… desde la resaca del ritual Año Nuevo – i –

enero 1, 2007

Anna como yo la conoc�

Cuando escribo esto… sobremesa del 1 de enero del 2007… he de decir que ya he visto cumplirse uno de esos deseos que escribí en una hoja de un block de notas chino mientras se acercaba la media noche de ayer…

Sé que no era fácil pero sé que sucedió. Tampoco era descabellado porque estaba pensado, creo que, inteligentemente. Pero siempre sorprende cuando se nos cumple un deseo difícil y sobre todo con esa celeridad. Y si mi niña estuviera aquí, mi Anna, sonreiría conmigo y gritaría: ‘Gracias Dios’. Porque ella sí que sabía del amor, del agradecimiento… y de la vida. Anna murió con ocho años. Pero ninguno de los que la conocimos la olvidaremos nunca. Anna está en nuestros corazón y nosotros en el suyo. En medio de mí, eso decía Anna y eso digo hoy yo…

Lo de pintarme las uñas de forma ritual no me aborreció. Pero lo de ducharme, secarme el pelo y ponerme un vestido de fiesta… para cenar sola en casa, frente al televisor, al final fue eso, una serie de espíritus, o una tía que hablaba con ellos, (por cierto yo eso no lo veo, o al menos no de momento, que menos mal :))… uff, se me hizo muy cuesta arriba. Pero había que vencer la desidia. Eso era lo que trataba de explicarle a la Zurda… luego preparé la maleta y sí, simbólicamente pero no tan simbólicamente. Llené el trolley con ropa, un secador de pelo con difusor, que yo sin eso no voy a ninguna parte, mis pinturas de guerra, la cartera… el reproductor de mp3 (que ya sin eso tampoco :)) y me senté aquí, a ultimar detalles. Entonces escribí esas listasla de deseos que quiero que se me cumplan y que fue muy generosa… sobre todo porque luego sólo iba a pensar en mí y en Alguien, y me iba a saltar eso de los rostros y las campanadas… que es lo que hasta ahora solía hacer y que constituía el único hecho ritual de mis años nuevos… Bueno, antes dejé mis trece uvas de la suerte preparadas. Trece, sí, como si fueran a existir 13 campanadas… tal vez compostelanas… ¿Alguien se acuerda de Suso de Toro? Y miré esa brujita que me regaló aquella Nieves, cuando llegamos a la plaza del Obradoiro, después de aquel alto en el Monte del Gozo, y me habló de ese libro… Pensé en esa mujer, en las casualidades, en que la primera vez que la traté fue en un tren, camino de Burgos, en pleno diciembre y en aquel momento suyo, donde hablabamos de la mencía y de sus caldos, y ella se echó a llorar porque recién la Muerte se había llevado a su marido, de un cáncer galopante, que no le dio más tiempo que el de despedirse de todo un amor y toda una vida, en menos de un mes…

(continúa en los comentarios… ahí, lo mejor Anna)

5 Responses to “… desde la resaca del ritual Año Nuevo – i –”

  1. kasandra Says:

    http://www.criticadelibros.org/0345441559#review

    Acabo de dejar una reseña ahí sobre Anna… el prodigio del Amor.

    Las monjas me hicieron comprar este libro cuando tenía 8 años. Lo editaron en el círculo de lectores y como en mi casa eran socios… pues allí vino. Pero se quedó dormido en mis estanterias hasta que pasaron 22 años. Entonces conocí y me encontré con Anna y me enamoré… no tengo palabras para describirlo, no las quiero tener. A Anna hay que conocerla y amarla, porque sólo Ella sabía amar tan Bien.

    kasandra

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    El libro de Anna

    Tierno y perspicaz, este libro es una maravillosa colección de fragmentos escritos por Anna, aquella pequeña que Fynn se encontró vagando por los muelles de East End de Londres en una brumosa noche de invierno. La obra presenta un conmovedor retrato de las reacciones más personales de Anna ante el mundo que la rodeaba y el Señor Dios, que ella veía en todas partes.

    Recopilada por Fynn y brillantemente ilustrada por Papas, esto obra llena de encanto e imaginación producirá un enorme placer a los miles de lectores que disfrutaron con SEÑOR DIOS, SOY ANNA, y será una grata sorpresa para quienes tengan su primer encuentro con Anna en este

    http://www.agapea.com/LIBRO-DE-ANNA-EL-n159216i.htm

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    Anna puede desarmar a cualquiera de sus interminables preguntas. Y conocerla significa tener que volver a plantearse de nuevo todas las interrogantes para las que creíamos tener ya respuesta.

    http://www.elaleph.com/libros.cfm?item=5877380&style=libro_usado

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    Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Crítica / Señor Dios, soy Anna – [F:5:5022]

    Carmen_Vos,08.01.2006“Es fácil darse cuenta de, la diferencia que hay entre un ángel y una persona. La mayor parte de un ángel está por dentro y la mayor parte de una persona está por fuera.

    Estas son las palabras que a los seis años pronunciaba Anna. A los cinco años, tenía un conocimiento perfecto de la razón de existir, sabía el significado del amor y era amiga personal y ayudante del Señor Dios. A los seis, Anna era teóloga, matemática, filósofa, poeta y jardinera. Quien le hacía una pregunta siempre obtenía respuesta… a su debido tiempo. En ocasiones la respuesta podía tardar en llegar semanas o meses; pero finalmente, siguiendo su propio ritmo interior, la respuesta llegaba: directa, simple y apropiada

    No llegó a cumplir los ocho años; murió debido a un accidente. Murió con una sonrisa en su hermoso rostro, diciendo: ”Apuesto que el Señor Dios me deja entrar en el cielo por esto,” y yo también apuesto a que fue así.

    Conocí a Anna durante unos tres años y medio. Algunas personas alcanzan la fama porque han sido los primeros en navegar solos alrededor del mundo, o en llegar a la luna, o en realizar alguna otra hazaña. Todo el mundo conoce a esas personas. No son muchos los que me conocen a mí, pero también yo aspiro a la fama, porque conocí a Anna. Eso fue para mí la cúspide de la aventura. No fue un conocimiento fácil; me exigió total aplicación, pues hube de conocerla según sus propios términos, en la forma que ella exigía que la conocieran: por dentro primero. ”la mayor parte de un ángel está por dentro”. Y de esa manera aprendí a conocer a conocer a Anna, mi primer ángel…”

    Así empieza ‘Señor Dios soy Anna’ de Fynn. Me gustaría que, quienes lo hayan leído comenten un poco sobre su experiencia. Yo lo leo al menos una o dos veces al año, y en cada lectura encuentro algo maravilloso.

    No creo en Dios, pero creo en Anna.

    Carmen_Vos,08.01.2006
    “… El enamoramiento de los números se marchitó un poco si que, durante largo tiempo, llegara yo a saber por qué. Fue Charles quien me puso en la pista de la explicación. Charles era profesor en la misma escuela de la señorita Haynes, y la señorita Haynes enseñaba a sumar. Anna iba a la escuela de no muy buena gana y, como llegaría a saber después, no muy frecuentemente. En una de las clases de sumas, la señorita Haynes se había dirigido a Anna

    – Si tuvieras una hilera de doce flores -le preguntó- y tuvieras 12 hileras ¿Cuántas flores tendrías?

    ¡Pobre señorita Haynes! Si se hubiera limitado a preguntarle a Anna cuánto es doce por doce, habría obtenido la respuesta que esperaba, pero no; tuvo que empezar a dar vueltas con las flores, con hileras y todo eso. Claro que obtuvo una respuesta; no la que ella esperaba, pero obtuvo una respuesta.

    Anna aspiró ruidosamente el aire, en un tono que indicaba la desaprobación más absoluta.

    – Si cultiva así las flores, no crecerá ninguna.

    La señorita Haynes estaba hecha de un material muy especial, y esa respuesta la dejó impávida. Lo intentó de nuevo.

    – Tienes siete caramelos en una mano y nueve en la otra. ¿Cuántos caramelos tienes en total?

    – Ninguno -respondió Anna-. En esta mano no tengo ninguno, y en esta otra mano tampoco, así que no tengo ninguno, y está mal decir que tengo si en realidad no tengo.

    La valiente, intrépida señorita Haynes volvió a insistir.

    – Quiero que te lo imagines, querida; que imagines que los tienes

    Una vez recibidas las instrucciones, Anna se lo imaginó y dio la respuesta, triunfante:

    – Catorce.

    – Oh, no, querida -corrigió la valerosa señorita Haynes-. Tienes dieciséis. Fíjate que siete más nueve son dieciséis.

    – Eso ya lo sé -aclaró Anna-, pero como usted dijo que me imaginara, me imaginé que me comía uno y regalaba otro, así que tengo catorce.

    Siempre he pensado que las palabras que siguieron iban encaminadas a aliviar el dolor y la angustia que se reflejaron en la cara de la señorita Haynes.

    – Pero no me gustó, estaba ácido -admitió como si ella misma se castigara.

    Esas actitudes hacia una cosa del Señor Dios como los números eran poco menos que imperdonables, y era lo que más sublevaba a Anna. El golpe final lo recibió en la calle, un atardecer de verano…”

    Anna era la única capaz de pasarse los convencionalismos y la rigidez de las ciencias exactas para limpiarse el trasero.

    Alguien en ese foro que también dice esto:
    Tanto Anna como Anna Feyn y Christopher Feynn
    son personajes de ficción.
    No pierdas el tiempo buscando el autor. Fué escrito
    originalmente como parte del catálogo de libros
    cristianos del género inspiracional y es producto de
    un equipo de escritores de Bertelsmann.
    Si te gustó tanto te recomiendo leer El Quinto Ele
    fante, del autor que dirigió la historia de Anna.
    Ninguno de los autores ha reconocido públicamente
    su parte porque ahora que son vedettes, como
    Neil Gaiman, no quieren recordar cuando escribían
    por encargo para Random House.
    Y no voy a volver a cometer el error de comentar
    el libro en español.
    Los camandulazos en la cabeza fueron ya suficien
    tes.

    http://www4.loscuentos.net/forum/5/5022/

    ______________________________________________

    Fragmento de un diaro:

    Hay un libro del que ahora quiero desprenderme.
    Yo suelo regalarle mis libros a la gente que más me importa pero sólo los libros que he leído; los que más quiero y que son los que más me duele dejar ir. Nora dice que soy una persona muy generosa, que no tengo mucho y por eso estoy limitada pero que si tuviera más… y yo suelo llevárle la contraria… ‘que no, Nora, que no, que me tienes muy idealizada tía’; pero mira… luego si es cierto que tengo este tipo de cosas, como son el hacer regalos que me cuesta dejar ir y principalmente por eso. Y éste tiene una dedicatoria porque quería que fuera para Laura: ‘Para que nunca esté asustada como Anna’. Pero luego pensé que Laura nunca llegaría a comprender lo que significaba este libro para mí y quizás por eso no llegué a dárselo. Lo decidí un día, tal vez, cuándo le hablé de Anna y ella no le prestó la más mínima atención. Era como si algunos asuntos del corazón no le interesaran. Laura era una persona muy materialista pero a mí me gustaba cómo era y además creo que sólo era lo que le habían enseñado a ser… quiero decir que imitaba fielmente a su padre.

    También hay una firma sobre esa dedicatoria de cuando yo tenía la misma edad de Laura: diez años. Y una fecha 26 de marzo de 1978. Este libro pertenece a … y en algún momento del año pasado escribí, en la página siguiente y a lápiz, unas palabras más sobre él:

    ‘En la raíz de todos mis afectos y aversiones
    habita un sentimiento
    Y da igual lo que piense porque
    cuándo deje de pensarlo…
    seguirá existiendo el mismo sentimiento’

    la Roja

    _______________________________________________

    (y otro fragmento del diario de la Roja)

    Y ayer tarde, en algún momento, le envío un sms

    ‘No se me ocurre cómo es posible que sintiéndome por completo saciada de deseo y creyendo que lo estaría aún durante días… haya comenzado hace minutos a desearte con esta inquietante necesidad pero aunque sea imposible te Deseo y echo a faltar todo lo que querías leerme… un beso, el que nos quedó por dar’

    Y pasan algunas horas. Yo ya he apagado el teléfono hace rato porque pienso irme a la cama temprano pero luego decido volver a conectarlo durante unos minutos porque no sé… pero es lo que me pide hacer el cuerpo para acostarme convencida… y a partir de ahora sé que habrá muchos instantes así, instantes de intranquilidad e incertidumbre como los que ha habido durante todos estos meses desde finales de enero y ahora puede que él también lo sepa y por eso me llega un mensaje suyo. Son las dos y veinte de la madrugada:

    ‘Recordándote, disfrutándote. Hemos abierto puertas, me has enseñado espejos y me has ayudado a vivir. Gracias. Quiero más

    .–.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

    un fragmento sobre las puertas, la vida y los espejos

    Bendita chiquilla, no podía decir que estaba dando forma a la pregunta que durante tanto tiempo me había inquietado: ‘¿Por qué no puedo saberlo todo?’ Porque es obvio que nadie puede saberlo todo, así que de todas maneras, ¿por qué intentarlo? Seguimos charlando. A medida que el tiempo se escurría empezaron a pasarme cosas. Certidumbres y dudas se amontonaban, unas encima de otras. Surgían preguntas y eran descartadas. Yo sabía que tenía razón, pero tenía miedo de soltarme. Barajaba las palabras hasta que formaban oraciones, pero las oraciones me hacían vulnerable y yo no quería. Si lo que yo entreveía era correcto, Anna tendría que correr con la responsabilidad. El reloj de la iglesia dio las seis. La pregunta seguía allí, y yo tenía que saber la respuesta

    – ¿Cuántas son las cosas que no me dices?
    – Te lo digo todo.
    – ¿Eso es verdad?
    – No -admitió en voz baja y con cierta vacilación
    – ¿Por qué no?
    – Algunas de las cosas que pienso son muy… muy…
    – ¿Raras?
    – Sí. No estás enfadado, ¿verdad?
    – No, no lo estoy en absoluto.
    – Temí que lo estuvieras
    – Pues no. ¿Cómo son de raras esas cosas?
    Sentí que se ponía rígida a mi lado, clavándome los brazos como si me desafiara a contradecirla.
    – Como dos y cinco son cuatro
    El mundo pareció detenerse. Tengo razón. Tengo razón. Yo sabía exactamente a qué se refería Anna. Con toda la calma que me fue posible, le revelé mi secreto
    – ¿O diez? -le pregunté
    Durante uno o dos segundos no se movió. Después se volvió para mirarme en la cara y habló en voz muy baja
    – ¿Tú también?
    – Exacto – contesté-. Yo también. Tú, ¿cómo lo descubriste?
    – En el atajo, con los números de las barcas. ¿Y tú?
    – En un espejo
    – ¿En un espejo? – su sorpresa no duró un segundo
    – Es lo mismo que el agua, sí.
    Casi podía oír el ruido de las cadenas que se desprendían de mí.
    – Se lo dijiste alguna vez a alguien? -me preguntó Anna
    – Un par de veces
    – ¿y qué te contestaron?
    – Que no fuera tonto. Que no perdiera el tiempo. ¿Se lo dijiste tú a alguien?
    – Una vez, a la señorita Haynes
    – ¿Qué te dijo?
    – Que era una estúpida, así que no lo volví a decir.
    Los dos nos reímos ahora libres de ataduras. Compartiamos el mismo mundo, el mismo fuego nos entibiaba. Los dos estábamos en el mismo lugar, avanzábamos por el mismo camino, íbamos hacia la misma meta. De pronto vi con claridad cuál era nuestra relación. Éramos compañeros de búsqueda, camaradas, como los espíritus. ¡Al demonio con los provechos, al infierno con las ganancias! Vamos a echar un vistazo, vamos a ver qué pasa. Los dos necesitábamos lo mismo para nutrirnos.
    A los dos nos habían contado que cinco quería decir cinco y nada más, pero el número 5 reflejado en el agua o en un espejo era el número 2 . Y con eso de los reflejos se podían producir muchas curiosidades aritméticas y eso era lo que a los dos nos fascinaba tanto. Tal vez todo eso no tuviera ninguna aplicación práctica, pero qué importaba (…)
    Los dos, Anna y yo, habíamos comprendido que las matemáticas eran algo más que resolver problemas. Eran una puerta que se abría hacia mundos mágicos, misteriosos, desconcertantes, mundos en los que había que mirar por dónde se pisaba, mundos en dónde uno elaboraba sus propias reglas y tenía que aceptar la total responsabilidad de sus acciones. Pero era emocionante, e inmenso más allá de toda comprensión.
    La amenacé con un dedo.
    – Cinco más dos son diez
    – A veces son dos -me contestó
    – También pueden ser siete
    ¿A quién cuernos le importa? Hay quillones de otros mundos que mirar. Nos detuvimos jadeantes.
    – Tich -le dije-, levántate que tengo que enseñarte algo
    – Retiré los dos espejos laterales de la cómoda y nos fuimos silenciosamente hacia la cocina. Encendí el gas. Estaba oscuro y hacía frío, pero no importaba. Nuestro fuego interno estaba encendido fuera de hora. Busqué una hoja grande de cartulina blanca y tracé sobre ella una línea negra, larga y gruesa. Puse los dos espejos en ángulo y los mantuve rectos, como un libro abierto. Entre los espejos quedaba la línea negra. Atisbé hacia dentro para corregir el ángulo
    – Mira -exclamé, conteniendo la respiración
    Anna miró, pero no dijo nada. Empecé a cerrar muy lentamente el ángulo de los espejos y oí cómo ella respiraba hondo. Miró un momento más y siguió mirando y de pronto no pudo más. Su caldera estalló. Yo recordaba muy bien la sensación que tuve la primera vez que lo vi. Antes de que sucediera, dejé los dos espejos sobre la mesa. Anna se me vino encima como un tren expreso. En torno a mi cuello, sus brazos casi me estrangulaban, me hincaba los dedos en la espalda, lloraba, se reía, y me mordía. Estábamos un millón de años más allá de las palabras. No había ni una sola palabra que sirviera, ni de lejos para ese momento, Los dos nos sentíamos físicamente agotados. Mental y espiritualmente no habíamos bajado. Ni bajamos nunca (pág 152)

    de ‘Señor Dios soy Anna’. Fynn

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    http://www.conocimientosweb.net/portal/downloads-file-938-details.html


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