el abrazo del cello

noviembre 23, 2006

Estaba trabajando en mi ”trabajo” … en esa pecera… Y estalló algo. Me asusté, creí que había sido el cristal pero no. Fue la rosa, sólo. Perdió su flor. Pero no sus hojas de plata. Esas quedaron enterradas con sus rizomas… florecerán de nuevo, lo sé

Y la rosa… mi rosa… fue ese chico joven. Lo sentí así. Con esa pureza de las espinas y los rojos. Me alegré, entonces. Porque un amarre como éste, con vela negra incluida puede cortar cualquier otro amarre y ”encantamiento”. Y así ha sido. Por lo menos a su manera … a mi manera… me ha Rescatado

Cuando fui a recuperar la flor… se me resbaló de los dedos porque quemaba y se me cayó atrás de la estantería. Mis estanterías de libros son bajas. Pero tienen muchos libros, tres baldas. Muy pesadas de mover. Y ahí se quedó. En esa polvorienta oscuridad.

Luego… a la tarde otro trabajo con energías sutiles… como las llamó hoy alguien que dejó un comentario que firmó como Maria de Betania… con C. Muy especial. Se me ha enamorado y por fin puedo pagarle todo lo que me ha dado en cuidados y en salud. Así que hoy la que le dio un masaje y le hizo una limpieza y algo más… fui yo. Magia, sí

Me gusta la mujer que ha elegido. Mucho. Es más fina que yo. Es que a él le enamoraba eso y estaba convencido que yo era el colmo de la sofisticación

Menos mal. Me gusta como Amigo.

Y … luego le envié un mensaje a este chico para preguntarle por lo de mañana. Pero fui sincera porque si ha leído esto de ayer… tampoco quiero que se enfade conmigo. Lo pienso pero lo dejaré de pensar. A mí me ha servido para romper algo que me ataba. Aquella visión que tuve con él en las almenas… pero no podía ser Él. Imposible con su forma de ser. Y el mensaje fue este:

Me ha venido de cine el día de ayer para que dejara de sentirte mágico. Te importaría darme otro trote mañana o prefieres que no.

Vamos, otra cabalgada por la realidad. Si me lleva él me tranquilizaré mucho. Estoy segura. Pero es curioso. Lleva el cuarzo al cuello que yo le di. Dice que no se lo quita nunca.

Lo ignoraba. No sé si te lo conté ayer. Y hubo un día… un día que le di un susto, que sí cargó ahí todo ese miedo… En fin, que ya no es mi problema. He cumplido y ahora me siento muy libre y no tan sola. Porque hoy un chelo de Haendel me abrazó. Yo es que no sé por qué narices me gusta así este tío si no lo conozco de nada

un banco

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