– ¿Qué secreto guardo para mi juguete yo? –

marzo 19, 2007

– del diario de KSNDR – xx –

 

Mañana del día 19 de marzo. Hace un día de mil demonios. Un ventoral fortísimo y el granizo golpeando con su hielo acústico el entablillado de la persiana. Aquí siempre hay rendijas y por eso siempre entra el frío de la calle. En otras casas tienen aire acondicionado o un radiador, o calefacción central. Yo tengo frío. Anoche…

habitación

 

Intento variar los hábitos, así que me vengo a la cama con un cuaderno impreso en ideogramas chinos y en inglés y un libro de Pizarnik. Me tumbo boca abajo.

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Esta tarde también me la he pasado aquí. Pero sin cuaderno, con una china de hachís, con la que me obsequiaron apenas dos niños por la calle. Ayer en otro pueblo. Y mil velas, como si fueran templos. O sea dos, y lo otro lo compone la imaginación y mi ruidoso juguete para el placer; mejor casi que cualquier hombre silencioso y parco en amor, más hábil, más incansable. ¿Qué secreto guardo para mi juguete yo?

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Pero no venía a nada. Venía a masturbarme. No venía a hablarle. Pero fue lo que hice. Insultarlo. Confesarle que estaba muy jodida muy jodida, tan jodida como ya no recordaba haberlo estado. Y llamarle cabrón. Repetírselo, de una y otra manera. Y entonces decirle que si nos viéramos otra vez y esa fuera nuestra segunda vez le escupiría a los ojos. Es que le recuerdo dándose la vuelta con toda esa transparencia con la que me engañó, con su dulce aire de inocencia leve, y con ese trote casi angelical con el que le vi partir y repetirle y repetirle te detesto, te detesto, te detesto, tedetesto, tedetesto, te detesto, tedetestotedetestotedetestotedetestotedetesto… Hasta que dejó de tener sentido hacerlo, hasta que lo único que me escuchaba era rezar como en una letanía sorda, te detesto, te detesto, te detesto, tedetesto, tedetesto, te detesto, tedetestotedetestotedetestotedetestotedetesto… hasta comenzar a gemir y a tocarme e interrumpirle, porque para los dedos es él quien lo hace, e interrumpirle para contarle entonces de mi rabia, tanta rabia. Me gustaría pegarte, asesinarte, enzarzarme en un combate mortal y sangriento contigo, donde sólo existirían las lenguas, las salivas, los besos. Tu pecho, el mío. Tus brazos otra vez, los míos. Nuestras piernas enredándose. Te pegaría así, caliente y y turbia y azotada por esa demencia de la tramontana del Deseo.

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Fantaseo con una cita distinta, con un yo diferente que no se dejaría arrebatar por el candor de sus pasos cautos. Le digo que ya no le recibiría desnuda, que me pondría ropa interior, la más provocativa que encontrase, la más difícil de arrancar, y esas botas de tacón de mi amiga que la tarde anterior paseando por aquel pueblo le hacían las piernas tan bonitas. Sólo que yo llevaría esa mini vaquera que es como un cinturón, que me vestiría de zorra, para que me tratara como a una zorra, como a la más zorra de las zorras pero una que uno se encontró en un laberinto vegetal y no en una triste habitación de hotel. No volveré a viajar 500 kilómetros para encontrarme con ningún hombre.

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Levanto los ojos. El libro de la Pizarnik reposa abierto sobre una almohada y son esas palabras y no su mirada de perro siberiano manso, palabras que firma A. P. de Mandiargues, las que me sacuden, bellísimas, desde la contraportada.

mandiargues

‘Releo con frecuencia sus poemas y los doy a leer a otro y les tengo amor’.

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Ese Mandiargues que recibió el Goncourt por ‘La Marge’ y la obsesión de aquel hombre de negocios felizmente casado con una prostituta caprichosa…

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No me he decidido todavía sobre lo que hacer con la nueva bitácora. Esa que sólo conocemos Nora, Susana, yo y el espía. Eso, espía escrito así sin educación. Detrás de mí. Olfateando el terreno de mis pasos virtuales. Porque lo que más me jodió de todo fue el espía. Como me jodió la otra tarde esa invasión a mi teléfono. La de ese mensaje de condolencia que no supe a quien pertenecía. ¡Quién me mandará a mí borrar tantos números cuando decido desprenderme para siempre de la gente! Pero me molestan. Me molesta hasta ver sus nombres asomarse por la agenda del teléfono. No lo puedo evitar. Y no es que yo ande dando mucho el teléfono por el mundo pero a veces lo he hecho por algún motivo. Y ese decía algo como ‘sorpresa al leerte y saber que te ibas. Lo lamenté pero lo entiendo … ‘¿Ah sí? Pues toma, jódete tú, por listo, ahora no me voy. Para qué si no pude desprenderme del espía, que era lo único que quería. Además ¿entenderme de qué? ¿tú qué sabrás lo que sufro?

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Entonces vuelvo a levantar la vista y continúo leyendo:

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chinchilla

‘Son lindos animales un poco crueles un poco neurasténicos y tiernos son lindísimos animales: hay que alimentarlos y mimarlos son preciosas fierecillas cubiertas de piel, quizá una especie de chinchillas: hay que darles sangre de lujo y caricias. Tengo amor a tus poemas; querría que hicieras muchos y que tus poemas difundieran por todas partes el amor y el terror’

la condesa sangrienta

Y sé que en este libro me espera la Báthory y su ‘Virgen de hierro’, la réplica de un famoso autómata que había en Nuremberg y que la sangrienta condesa adquirió para su castillo en Csejthe. Y dice Alejandra..

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‘Para que la ‘Virgen’ entre en acción es preciso tocar algunas piedras preciosas de su collar. Responde inmediatamente con horribles sonidos mecánicos y muy lentamente alza los blancos brazos para que se cierren en un perfecto abrazo sobre lo que está cerca de ella –en este caso una muchacha –. La autómata la abraza y ya nadie podrá desanudar el cuerpo vivo del cuerpo de hierro, ambos iguales en belleza. De pronto, los senos maquillados de la dama de hierro se abren y aparecen cinco puñales que atraviesan a su viviente compañera de largos cabellos sueltos como los suyos. Ya consumado el sacrificio, se toca otra piedra del collar: los brazos caen, la sonrisa se cierra así como los ojos, y la asesina vuelve a ser la ‘Vigen’ inmóvil en su féretro’.

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Y entonces me acuerdo del ridículo espantoso que hice cuando yo aún nada sabía de la Pizarnik ni de los pavorosos efectos de la disonancia cognitiva. Afortunadamente me sentí tan horrible entonces, incapaz de confiar en aquel hombre, que en vez de ser uno le gustaba hablar de si mismo como de tantos por cientos de si mismo; te hablaba de sus porcentajes y mientras tanto mentía. Esa fue la conclusión algebraica que obtuve de él: mentir con tal de follar. Mentir y ser cobarde. Pero seguro que para sí era ser sólo ser cobarde y apenarse de mentir tan cojonudamente. Porque ¿nos conforman las mentiras?

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Pues entérate, a mí me importa tanto tu mentira, si fuiste tú quien quiso jugar conmigo… como este frío que se cuela esta mañana por las heridas de la ventana. Ya ves, nada. Soy yo quien la mantiene obstinadamente abierta. ¿Qué pasa? Me gusta sentirme espartana. Y Nora dice que tuviste que ser tú por el último correo que le escribiste donde tan apropósito casi te delatabas. La verdad, que todo hay que decirlo, que yo me quedé fría cuando lo vi. Por eso la tienes alucinada e insiste en la teoría de que no me perdonaste que no viajara para verte a ti. No lo sé, yo lo dudo. Me pareces tan vago para el ”amor”. Di tú que ‘tus estudios humanos’ igual son otra cosa. Vale, pues entonces que lo sepas… después del Amor, en mi memoria ya sólo queda espacio para los instantes de tu pereza. No volveré a ponerme en contacto contigo ni sabrás jamás de mí.

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¿Cómo se encuentra un asesino? ¿Por dónde debería iniciar la búsqueda? Desde luego un caníbal no lo quiero. Aunque no deja de ser una idea romántica y tan a tenor con esta lectura ..

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‘Un día que paseaban por los jardines del castillo Nadasdy, guerrero de extraordinario valor, vio a una niña desnuda amarrada a un árbol; untada con miel, moscas y hormigas la recorrían y ella sollozaba. La condesa le explicó que la niña estaba expiando el robo de un fruto. Nadasdy rió candorosamente, como si le hubiera contado una broma’

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Y recuerdo la parodia de aquellos versos que anoté sobre un sobre. Esos que hablaban de la cortesana oriental y el séquito, y las escalinatas y la lluvia de magnolias y el aroma de éstas que lo impregnaba todo..

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Y también de ese inicio de relato que habla de toda una manzana contemplada por una mujer que observa con satisfacción su cruda decadencia… En la otra bitácora aún no ha surgido su nombre pero ya he escrito la parte donde Ella mira hacia un lado y al otro de un pasillo. O lo haré hoy. Y tengo que recordar especialmente que a partir de mañana Kasandra será una cloaca donde habiten los monstruos de mis peores pesadillas. Y que no debe importarme lo más mínimo lo que pueda pensar nadie, ninguno de vosotros, que quizás leais estas líneas. Porque lo importante es el sentimiento de la liberación, del desligarse… Escribir automáticamente. Con escritura automática. De esa escritura que se utiliza casi solamente para contactar con los espíritus. Y no me gustaría de ningún modo que el espíritu de la Báthory se me apareciera esta noche ni ninguna otra noche. Podría morderme en el hombro para escuchar mis alaridos, como dicen que hacía con sus sirvientas, y luego masticar los destrozos de mi carne mientras mágicamente su jaqueca cesaba.

gotico

 

Entonces surge como arrastrada hasta la playa la noche de una frase: ‘El cuello de mi deseo’. Y habría sido precioso poder creer que nadie quería vengarse de mi sangre desaborida y que todo lo que no sucedió en estos dos últimos meses era anaranjado y lila.

Vampire

Además el otro día volví a colarme sin querer en el foro. Estaban hablando todavía de mí y de Gregorio Verdugo y venían a decir que habíamos salido huyendo, que por lo menos él tenía una página duplicada pero que yo había salido huyendo como si sólo lo único que me importase fuera el dinero y no escribir. ¡Qué necedad tan grande experimenté en esos ladridos atroces y ya lejanos de la jauría! Pero sin sentir ningún deseo de rebatirlas. Sólo la curiosidad del por qué alguna gente puede nacer y morir tan nimia, tan pacata. Y cuantas cosas ignoran (ignoramos) que no se molestan en tratar de entender. Y luego igual ellos hasta son felices viviendo en esa ‘sinrazón’ y tú no.

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Por ejemplo yo querría entender una. Eso del espía, ¿qué motivación puede suscitarse en alguien para perseguirte de esa nauseabunda manera? A lo mejor es mi creciente incapacidad para revolver en las carteras y en las privacidades de las gentes lo que en este caso me inhibe la comprensión. No sé pero qué podrá importarle a alguien lo que tú escribas, o digas, o sientas si no lo sientes con él. A mí no me importan ninguna de esas cosas. Es más, tengo épocas en que me esfuerzo porque me importe otra vida que no sea la mía pero luego lo desestimo porque todo esfuerzo en ese sentido me resulta insoportable y estéril; y eso es lo que me ha demostrado sobre todo este concurso. Como aquello del ojo rojo… decir que soy como un pozo con poca agua… Pero si yo adolezco de lluvia precisamente y no de información. El problema es que no estoy lloviendo. Pero es mi problema. La información está ahí a tu disposición en la barra del buscador del Google, ”en los telediarios” … y tu carencia, entonces de ella, muestra solo tu inquietud, o su falta. No me quieres leer, no me leas. Es simple y llano. ¿Pero utilidad de la información de esta bitácora? Nada, cero, ninguna, por supuesto, a no ser que se tenga intención de acostarse conmigo. Yo no soy ni ambiciosa ni interesada. Vamos, ya para rematar la faena era lo que me quedaba. ¿Cómo dijo aquel? Sigue siendo tan linda, que es como decir: sigue siendo tan inútil, tan basta en tus eriales, tan incauta en esa busqueda imposible del macho ejemplar. Y siempre he escrito única y exclusivamente para mí pero para acostarme con ellos. Porque desde hace mucho siempre ha existido alguien y nunca ha existido ningún otro motivo. ¿Eso es lamentable? Muy probablemente pero y qué. Lo que no voy a hacer es contarte películas. Si hay esta sequedad y esta desertización esto es lo que hay. Y si mañana mi mundo emocional cambia pues habrá otro diluvio que durará lo que durará. Y por eso esta necesidad de un asesino. Que todavía no es frenética pero muy probablemente lo será. Asi que marcharos todos, joder. Y dejarme en paz. Porque a mí me sobrais todos, desde el primero hasta el último. No sois quien teneis que ser y yo no quiero que me crucifiquen ni que me lapiden. Yo lo que quiero es tan simple como morir sonriendo y satisfecha como un bebé. Recorrer simbólicamente el estrecho pasillo del útero pero al revés.

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Erzébet, dice Pizarnik, que vivió más de tres años casi muerta de frío y de hambre, y que nunca mostró arrepentimiento ni tampoco entendió por qué la condenaron. Pero bueno, ¿no quedamos en que estaba loca? Y puede que hasta tuviera un tumor cerebral, ¿o tú has tenido la suerte de no asistir ni en tercera persona a una de esas degradaciones, tan horrendas, de la individuo? Entonces qué putos juicios iba a entender la pobrecilla emparedada. Y finaliza diciendo que Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la critura humana es horrible.

Bathory

‘Murió al anochecer, abandonada de todos’ -dijo un cronista de la época.

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Pero yo mañana continuaré mi tránsito con Manuel por entre el cinabrio. Y no me preocuparán los que se ocupan de estimular y esclarecer la fabricación de los mitos. Servirse de una leyenda maldita, ¿para qué sirven las leyendas?

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No sé desde que glándula o por qué intestinos ocurre el infierno. Y tampoco sé desde que glándula se regresa de él como a un vientre hermético. Lo único que sé es que el orgasmo de esta tarde me reconcilió conmigo misma y con mis mentiras y que después, por fin, dormí mucho.

Pizarnik

No puedo hablar con mi voz sino con mis voces.

Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo.

Un canto que atravieso como un túnel

Presencias inquietantes,

gestos de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las alude,

signos que insinuan terrores insolubles

(…)

no,

he de hacer algo

no,

no he de hacer nada

algo en mí no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente distinta a ella.

En el silencio mismo (no en el mismo silencio) tragar noche, una noche inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.

No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos yo y el poema en la tentativa inútil de transcribir relaciones ardientes.

¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado.

Las muñecas desventradas por mis manos de muñeca la desilusión al encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser Tiresias, flota en el río. Pero tú ¿por qué te dejaste asesinar escuchando cuentos de álamos nevados?

Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería rozar como una araña el teclado. Yo quería hundirme, clavarme, fijarme, petrificarme. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Sólo cuando un refrán reincidía, alentaba en mí la esperanza de que se estableciera algo parecido a una estación de trenes quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. Pero el refrán era demasiado breve de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que con un tren algo salido de los rieles que se contorsionaba y se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro en el lugar de la fusión y del encuentro (Tú que fuiste mi única patria, ¿en dónde buscarte? Tal vez en ese poema que voy escribiendo.)

de ‘El infierno musical’

Alejandra Pizarnik

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