APUNTES PRIMEROS NUEVE

enero 9, 2007

diosa

La Roja sabía que Desmond Morris tenía que estar por algún lado. Lo buscó en todas las estanterías y no apareció. Al final tuvo que mover aquella lámpara…

Por lo menos la había movido unas seis o siete veces durante ese año, o 5 o 4 no lo recordaba pero alguna vez. Y en ese momento descubrió el cuarzo rosa. Se lo encontró en la palma de la mano. Prácticamente no había podido dejar de pensar ni un solo día en él. Pero en la piedra en sí, con intensidad, en algún momento de todos los días, en lo que había depositado en ella y no en el hombre, Villon, en el que entonces pensaba para programarla. Ella quería que fuera un regalo muy especial y casi había a penas nadie entonces . Sólo ”ellos”. En dónde estaría. En lo que significaba el hecho que hubiera desaparecido de forma tan misteriosa… La Roja no lograba comprenderlo. Es que era imposible… Se lo había repetido tantas veces. Y había recorrido palmo a palmo esa habitación muchas otras.

Villon que sí tenía un cuarzo amatista suyo desde agosto, habia dejado de preocuparle en cuanto se desprendió del nuevo que le estaba programando para experimentar si podía conectarlos en alguna ocasión… El día que se lo regaló a su madre o más bien en el que la madre la convenció para que se lo diera a su hermano. O más exactamente, si nos ajustamos a la realidad, cuando la Roja ya sabía fijo que viajaría a la Meseta. Pero el cuarzo amatista no era la piedra del amor. Al contrario, se decía de ella que ayudaba a combatir la embriaguez…

Villon apreció el detalle. Quizá por la espontaneidad de la Roja al arrancárselo durante aquella cena. La Roja estaba alegre y se sentía generosa. Contenta de estarse allí charlando con él después de tanto tiempo de no verle, casi un año. De la Zurda, y de Verona, lo último por lo que habían alargado tanto este nuevo Encuentro. De eso y del Efecto tan desconcertante que operaba el influjo del Neptuno en tránsito sobre los humanos y de la enfermedad y del dolor… Fue un gesto que había ensayado mentalmente decenas de veces pensando en él y en Otro al mismo tiempo. Se estuvo más de un mes así. Deambulando con el alma. Como si con ello quisiera adivinar a quién de ellos le pertenecía. Pero Ella, o sea Ella misma, sus sentimientos, que la sacaran de la incertidumbre para poder decidirse por fin y entregarse a un sólo pensamiento amoroso alguna vez.

En el meridiano del verano la Roja tuvo la certeza de que aquellos tres hombres que le servían de sostén significaban algo. Fue una cadena de circunstancias asombrosas y fue lo que le insistió a la echadora de cartas que le revelase. Eso sí, mientras sostenían aquella extraña conversación acerca de exorcismos y aguas benditas, al lado de la cabina de teléfono del parque. Ya digo, de lo más surrealista. Dos desconocidas que acababan de encontrarse … Fue algo muy curioso el cómo se reconocieron. Por el detalle de una casa derruida y de un bolso que la mujer le dijo a la Roja que no debía posar en el suelo porque atraía a la mala suerte y de eso ya hacía 22 años.

La Roja que se tomó muy en serio esa prohibición, lo hizo a propósito todos los días de cada día de esos 22 años. Lo recordaba y posaba el bolso en el suelo mientras se sonreía como aquella primera vez. Parecía que le gustase sólo conocer las tradiciones para desafiarlas. Pero tampoco era eso. Era tozudez. No hagas eso -le había pedido la mujer. ¿Y por qué? – porque atrae a la mala suerte. Bueno pero a mí me da igual la suerte porque no creo en ella.

Y pasó a su lado en aquel preciso instante buscando una señal que le hiciera desprenderse, si o no pero sí o no, ya, de la piedra en beneficio del padre de Avellaneda (Olivares). De este nuevo cuarzo rosa que había venido a sustituir a aquel extraviado. Y sin importarle demasiado el hecho de que acababa de prometérselo hacía unos minutos al contestador de Villon… Era un caso y estaba echa un lío emocional. Una maraña como de selvas. Llevaba ya tantos años en la maraña… Siamesa primero en dos y luego divida hasta en tres partes.

Y la Roja que escucha aquello: ‘Es el diablo, te lo juro. Es el diablo. Lo sé que es el diablo. Lo mismo que la Roja había sentido tantas veces al asomarse el balcón del abismo al que se enfrentaba cuando se miraba en los ojos de Olivares. La misma mirada que le había hecho doblar la esquina y no seguirle justo un minuto antes. Entonces la Roja ni corta ni perezosa se giró en redondo y le estampó el cuarzo a la mujer en la mano libre apretándosela entre las suyas. Y obvia decir que la individua se quedó completamente boquiabierta e incapaz que era de articular palabra. Espera, espera , le dijo a la otra que estaba a la escucha del otro lado del teléfono tras superar el primer pasmo. Espera que me acaba de pasar algo increíble… ahora te cuento. ¿Y tú quien eres? Yo nadie -contestó la Roja. Es que te escuché y tuve que hacerlo…

Así sucedían tantas cosas en el mundo de la Roja: impulsos que sentía y seguía.

Y luego ellas que siguieron hablando y la otra que se decidió a colgar a la voz de un ya te llamaré más tarde, que esto de ahora es mucho más importante. Y la mujer cosiéndola a preguntas sobre dios y las tinieblas. Para descubrir si la Roja misma era una aparición de las babas de Satanós o por el contrario un ángel disfrazado de cabaretera. Allí tan preciosa esa tarde. Con la espalda y los hombros completamente al aire. La Roja nunca había entendido bien porque cuando Ella se ponía ese estilo de ropa se sentía tan desnuda como si fuera desnuda. La importancia del pudor. El extremo del pudor y el no pudor.

Vestida muy elegante y sexy, de negro. A la Roja le gustaba sentirse sexy desde que era niña. Yo voy de negro, le dijo acordándose de Anna, porque el negro es el único color que no quiero, o sea que no quiero la oscuridad para mí; como las flores amarillas quieren todos los colores menos el amarillo y ese es el que reflejan. La Roja iba tan guapa y aquella mujer la miraba con la boca tan abierta…

La Roja había tenido un presentimiento antes de salir de casa: ‘Hoy va a ser un día profundamente especial’. Se lo avisó un murmullo inquieto de mariposas mientras se preparaba y las cosas que se le caían de las manos. No entendía por qué pero lo sentía. Con un recogido de rizos y un chal de color marfil que agarró al vuelo en un por si acaso el frío de la noche…. Y la Roja, allí tan feliz, negociando lo que no se había imaginado tratando en su vida, aquello de sacarle a la del luto lo que ésta estaba empeñada en que se había convidado dentro

– Esta bien yo lo intento si tú quieres – le dijo una Roja muy inspirada, que seguía agarrada a las manos de la otra con firmeza y no aflojaba ni un milímetro para no dar la impresión de falta de carácter . No te preocupes que no me da ningún miedo -le aseguró. Es que era importante eso. Demostrar confianza en una misma. De verdad que ahora hay mucha luz y fuerza y si no puedo con ello tampoco te voy a cobrar nada. Así que poco puedes perder…

– Pero qué vas a cobrarme. Eso es lo que quiero saber realmente. Y quiero saberlo -quedaba claro que a la mujer aquello le resultaba inaudito.

– Nada, ya te lo dije y además te regalo mi piedra a ti si la quieres -volvió a repetirle la Roja en un acceso asombroso de generosidad que hasta para Ella misma lo fue. Siguió el impulso de decir esas palabras. Sólo únicamente aquello de lo que tú quieras desprenderte. Pero que sepas que lo único que yo necesito saber de ti es un Nombre. Eso es todo lo que quiero que tú me des a cambio y seguro que lo que tienes para mí

– Pero cómo tengo que decírte que yo sólo soy vidente, que no sé nada de nombres, que no te puedo decir ninguno, que sólo veo lo que me cuentan las cartas. ¿Y tú qué eres? ¿ medium o bruja?

– ¿Y qué clase de vidente eres entonces que no puedes decírmelo? Qué se yo lo que soy. Pero vidente como tú no – le contestó la Roja alzando los hombros como en un gesto de inevitabilidad. Algo raro. No tengo ni idea de quien soy ni lo que soy ni a dónde voy. Nunca lo he sabido, creeme. Pero me Encanta – y volvía a sonreír radiante- que hoy esté sucediendo por fin toda la magia de las casualidades…

Pero la mujer erre que erre, que quería que la Roja fijase una cantidad en concreto y la Roja que no podía hacerlo. Desconfiando del hecho de la entrega porque sí, y olvidando la magia misma de que hoy en día alguien no quiera cobrarte por algo, que lo único que quiera saber sea un Nombre, un jodido nombre. Cosas más difíciles -pensó la Roja- le habrán querido saber y la ‘hijaputa ésta’ las habrá pronunciado sin problemas… A la Roja no le parecía tan difícil. Si fuera al revés seguro que Ella si se sabría el nombre. Dímelo, por favor. Es que tengo que descubrirlo. Lo sé, lo sé, lo sé. Eso lo sé. Entonces la Roja le espetó uno, del que más dudaba…

– Un nombre. Un nombre -repetía la posesa desesperada-. Nadie me ha pedido nunca un nombre pero ese no es. Imagino por la misma presión de las manos de la Roja. Y esto que llevo yo aquí dentro del pecho es muy malo. No te haces idea de cuanto y dice que ese no es. ¿No ves que quiere acabar conmigo? – y se golpeaba el pecho de una forma muy trágica pero que a la Roja le parecía muy cómica. Claro que si la Roja estaba tan convencida de que podía ayudarla era porque sospechaba que aquello no era otra cosa que un angustioso ataque de soledad.

Y fue el mismo día en que la Roja justo antes de irse se hartó de que aquellos documentales que llevaba intentando bajar desde hacía más de un mes no fueran a ningún lado. Así que lo mandó todo al carajo y volvió a partir de cero. Necesitaba ver como fuera esos videos. Se le había metido en la cabeza que tenía que verlos porque también ahí había una duda importante que solventar. Ya desde antes. Y por eso los buscó. Pero de entre todos eligió justo aquel. Por una sola palabra que le recordó a Ella misma en otro tiempo…

Así que la Roja (la desconfianza y la discordia eran ese algo de siempre que la hacían alejarse) le dijo a la malamada del diablo: ‘Está bien. Haremos una cosa. Nos iremos las dos. Yo por el lado contrario del que te vayas tú. A ver, ¿ tú por dónde quieres irte…? Era su particular cara o cruz. y si la mujer elegía la otra dirección Ella regresaría al banco de nuevo en busca de Olivares y él comprendería que todo había sido un malentendido. Pero fue al revés… Y si nos volvemos a encontrar algún día… -terminó la Roja- ese día lo intento, ¿de acuerdo? Y eso acordaron, la mujer entre ya medio arrepentida, y cada vez más asustada, que la Roja se lo advirtió todo en la palidez del semblante. Pero también supo de sobra que para la del luto la oportunidad ya había pasado de largo. Lo mismo que para Olivares, que justo cuando la Roja dejó el banco que llevaba ocupando desde hacía más de una hora, ebría aún, con la sonrisa temblándole en el cuerpo y en los labios por él y por la risa que le dio que César llamase a Verona para contarle … y porque acababa de dejarle aquel prometedor mensaje a Villon y eso la llenó también de esperanza,… le hizo una especie de gesto seguramente para comunicarle que se iba con ella. Pero la Roja no le siguió. Dobló la curva creyendo que le encontraría justo delante de la cabina. Se coincidirían ahí porque aparentemente iban en la misma dirección y casi se lo arrojaría entre las manos para luego echar a correr con el corazón descabalgado calle abajo o por lo menos por delante de él… Así habían sido casi todos sus encuentros… pero en aquella curva se perdieron. Y aunque él sí que la siguió al día siguiente o al otro, eso no lo recuerdo bien. Ella ya no tenía nada que darle. Bueno o sí, otra piedra, la que fue a parar al día siguiente a la Zurda… le duraban poco en las manos las piedras esos días … pero que ya no era lo mismo de ningun manera porque Villon había contestado con un mensaje aquella misma noche y al jueves de la semana siguiente iban a verse por fin… No en Cefontes como Ella quería pero por fin. Todo era un lío para la Roja. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Quién de ellos es? -se preguntaba a todas horas. ¿Qué diablos tengo que hacer? Es que no lo sé.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s