.desconfianza.

marzo 24, 2007

hipocampo
el desamor es esa cosa, por la que una se deja discurrir, y un día y otro. cayendo en el olvido. y un día y otro. hasta que ya nada queda. nada de una. toda la fe perdida. millares de neuronas muertas en ese combate sádico. ese ara de lejanas galaxias tililantes en el que una se auto-inmoló tantas veces. sobre sus púlpitos o pálpitos falsos. malditas cruzadas. a la hoguera con ella. por beata. y me pregunto cuándo. ese es el vía crucix circular del desamor. y aquí sigo. aunque sin cuerdas vocales. no es afonía. pero sigo. literal. aunque bueno no tan literal. porque noto un hueco extraño. como que lo echo a faltar. donde tenía que estar la voz. y cada vez que pienso que la voy a emprender a gritos con las cigarras o con los naipes. y ya no digo nada de las ganas de leer. a Lorca o a Camus. y enfadarme. ¿enfadarme? ¿y para qué creés vos que me iba yo a enfadar? ¿arreglaría eso algo acaso? por lo menos ya he recobrado los interrogantes de la paz infecunda. y las de nunca de hacer ganchillo. las ganas. esas que no tuve. sin las que nací. y eso que dicen que tranquiliza mucho. a lo mejor fue eso. que me faltaron. y que esa va a ser mi tara. mi madre lo decía. haz ganchillo hija. como yo. que te calmará. pero si yo no estoy nerviosa madre. sin sentir amor me siento estéril. que es distinto. o no digo tanto. o digo más. digo Deseo. y alcanzo por fin a incluir alguna mayúscula. pero isabelita aquella rara que sólo tenía celos y no amor también lo decía. y yo no creo que el amor sea eso. pero dicen que estoy muy equivocada. que el amor es egoísta. y yo me empeño en que sea rutilante. no un pedigüeño en el pórtico de una iglesia. un harapiento. un mugroso. un pordiosero. o todavía peor que eso. un tratante de ganado. y aquí toda destruida. y sin ganas de maquillarme y salir a buscarlo. ni recomponerme. porque eso es precisamente en lo que no creo ya. y eso que afuera llueve mucho. y a mí la lluvia me inspira. preguntándome quien sos. quien fuiste. mirando a las runas sobre la mesa camilla. quieta. mansa. liviana sin atreverme a volver a agitarlas. dentro de la tripa del animal. el saco muerto. y las piedras con sus letras callan. enmudecida que late la sangre. por la que se transformaron en lo que son. y hay hojas de té sobre el tejido del macramé. o eso pienso que debieron ser. en peciolos y albores y llavecitas que abren cofres secretos. y un tiramisú a medio terminar. tan dulce. tan rico. pero sin gota aquí tampoco de hambre. y eso que ya no me duelen los dientes. ni las encías. que hasta eso me ha dejado de doler. y guardo el borrador entre los otros que se apilan en el escritorio. y que ya no editaré. no vaya a ser cosa que por quejarme tanto las runas todavía me escupan sus predicciones a la cara.invertebrada como un hipocampo azulado. fíjate tú qué vidente. que no puedo ni adivinarte.

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