LA HABITACIÓN 428

diciembre 20, 2006

 

  

  escondite inglés

 

Fue la niña de la Roja quien se hizo amiga de Verona y por eso le aguanta todas aquellas brasas. La Roja las sentía brasas en sus dos acepciones. La erótica y la nefasta. Pero le gustaba que se las contara; aunque Ella lo que quería era que se las contara mientras follaban. Hubiera preferido eso.

Tú puedes contarme lo que quieras mientras folles Acuérdate mientras folles conmigo mientras me estés follando Deja que tenga reacciones deja que sea sincera deja que sea sincera contigo atrévete Cuéntame lo mismo que me ibas a contar despues mientras estés follando conmigo Es que si no no puedo ser sincera como desde aquí Quiero decir que aquí como estoy sola y confiada te cuento todo lo que se me pasa por la cabeza Después de que folláramos yo ya era otra no me reconoczco en esos momentos no me reconozco porque debe ser que me pongo a la defensiva me pongo a la defensiva despues Bueno es logico ¿no? Quiero decir que me ponga a la defensiva porque no somos pareja no eramos amigos Así que estaba yo en tierra de nadie pues pues me puse a la defensiva como tú estabas a la defensiva cuando llegaste al principio

La Roja estaba oculta. Se había pegado por completo a la pared de la habitación. Justo en esa esquina donde él no podía verla. Donde había el único ángulo muerto. Cuando le contestó al teléfono y oyó por primera vez la voz de él llamándola por su nombre. El extraño de ojos azules había utilizado el del hotel y no el suyo. Nunca habían hablado. Nunca se habían visto como eran en persona, con el paso del tiempo, sin posibles retoques fotográficos… ¿Cuál es el número? La 428. ¿Vas a subir? Claro. Entonces ahora te veo. Corrió a la puerta. La abrió. La dejó allegada. Apagó todas las luces. Y sólo estaba la de aquellas velas que quisieron quedarse prendidas. Entonces la Roja se lo pensó. Meterse bajo una de las camas. Esconderse donde le pedía el cuerpo y estuvo a punto. Pero luego también pensó que él podría irse. ¨Confundido al no verla. Quizás no fuese capaz de argumentar ninguna palabra. Lo único que haría sería agarrarle de un pie y eso podía ser la de dios. Un mal principio. Podía pegarle un susto mayor que el que le dio a Villon y se imaginó que la polla del extraño de ojos azules se quedase tan arrugada como se quedó la de Villon casi toda aquella tarde… Toda aquella madrugada. Y durante la mayor parte de su Relación.

Así que no lo hizo pero se le quedaron muchas ganas. Se conformó con mimetizarse contra esa pared como si fuera invisible. Del mismo color de la pintura o del papel. La Roja ni siquiera recordaba eso…

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