MDXXI

enero 18, 2007

A la Roja la pierden las pollas y las casas de muñecas. Siempre se le estrellan los ojos como pajarillos desorientados, ante ese cristal en el que se detiene de camino al pub de siempre…¡oh Beleños, tus siervas te adoramos! Y en donde cursan su curso por el gaznate… las dos tostadas de siempre y el alquitrán asqueroso de diez o quince cigarros, que como cormoranes las acompañan. Esas mismas que suelen írsele a la Roja entre sonrisas bobas por el meato urinario y no por la boca, envueltas en cacahuetes, como a la Zurda. Di tú que menos mal que es la Zurda la que vomita y que esa va sola y no se entera de la fiesta, porque como tuviera yo que hacer vomitar a mi Roja… No, puedo asegurar que futuro como bulímica nunca ha tenido demasiado.

A la Roja le gusta la cerveza belga y solía gustarle aquel chico de la marca oscura en la pierna. El del nabo tamaño pingüino emperador. Ahora ya no. Ahora ya la de nadie que no sea ese extraño -dice. No, para comérsela, porque esa se basta sola y ahí reside la gracia, como una caperucita feroz. Pero esa niñabueeena, la de lo sueños de aquel que tenía los cojones leves está ayer en la barra. ¡Niña de los cojones! Y que mala vista tienen los pazguatos, que no ven más allá de esas caras bonitas a las que sólo les pone jugar con tu vanidad de perro andaluz. Y es que un día… sí, un día tengo que hablaros de eso que tenéis los hombres en los güevos y que llamáis ideales…

La niña-princesa-bueeena, mándala de cuento de hadas, mira a la Roja. La niña-princesa mandil de camarera de mentirijillas tiene boquita de pez y mi Roja mandril pasa. La niña milady fue más lista que la boba de mi Hermana.

La Roja ha abandonado su hábito recién adquirido de ir al gimnasio. Yo quería que lo reanudara otra vez ayer pero me ha espetado:

– No pienso volver este mes. Vete tú sola si puedes.

– Pero y tú cuerpo…

– ¿Qué le pasa a mi cuerpo? Está perfecto así y el que no quiera que no mire.

– Roja, por favor, tienes que cuidarteme.

– No. Olvídalo. Este mes soy loca e inconsciente. Y además ese payaso me tiene harta.

– Pero tía, si él no te ha hecho nada. Te trata de puta madre y lo único que quiere es follar contigo.

– ¡Jo-der! Puta testiga ‘delcorasausagradodejesús’.. No seas coñazo. No voy porque no soporto sus chistes verdes de mierda. Tiene la gracia en el culo. Y el culo le huele mal. Yo creo que ya sólo los cuenta por amargarme la existencia, ¿o no ves como no me mira cuando lo hace?

La Roja está insoportable. O ronronea y gime como un bebé engastado en ese almohada de sus buenas tardes y madrugadas o … Y hecha una tirana. Se me viste con esa ropa negra… la Roja tiene debilidad por lo oscuro… y ni siquiera me invita a irme con Ella, como antes, o como antes… cuando para todo no era yo y entonces era su Alma…

La Roja dice que no me necesita o que quiere estar sola. Y entra a comerse el menú del día en pizzerías donde el teléfono está fuera, en una cabina rota por la que penetra todo el sal del mar y la angustia del frío del Norte. Y sin embargo la Roja nunca ha estado tan Acompañada…

– Estoy contenta. Por fin tengo ‘las colegas’ de las que siempre quise rodearme.

– Pero son invisibles.

– ¿Y qué? Las eché de menos en la infancia.

A veces la sigo y la observo a una distancia prudente. Puede que sea una rareza pero me gusta observarla. No es flaca pero flaquea. Yo sé que lo hará pronto pero tarda….

Y a veces la interrogo por Saramago… ¿ya no lees su Memorial? No -responde. Lo dejo para las penas. Como antídoto para las jodidas putaspenasnegras. Porque la Roja sabe, eso me consta, en el fondo sabe. Ha visto demasiado. Le vio a él feliz, bello durmiente tranquilo, agarrado a esa cabeza femenina que no es la suya. La cabeza con la que comparte sentimientos y pensamientos reales. Es que esto del amor está muy bien. Pero las criaturas de la imaginación no tenemos derecho a ello. A su naturaleza verídica. El tacto confesable y constante. Los besos que sólo son de cariño y no viven esperando Ser realidades.

¿Y por qué ahora no quiere jugar con los hombres? Ya sé, le gusta hacerse la inaccesible porque no está desesperada. En fin, no es mala táctica y los hombres siguen deseándola. Y enciende un cigarrillo siempre con la mano siniestra, con los mismos dedos que le sirven para sujetarse el bombín del mago de Oz. Al coño, siempre al coño. Aunque eso sólo a mí le guste susurrármelo…

Definitivamente tengo problemas con mi Personaje. Y entonces la Roja pasa al contra-ataque: ¿Tendrás esa cita con Max? -pregunta con esa mirada de zorra Roja que su madre le hizo creer que tenía desde la infancia. ‘Mira, no me mires así’ -le aseguraba la madre sentada a la diestra del Dios padre cuando éste no estaba. ¡Qué hija de puta eres! ¡Eres tan hija de puta como tu puto padre!

Al parecer la Roja y el hijo de puta del padre la miraban de la misma manera. Con una insistencia dura, que era a los ojos, pero que en el fondo era un gancho directo al páncreas. Y tal vez por eso la madre no sabe lo que es el amor cuando el amor golpea con su brazo en cabestrillo y a una se le anudan vendavales al alma…

– ¿Escribirás Kasandra?

– Escribiré Roja, lo haré. Te volveré a llevar a esa Meseta de la mano. Pero ¿sigues celosa y preocupada? No quiero hacerlo si no lo tienes claro.

– No, no tanto. Ya sabes como soy, que no me fío ni de mis Nadies.

– Pobre Nora -le digo. Ahora la estoy entendiendo. Pero yo no soy una adicta a la traición Roja. Sólo a ti te provocan esas alambradas. Te recuerdo con las caras interiores de tus muslos llenos de moratones de tanto estúpido salto. Y venga prepárame algo para nuestras ambigüEdades … eso es más cosa tuya que mía, y yo tengo que ponerme con lo de esa fecha del trance de ayer. MDXXI, ¡qué curioso y extraño!

KSNDR

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