BELLEZAS

enero 30, 2007

”’La imaginación consiste en expulsar de la realidad a varias personas incompletas para, echando mano de las potencias mágicas y subversivas del deseo, obtener su retorno en forma de una presencia enteramente satis­factoria. Entonces es lo inextinguible real increado”’

René Char

EN ESA POSCION

(15h42min)… Se me ocurre que a lo mejor tú todavía no hayas probado la sensación de follar con un cuerpo embadurnado en vaselina de menta. Sería como si dos delfines follaran en un mar blanco con sabor a albahaca y con olor a clorofila. Así nos olvidaríamos del cuerpo y hasta de lo que nos duele… y reiríamos dichosos como niños. Lo sé.

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La primera vez que quedé con un desconocido no existió el deseo. Quedamos en un hotel de mi ciudad. Y a una hora del encuentro, sin haberle escuchado nunca ni… y lo más que había visto era una fotografía… una fotografía suya de hacía unos diez años… Cuando tenía 42 o 43 o tal vez 44. Y a una hora del encuentro recibo un mensaje que dice: ‘Compra vaselina. Lo que hay en el baño es para ti’… (risa nerviosa al tomar contacto con el momento)… En aquel momento se me heló la sangre. No me imaginaba para que íbamos a necesitar la vaselina. Estaba aterrorizada… Me imaginaba un consolador bestial. Eso es lo que pensaba que encontraría en el baño. Pero cuando observé la habitación, la habitación estaba a oscuras y él me estaba esperando en la cama desnudo. Y pasé al baño. Sólo era un libro, un libro de fotografías, de desnudos fotográficos, de un fotógrafo maravilloso pero del que ahora no recuerdo el nombre. Maravilloso… y no había nada más en aquel baño… una claridad opalina… Recuerdo eso y calor. Era junio. Y yo sangraba. Es que llovía, afuera llovía. Y al ir a cerrar el paraguas me hice daño en una uña. Serían los nervios. Y no podía… no podía detener la sangre. Recuerdo eso, el sabor de la sangre en la boca. Luego salí del baño y … caminé desnuda con timidez, hasta la cama, hasta el borde de la cama. Me acosté muy despacio. Me acosté sin que él se moviera. Y me quedé muy quieta. Boca arriba. No había ninguna luz. No había ningún olor particular, en particular… y lo único que… y yo a lo único que sabía era a sangre, a sangre y a angustia. Hasta que su mano empezó a moverse muy despacio hacia mí. Acarició mi mano. A partir de ahí fue acercándose más. Hasta que sus brazos atraparon mi cuerpo. Y comenzó a darme placer. Moviendo sus labios y sus dedos por entre mis labios, por entre mis labios mojados. Siempre me excitó el peligro.

Lo de la vaselina vino luego. Debíamos llevar juntos… más de una hora.

Yo me había acostumbrado… mis ojos se habían acostumbrado a la penumbra. Le vi levantarse sobre mí… y dejó caer sus mechones de pelo blanco… No. Yo recorrí su pelo blanco con mis ojos. Entonces abrió un cajón de la mesita y agarró un tubo. Era vaselina. Vaselina sin sabor. Vaselina blanca, normal. Entonces empezó a frotármela por el pecho. El contacto era frío (aquí se escucha un estremecimiento). Luego por todo el cuerpo. Por los brazos, por el cuello, por el vientre, por las piernas… y a lamérmelo todo y de pronto éramos como peces en un océano, como peces en un océano…. Yo quería que aquello se detuviera porque era la intimidad más espantosa con la que nunca me había encontrado. No le deseaba. No le deseaba y la barrera entre nuestros cuerpos había desaparecido. Tampoco voy a decir que fue horrible por él. Sólamente extraño o desagradable pero porque no era la persona indicada. Sólo por eso. En realidad, la experiencia resultó enriquecedora. Eso en concreto, la vaselina. Pero yo me equivoqué. No debí acudir a aquella cita. No debí ir sin deseo. Y reír, le vi levantarse sobre mí y reír. Derramando sobre mi cara sus mechones de pelo blanco. Tenía un pelo que era una rareza. Era un pelo rebelde, vigoroso, en el cuerpo de un hombre político. Él decía que era de izquierdas pero que cuando se planteó la posibilidad de realización de sus proyectos… supuso que sólo la derecha, con la derecha podría llevárlos a cabo. Y eso hizo. Dice que hizo una política de izquierdas bajo un gobierno de derechas. Su pelo… daba casi el testimonio de que había sido así. Era el pelo de un inconformista, de un rebelde, de un revolucionario. Fue el primer y el único hombre que me dijo que no sabía que iba a ser de mí… ‘de aquí a dos años’ … Ya han pasado cuatro. También me habló de aquella amiga suya, una mujer poeta… la mujer más inteligente que había conocido. Me dijo que lo era porque tenía un tumor cerebral… que su tremenda inteligencia la había matado… y luego me dijo que me lo contaba porque yo le recordaba a ella… aaah… a su amiga-amante… Debió ser la única mujer que había admirado por encima de él. Las demás eran como bellezas, las admiraba como bellezas. Bellezas inteligentísimas y cultas pero bellezas… y de aquella otra mujer no, de aquella otra mujer admiraba su tremendo tumor. Me lo estaba contando con dolor real. Y ese fue el hombre que me enseñó aquello, como follar como los peces, como romper la barrera de los cuerpos.

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