… desde la resaca del ritual Año Nuevo – ii –

enero 1, 2007

mi hero�na

Ya esta tarde. Más tarde de esa hora a la que mueren los toreros. A esa hora un orgasmo mucho más físico. Unos dedos, algo paradigmático, y mi cóctel desde ayer: cava y zumo de manzana. Si no…. lo de terminarse esa botella será misión imposible… y pronto zumo de naranja porque el primero ya renquea. Aunque pienso mucho, pero Mucho, en cómo me gustaría habérmelo bebido, que me lo bebiesen.. ese hombre, el extraño de los ojos azules, el Amante de la Roja, porque después de como Ella me lo cuenta… hasta me parece que yo me estoy enamorando de él…

Hay mujeres que no amamos a mujeres, y recuerdo a esa, la que la otra mañana me descubrió la procedencia de esa costumbre ceremonial suya de cerrar los ojos y dejarse hacer… hasta ser inundada por algo tan dulce como el olvido…

Todo comenzó con su hermano, más pequeño que ella. Y el sexo le gusta así. Luego los hombres se destrozan los mimbres al comprobar que todo ese éxtasis que ella les finge fue mentira. Nunca se lo pueden creer. Y yo tengo que perjurárselo. Aunque no debería. Pero ella es así. Primero cierra los ojos y luego pide ayuda. Como Ch. ni más ni menos. Y me pregunto ahora que habrá sido también de ella después de nuestra sesión… la gente reacciona raro después de que se confiesa. No es una crítica, a mí también me ha sucedido alguna vez. Aunque eso ya es pasado. Más pasado, mucho más pasado, que el año anterior.

Pero en fin, vadeando esta resaca póstuma ¿por dónde iba?

A las once y media ya había sacado la basura haciendo un primer ensayo de paseo con aquellas pintas. Y la Zurda dijo que no, que con la maleta a la calle no salía ni muerta, que se moría de vergüenza. ¿Dónde estriba la diferencia entre mi ‘queyosí’ y su ‘puesqueyono’? En nuestras relaciones sociales. La Zurda se ve obligada de continuo a dar explicaciones a cualquiera de su vecindario, pero a cualquiera. Porque ella misma se obliga a eso. Y yo no se las doy ni a los que viven conmigo. Bien sí, aquí escribo lo que quiero. Demasiado, ¿no? Pero para gustos colores y lo hago porque me apetece no porque nadie me pregunte. A ver, ¿a dónde ibas ayer a las doce y cinco con la maleta, alma de dios? La zurda: no es que … y lo que proceda. Pero alguna excusa en donde al final la culpa la tuve yo. Con lo fácil que es pensar por uno mismo y actuar en consecuencia… Bueno, prueba ahora conmigo.

A ver, ¿a dónde ibas ayer a las doce y cinco con la maleta?

Respuesta preparada. Imposible hacerme esa pregunta. Y era bastante improbable que nadie me preguntase ni siquiera algo parecido pero de qué ocurriera… no sería así. Sería algo cómo… ¿al final te diste la vuelta? Ah sí… ¿Pero es que te olvidó algo? Ah no, no … ¿Te vas de viaje? ¿Lo parece? Claro es lo que hay que tener, que uno quiere contestar. Eso sí, me quemó el pavo que estaba en el portal…. El novio de la pringada de arriba. Hablando por su teléfono móvil. Porque es que esas tres niñas se las traen. Pero en fin. Asueto.

Era la noche en que iba a hacer todas las gilipolleces habidas y por haber y punto. Y todo por resistirme a dejar de creer para siempre en la muerte de las hadas.

Nos quedamos con eso, ¿vale? Pues ahora yo me voy a recargar la copa del cóctel… y ya que estamos celebrando algo… (¡ostras! nada menos que la existencia de las hadas)… me traigo de paso la botella para acá ;)

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