un principio sobre el Desamparo

febrero 4, 2007

Eugenio Recuenco

El Desamparo es el marido de la Abulia.

En este caso lo es.

Yo le conozco hace 19 años.

Ella me lo presentó.

La Abulia y yo coincidimos aquel año en el instituto nocturno, en el aula de inglés. Nos sentábamos juntas y nos reíamos de su incapacidad y de la mía para comprender a aquel surfero calvo, porrero de pro, que por aquel entonces acababa de cumplir los 31 y que tenía entre las piernas el bulto más largo de la historia de la enseñanza. Seguro. Es que juro que aquello era atroz, una inmensidad y que un poco más y casi nos habría servido para jugar a la comba en los intervalos entre cambio de clase y clase en los que saliamos a fumarnos el pitillo de turno para despejar. Yo le calculé, así a ojo, como unos 35 centímetros de mango y de un grosor bastante aceptable. Vamos, que el tío tenía puntos como para llevarse un Oscar por lo fálico, mirase desde la perspectiva que se le mirase. La regla no la saqué para medirlo, que todo hay que decirlo pero los cálculos mentales no podía evitármelos. Le barruntaba y aunque de aquella estaba muy emorada de Enol, mi primer gran amor, absolutamente idílico… ya en aquel entonces no tenía problemas para desear a dos hombres a ratos.

Hasta que un día en una de mis aproximaciones (carajo, que suerte tuvimos, que encima era nuestro tutor) logré que por error, aunque aún lo dudo, me rozara un pecho con un dedo, suavemente y que suavemente se ruborizara y solicitara mi perdón. Fue mi máximo logro porque tenía una novia joven y sexy de nuestra edad, una pija de una localidad cercana, y se le notaba que iba bien follao, el capullo; además de estar como muy enamorado, porque con los años han seguido juntos y hasta se han mudado a una ronda de edificios cercanos a la calle donde yo crecí. Vamos, que de aquella para que cometiera un desacato con una de nosotras lo llevábamos claro. Si esperábamos por algo así, y vaya que si lo esperábamos, por mucho que yo o cualquiera le pusieramos el culo en pompa a la hora de acercarnos a su mesa con la excusa peregrina de que nos explicara el asunto más absurdo que se nos ocurriera. Y eso que a mí de vez en cuando me daba la sensación que de con tanta tensión sexual que se generaba entre nosotros nos íbamos a poner los dos a levitar allí en presencia de todo el mundo.

Pero a la Abulia le dio por lo de siempre. Luego con el tiempo me lo demostró. Estar pero traicionar. Reír contigo pero criticarte como una jodida arpía. Despellajarte y engañarse… lo que más.

De todas formas a mí me gustaba algo en Ella y me la quedé. Creo que siempre he sabido aceptar a las personas como eran si sus como eran en lo peor me compensaban los buenos ratos que pasábamos juntas. Y con Ella se insertó en mi vida al par de meses el Desamparo.

El Desamparo fue la última adquisición de la Abulia cuando se quedó sin aquel otro que trabaja de chofer para una marquesa y le hacía de taxista y meneaba a la Abulia por las romerías y las discotecas y le evitaba el autobús. Porque la Abulia vivía en la aldea y se avergonzaba y total éste le salía gratis porque decían que era maricón. En los pueblos a los hombres que aman a los hombres se les sigue llamando así. Ya entonces tenía esa manía la Abulia. Sentirse de menos además de por ella misma por lo inevitable de los demás.

En resumidas cuentas, y haciendo por ahora un salto de 19 años, precisamente, el marido de la Abulia después de ”escucharnos” en esos audios de la segunda parte del cuento de la Abulia me escribió este correo hace unos días:

A lunes, 29 de enero del 2007

Tengo que volver a escuchar los audios sin prisa, con calma, solo, sin público, y recapacitar sobre lo que en ellos se dice, me parecen muy interesantes, dan a ver a las claras toda su evolución con respecto a mi, hay cosas que me sorprenden, aunque no tanto, mas bien me explican cosas que no entendia, por ejemplo lo de avergonzarse de mi, jamas hablaba de mi con nadie si no era para humillarme o para despreciarme, jamas ha tenido un elogio hacia nada de lo que yo hiciese, eso no era capaz de entenderlo, sobre todo cuando yo estoy, o estaba, continuamente hablando de ella, orgulloso de lo que hacía, orgulloso de que ella estuviese conmigo…. la queria con locura…. Ahora la quiero, tanto como antes, pero desconfío, no acabo de creerme este cambio, ¿sera otra de sus ventoladas pasajeras? me aterra pensar que si, que tenga que volver a irme, que tenga que volver a perder lo que ya perdi una vez, ahora soy mas o menos feliz, a mi manera, aprendí mucho de aquella experiencia, y ahora sólo vivo el momento, no pienso mas allá de hoy, o a todo lo mas mañana, Si hoy esta todo bien, para mi estupendo, ¿mañana?… ya se vera, no me importa…

Gracias por mandarme los audios, me hacen pensar que el cambio es con una intención rotunda de que perdure, y no sabes lo que me alegro…Gracias.

Un Beso

* Este es uno de los cuentos interactivos que no son literarios… están previstos para trabajar con ellos, con sus propios protagonistas… en un proceso que me imagino resultará arduo… Son cuentos que se escriben para tratar de dar un giro a la historia, para cambiarles el nombre… y no siguen más lógica que la que recomiendan los acontecimientos por venir

KSNDR

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* Y esos audios por ahí andan, como la Abulia misma…

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