– LENNY kRAVITZ & BASQUIAT –

marzo 4, 2007

Basquiat

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Lo siguiente sólo es una transcripción de un primer sueño que me regaló Alguien hace un par de días. Una improvisación. El texto surge del deseo onírico de formar parte integrante de ese sueño… Lamento la redacción pero es posterior al sueño, a la voz, al Encuentro. Es decir… no pensaba, sólo estaba sintiéndolo. Dicho esto…

Él me dijo que si alguna vez regresaba a Madrid… le gustaría llevarme a algún sitio estimulante. Era algo estúpido. Para mí todo lo estimulante que sucedía tenía que suceder en una cama y con ese hombre ya era imposible. Aún así en mi sueño tomaba un autobús fantasma, que me desembarcaba una medianoche en la estación Sur.

Él estaba allí esperándome cuando el chófer, un esqueleto, parlante, que rezongaba contra el tráfico infernal, se despidió sonrientemente de mí y castañeó los dientes. El hombre, bajo, con un bigotillo estrecho y de nuevo la cabeza rapada me recibió frío, porque sus púpilas lo eran y caliente. Porque su panza contra mi vientre me lo dijo. Pegó sus labios a los míos y su aliento, cálido y antiguo quiso atravesar mi paladar. Pero yo le pregunté por ese lugar estimulante. Tenía una intuición. Así que atrevesamos un andén y fuimos a atrevesar aquellos bancos poblados por los fantasmas de los inmigrantes y los sintecho. Y tomamos un taxi. El mismo taxi que yo tomé aquella vez. El taxista me reconoció en seguida. ¿Otra vez por aquí? Pero mi hombre le dijo: llevenos al Pájaro Azul. Había neones y los compases de Lenny Kravitz me recordaron unos tacones en una plaza. Horas y horas de Lenny Kravitz… en la antesala del deseo y el dolor.

El antro estaba muy oscuro. Y las paredes estaban decoradas por litografías de Basquiat. ¿Te gusta? -me preguntó él.

basquiat

No demasiado -le dije yo. Aún así mi corazón latía. Había gente distinta a la que suelo encontrar en las noches de mi ciudad. Él saludó a algunos hombres. Me llevaba de la mano. Y yo se la entregaba tal como se la di la primera vez. Sintiendo que era una mano regordeta y demasiado pequeña para las mías. Yo que tengo dedos de pianista reumática. Con esos nudos filosóficos que siempre me han acompañado. Voy al baño. Estábamos en la barra. ¿Qué quieres tomar? Me apetecía algo dulce. Tía María. Entonces me fijé en un hombre que estaba con un amigo. Me llamaron la atención sus ojos. Eran azules. Y me recordaron a … los de un extraño que me amó. Lenny Kravitz acompasaba su mirada. Tuve la sensación de que ésta era febril. De que toda su piel era febril. Mis sentidos empezaron a funcionar. Y en mi sueño me pregunté si ese extraño podías ser Tú. Su amigo al darse cuenta de la fijación con la que él miraba hacia alguna parte… se volvió en mi dirección. Yo me había encendido un cigarrillo. Y jugaba con el borde de mi copa. Por un momento me acerqué al pecho el vaso con el hielo. Y luego también lo hice resbalar de las sienes a la mejilla. Sentí mi temperatura aumentar. Fue lo que más sentí.

Llevaba una camiseta que no lo era. Porque apenas era un top. Negro. con un escote drapeado y profundo, que dejaba mis hombros y toda mi espalda al descubierto. Mi acompañante regresó a mi lado. Y me sonrió. Con esa sonrisa que parecía no querer decir nada más que.. alta eres, que guapa, que sofisticada. No me lo puedo creer.

Esa noche era la que había elegido para darme a probar el éxtasis. El éxtasis fue lo que había pensado para mí desde la primer vez. Me dijo: tú con éxtasis, con lo emocional que eres… tienes que ser una maravilla. Así que lo acepté.

El extraño de ojos azules quedaba en ese instante a mi espalda. Le dije a mi acompañante que por qué no nos acercábamos hacia la esquina donde él estaba con su amigo. Así podríamos estar a menos de un metro. De profundidad. Cuando eché a andar bajé los ojos al suelo. Fue un gesto instintivo. Y Lenny Kravitz seguía sonando.

Mona Lisa Baquiat

La caricatura de MonaLisa decoraba aquella especie de mesa que era como un balda de mármol. Estábamos tan cerca. Mi acompañante, el extraño y su amigo y yo que casi podíamos rozarnos, como si perteneciéramos al mismo grupo. Mi falda era corta. Y ese día llevaba tacón. Unas botas crema de media caña. Sentí que despertaba en él sensaciones mientras jugaba con mi cabello, rizado, muy rizado. Porque justo acababa de rizármelo para la ocasión. Me subí a un taburete y crucé mis piernas. El extraño… parecía delirar con ellas. Supe así que las piernas de las mujeres le fascinaban y formé con las mías algo que muy pocas mujeres pueden hacer, que es un ocho. Yo le miré las manos. Brillaban. Cualquiera diría que estaban sudando. Mis ojos se movían de sus ojos a sus manos, de sus manos a su sexo, de su sexo a sus labios, de sus labios a sus ojos, de sus ojos a sus manos de sus manos a su sexo de su sexo a sus labios de sus labios a sus ojos de sus ojos a sus manos. Hasta que mi acompañante bastante molesto y sin dejar de acercarse a mis hombros y a mi cuello con su boca me susurró: ¿quieres que te deje sola? Por un momento me aterrorizó la idea de ir a quedarme sola contigo y con tu amigo. Pero por otra parte el instinto me decía que no tenía nada que temer. El éxtasis no me hizo ningún efecto. Ni siquiera era éxtasis. Ni siquiera era un hombre. Ni siquiera era un sueño. Entonces te pedí fuego. Tú me sonreíste y me dijiste que no tenías pero tu amigo, presto, se sacó de la chaqueta un encendedor. Resultó que tu amigo que era psicólogo y mi acompañante que también lo era, se conocían, de nombre. Y empezaron a hablar mientras yo seguía con mis ojos fijos en tus ojos y tus manos sudaban sudaban sudaban. Se te notaba avergonzado pero … entonces me acerqué a ti, a tu cuello. Cerca de tu lóbulo. Te pregunté: ¿te encuentras bien? Pareces enfermo. Tu voz fue apenas un débil susurro que se perdió por entre la música de Lenny Kravitz y tu aliento me acarició. Ven. Dámelas. Las puse sobre mi pecho y yo misma traté de secártelas sobre la tela de mi top. Al contacto con la suavidad de tus manos, mis pezones se sobrexcitaron. Era palpable que no llevaba nada debajo de la ropa y tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú tú seguiste acariciándome. Cada vez más seguro de ti. Y ya nada pudo impedir que aquella noche Lenny Kravitz, Basquiat, tú y yo hiciéramos el amor en aquel lugar. A ti no te importó nadie y a mí sólo me importaste tú.

2 Responses to “– LENNY kRAVITZ & BASQUIAT –”


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