando me vaya… de viaje… con esto… (me río y me refiero a nuestra grabación)

– No, yo no creo que haya otra mujer porque cuando yo conocí a este señor yo lo sentía como muy unido a mí… porque era que para todas partes era juntos, cogidos de la mano.

– Fue así como te conquistó realmente. Y ahora ¿te lo quitó?

– Y ahora yo lo veo a él como que casi no me llama y como distanciao. Si él quiere estar conmigo… es lo que yo digo… por qué … si él me llamaba a mí todos las noches. Así estuviera donde estuviera. Todas las noches.

– Ya… pero tú sabes que esto del amor este … tiene una duración, ¿verdad? ¿Lo sabes? Que luego entran otros parámetros… a funcionar… pero ¿cuánto llevas de relación con esta persona?

– Pues así como vamos… así de separaos… así, así..

– Sí, tú dime el tiempo más o menos…

– Algo así como cuatro años.

– Vale, mira. Los dos primeros años y medio y eso está medido, como mucho… nuestro cerebro produce… unas sustancias y es que eso es el amor, amiga. En principio eso es el amor. No nos vayamos a engañar. Produce digamos unas drogas naturales. Entonces, la otra persona, dependes mucho de ella porque todo eso entra en tu … torrente sanguíneo y lo llena. ¿Qué pasa? Que pasados esos dieciocho meses… dos años… esas drogas el cerebro ya no las produce y entonces se empiezan a producir otras… que son de una calidad similar pero que ya no son lo mismo… Lo mismo que no son lo mismo muchas relaciones… que se deterioran y eso es porque el nivel de drogas y tu sistema límbico que es el más primitivo empieza a dejar de depender de esa persona… ya no lo necesita para vivir.. Es que somos eso…

(a todo esto habría que ver la cara de alucinada que me estaba poniendo Ani… vamos, que de una ”bruja” uno se espera cualquier cosa menos una explicación científica del asunto, ¿no? xD)

– ¿Vale? A no ser que haya algo muy profundo entre dos personas y no puedan vivir sin… sin… Si hay cosas muy profundas en teoría eso no se rompe. Lo que no sabemos es si lo vuestro es tan profundo. O fue una atracción… emocional y una atracción física..

(Ani intenta farfullar algo pero yo sigo con lo mío)

– Y por qué, tu dirás… ¿por qué yo no he dejado de sentirlas?

(y aquí tendría que decirle PORQUE LAS TÍAS SOMOS CONVENCIONALMENTE IDIOTAS, MUJER y no andamos por ahí pensando con el coño; si en vez de eso tuviéramos una anguila que nos paliara el hambre de intimidad con el sólo sexo…)

– ¿Por qué no he dejado de sentir eso? -sigo diciendole yo mientras ella se ha quedado en su primer silencio… ¿no? Bueno porque él te dio muchas cosas que probablemente tú antes no tuvieras. Te dio muchas ilusiones. Te trató muy bien y a ti te colgó eso y es lo que quieres recuperar.

– Claro.

– Quieres volver a tener todo ese calor contigo. Bueno…

– Que vuelva a ser el mismo que fue antes… cuando me conoció.

– Ya, pero si es que … vamos a ver… si lo suyo fue un enamoramiento… que lo alteró, por decirlo de… o sea se volvió loco contigo. Guay. Si fue un enamoramiento lo que tendríamos que procurar es hacer un amarre a eso, otra vez, ¿vale? (es que no le puedes quitar a nadie las esperanzas de golpe y el asunto parecía bastante claro) Yo voy a procurar ponerlo todo de mi parte (quiero decir ayudar a la persona a que deje de sufrir). Lo que sé. Pero aquí tenemos la piedra de toque y es tu potencia. Eres muy potente transmitiendo cosas. Lo tienes en tu mano. Simplemente me tienes que dejar que me lo trabaje. Y te lo voy a contar todo cuando venga a hacértelo. Te lo vas a quedar todo. Yo no sé lo que se me va a escapar de dentro. Eso también lo tienes que tener claro. Porque en el momento que yo me abra y entre en esos canales… no voy a controlar mucho la sensibilidad, para no decirte cosas que te duelan. Ahora mismo nunca te las diría pero si las descubriera por el camino, cuando lo hagamos, si te las voy a decir. Nunca las tomes a mal porque van a ser cosas que puedes modificar. ¿De acuerdo? Y creo que tu historia la tengo. Necesito las piedras…

Ani se ríe y añade:

– Ahora te tengo que decir que es como duro.

– Sí, sí, tú cuéntame lo que quieras.

– A ver cómo te digo, es como… si quiero eso, él me lo compra, si quiero comer eso, él me lo compra pero es duro como para dar dinero.

– ¿Tacaño?

– Eso de dar dinero, digamos que doscientos o trescientos no. Tengo que estar pidiendo y a mí eso de estar pidiendo no …

– Ya…

– Digamos que es como tacañito en el modo de …

– No va a cambiar.

– Bueno, pues en todo caso recuperarlo como era antes. Como Era.

– Sí, pero que … ahí en ese sentido no me parece que vayas a … no… por ahí no. No, no, no (y esos no los acompaño de sonrisas porque creo entender, imagino…)

– Yo también me pongo a pensar si no será porque no gane mayor cosa. Porque es un obrero como cualquiera… que gana mil euros

– No… porque … hay gente así. Hay gente que le gusta eso… (darte lo que ellos quieren dar y nada más)… Hay mucha gente así… (y también hay gente a la que le gusta que les pidas para decirte que no, sea dinero o afecto, o lo que sea)

– Es que se queja tanto, se queja tanto, que yo le dije… me haces sentir mal ánimo … te estás lamentando.

– Esas son las cosas que no vamos a poder cambiar. Además yo sólo te trabajo Sentimientos. Lo demás tienes que conseguírtelo tú, seduciéndolo (y me escucho reírme con esa risa de Circe que quisiera no entender tanto ni de hombres, ni de cerdos, ni de asuntos del corazón de las mujeres que tampoco lo son)¿Vale? Es que yo sólo puedo trabajar en el rollo …

– Es que es raro. Yo lo siento como raro ahí. Pero conmigo él es muy cariñoso.

– Vamos a ver, qué me das…

– … cogidos de la mano. Lo que pasa es que más que nada él se separó de mí por este trabajo. Pero yo pienso una cosa, qué tiene que ver el trabajo si a él lo pudieron mandar digamos que para Barcelona… ¿por qué dejó de llamarme?

– Yo no lo sé ahora mismo (pero ahora sí que lo estoy sabiendo y me imagino que tú si lees esto también)

– Pienso que eso no tiene nada que ver con… yo no le dije nada. Yo no le quise hacer reclamos. Yo estaba que le decía, bueno, decirme la verdad..

(ahora ya estoy viendo las piedras que ella se ha comprado… hay un cuarzo rosa pero son de esas piedras que venden en las tiendas esotéricas por signos… no me sirven gran cosa… y Ani va a buscar un cenicero para mí)

– ¿Tenéis conexión a Internet? Entonces os puedo escribir correos y nos gastamos teléfono ninguna… y me comunico con vosotras….

(elijo qué piedras me pueden ir para cada caso… )

– ¿Y cómo hago para llevar esa piedra?

– Bueno tú ahora tranquila, porque cómo la vas a tener que trabajar… bueno ya te lo contaré. Me vienen muy bien perfectas las piedras. Pero al revés.

– Al revés.

– No sé cómo la gente siempre elige al revés (más risas mías aquí)

– Pues yo lo que quisiera es que estuviera más pendiente de mí, con más cercanía, con más como antes.

(y eso creo que muchos podemos comprenderlo. ¿Quién no ha tenido alguien que no ha rozado su alma y lo ha sentido al irse dejando un vacío?)

– Vamos a procurar hacerle un amarre, que es lo que tú quieres. Pero cuando me hagas la magia… tienes que tener claro que si mezclas cosas no va a funcionar. A ver… si el asunto es limpio de corazón… la magia funciona, ¿de acuerdo? Si son sentimientos. Si entramos en eso, en rollos de … yo sé cómo te sientes tú. Tú no te quieres sentir humillada de pedirle nada a nadie. Quieres compartir. Pero a esa parte tienes que renunciar. (y creo que estoy siendo muy Sincera con ella. El problema que les ha separado ya lo he visto claro) Los sentimientos los puedes tener. Pero lo otro no. Lo otro, lo que él te quiera dar.

– Pues claro, lo que él me quiera dar. Pero que fuera que … (no se entiende bien). Pero nada.

– ¿y por eso discutes tú, verdad?

– No, no

– ¿Esas cosas te duelen dentro?

– Sí, por dentro sí. Si me duele sí pero eso nunca se lo he dicho a él.

– Ya pero es que hay que limpiar eso. Tengo que limpiarlo. Pero tú por qué… a ver, si él es así.

– Él es así, él es así.

– Tú no lo puedes remediar.

– Es que unas veces me decía a mí, sin pelear… me decía… yo me quiero dar un tiempo. Sí, ¿sí? Bueno pues cada uno para su casa. Démonos un tiempo. Y volvía otra vez… Empezaba a llamarme y todo. Y volvía a pasar como si no hubiera pasao nada. Él es así. No te digo que no.

– Bueno, ¿me quieres contar algo más? Es que en el sexo, va muy bien, ¿verdad? En el sexo va perfecto. Verdaderamente es lo que os está enganchando en toda esta relación.

(y ella dice algo que no se entiende bien)

– Claro, es que yo ahí no te tengo que enseñar nada porque eso lo dominas tú muy bien.

(y nos reímos las dos)

– Otra gente -le digo-

(y ella dice algo más que no logro entender pero a lo que contesto)

– Es que lo llevas. Lo tienes. Y eso no lo tiene todo el mundo. Bueno, en vuestra región… es probable que vaya con vuestro… con vuestra idiosincrasia… pero aquí que estoy de tratar mucha gente… normalmente donde fallan las historias … es donde vosotros tenéis el agarrao. Y ahí es que tú no tienes ningún problema para… Nunca lo has tenido para enganchar a nadie porque… lo sabes perf… tienes un embrujo ahí. A esos niveles terrible. (más risas) ¿Verdad?

– Sin preguntarle nada me dijo que estuvo… (aquí nombra un país extranjero) ¿Asunto de trabajo? (le preguntó) Y me dijo que tenía una amiga ‘que me gastó todo’

– ¡Ah! Claro. Pues eso es últil saberlo.

– ¿Por qué me diría eso? Entonces yo no le di importancia. Ni le seguí preguntando cómo es ella ni nada.

– Pues no. Pues mal hecho. Mal mal hecho. Muy mal hecho. Bueno pero no te lo voy a contar hoy. Eso a ver si nos surge cuando hagamos la sesión contigo. Mal hecho porque no se puede dejar una laguna.. dónde una persona tiene una herida… hay que entrar y curarla. Lo mismo que tú me contaste ahora, que tienes un resquemor por los momentos en donde tú te sentiste… humillada, ¿entiendes? En ese sentido, qué pasa, que le tengo yo que pedir al pavo este… no, joder, no. Las personas deberíamos ser generosas. Siempre. Y dar si queremos a otro, que es lo que hace el amor. Guay. Pero ahí donde tú te callaste… Él tiene una herida. Y necesita seguridades.

– ¿Él? Sí. Ya me preguntó a mí si yo tenía otra persona. Y yo le dije no tengo a nadie.

– Umm, umm

– Pero está con esa duda de que yo tengo a otra …

– Ya.

– Y estoy y me pregunta: ¿tienes novio? ¿tienes amante? Sí él me averigua muchas cosas. Yo a penas me río y él dice claro debes de tener. Entonces yo le digo: lo mismo que tienes tú tengo yo. Y así, así nos lo pasamos.

– ¡Aha!

– Pero no le doy importancia. Y él a mí tampoco me da muchas explicaciones.

– ¡Aha!

– Que yo paso de eso.

– Ya pero … tú me acabas de abrir a mí ahí una luz. ¿Él tuvo una amiga que le dejó sin dinero? Me dijiste…

– ¿Él tuvo qué?

– Me dijiste que su … lo había dejado sin dinero.

– No, no, que esa mujer le había dao todos los gastos, todos.

– ¡Anda la leche! Te entendí yo mal.

– No, que le ha pagao el pasaje. Todo, me dio a entender él. No sé si fue que él también gastó. Porque él no es de los hombres que tienes que estar pagándoselo todo. Él puede tener dinero poquito pero él es a ver cómo te digo… Él te lleva al restaurante a ti y él te puede poner lo mejor. No le importa el plato que tú pidas. Eso lo paga él. Quiere que vos te sientas bien. Y así cuando me llevó a bailar… Ese señor anda conmigo y cómo te diría yo… él me quiere a mí como abrazar, como cogerme la mano y verlo y que la gente me vea. Como exhibiéndome o algo así. Y él cuando se pone bien vestido…

– Me acuerdo de una canción de María Dolores Pradera…

( y aquí es donde le empiezo a cantar ‘Amarraditos’)

Y me dice que le presentó a un pariente en la terminal de autobuses, y también al dueño del hotel y … porque si ella iba él tenía que pagar por ella. Dijo que la compañera de él iba a ir… y le pido que me deje ya, que no puedo saturarme de información, que lo esencial ya lo tengo.

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La imagen se titula ‘Retorno’ y pertenece a la fallecida pintora colombiana Debora Arango

Y esta es una de las historias que se anunciaba en ‘El otro’ -primera parte-

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