– vii – … ¿B-logia vs. BIOLOGÍA?

abril 10, 2007

 

EL HOTEL

 

“Salí de los infiernos, pero lo hice cantando.”

CHAVELA VARGAS

 

interior taxi

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Chavela, ‘Llorona’, porque le va mucho a aquel trayecto.

A mÍ me parece mentira haber sentido aquello que sentí por ellos y ahora ser incapaz de reconocer esas sensaciones. Porque para mí Villon, aquel Noviembre pasado… había llegado a ser mi Hombre Cruel.

Lo que significaba la crueldad era que el que me apartase de su polla, que apartase mi boca de su polla era la crueldad. Pero claro eso sin drogas no sucedía. También lo había sabido en ese Noviembre, que para sentir esa crueldad, incluso por alguien que te parece querer… por toda la incertidumbre que te había provocado su supuesta pérdida. Pero claro cuando se juega esa baza muchas veces…. todo deja de funcionar. Por lo menos a mí me deja de funcionar y Verona lo había eclipsado completamente la primera vez.

Yo me acuerdo que estaba sufriendo. Sufría por Villon porque al parecer estaba muy enfermo. Preocupada me tenía, preocupada, muy preocupada. Y fue acostarme con aquel jovencito y olvidarme del dolor.

Yo creo que todo esto del Amor lo conocemos más a través de los dolores que nos procura que de la sensación de completud del Amor en sí. Podemos no saber lo que es el Amor pero quién no conoce el Dolor. Quién no le tiene miedo al Dolor. Porque se sufre de miedo al Dolor.

Cuando llegó aquel mensaje yo ya sabía que Villon no me iba volver a doler. Sé que era el hotel Silken pero soy incapaz de recordar el número de habitación ni el de aquella habitación de Noviembre, ni la anterior en mayo. Sólo la primera porque era la numero 13. Sí y de la última. Porque era la 428. Esos son los números que nunca se van a olvidar. Así que el Amor también tiene que tener algún tipo de relación con el No-olvido. Donde los detalles insignificantes se vuelven tan mayúsculos. No soy capaz a recordar ni mi número de teléfono., me cuesta mucho trabajo. Ni siquiera me sé el teléfono de csa. Pues llegó aquel mensaje, yo me terminé la tostada. Salí a la calle en busca de un taxi y cuando me monté en el taxi llamé a Verona que acababa de contestarme a un mensaje. Le llamé porque el trayecto iba a ser tan corto que no me hubiera dado tiempo ni a escribirle. Toda, toda mi atención estaba con ese jovencito.

La taxista me dejó a la entrada y yo me busqué un atecho para fumarme un porro suave. El hachis me da… me daba todavía bastante miedo, así que fue muy suave pero no me gustó ya eso. No me gustó la sensacion de tener que estar allí, al acecho. Ni la sensación de ser una lince. Detesto la sensación de ser una lince. Por qué tenía que fumarme ese porro abajo… porque no tenía derecho a subir arriba, abrir la puerta, saludarle sin ni siquiera besarle… y fumármelo tranquilamente hablando con él… y luego dejar que todo surgiera de una forma natural.

Esa fue la diferencia entre Villon, desde le primera vez, y el Extraño de ojos azules. Villon a mí la primera vez, a mí , a una desconocida de la que ni siquiera se sabe como es su voz… Agarrarme la cabeza, adentrarme en aquella habitación oscura o semioscura y meterme la lengua en la boca, mientras se me acaricia la nuca, y se me hacen una especie de cosquillas que se supone que deben resultar tranquilizadoras. Estás son las heridas que tengo. Las heridas en que ellos no acertaron con mis auténticos deseos y mis necesidades.

– Espera un momento. ¿Les culpas a ellos por lo que pudiste haber evitado sólo tú?

– Ya evité bastantes cosas…

– Sí, pero eso no es una justificación. Me parecen motivos muy pobres esos que me estás contando para sentir ”heridas”.

– Es que precisamente lo que busco es dejarlo claro así, que yo más ”heridas” que esas no tengo, que no hubo ningún tipo de profundidad en el sentir. Sólo superficie. Molestias en la superficie.

Entonces la segunda vez… perdón, la cuarta vez. Las dos de en medio fueron diferentes. Me gustaron la dos y la tres con Villon. Mucho mucho. Ahora solo la primera vez resultó inolvidable en todos los aspectos. Hasta en el de fiasco. Un auténtico fiasco. Porque si lo piensas bien, que un tío se esté cuatro horas masturbándote solo porque no puede follar contigo… Qué es eso. Si a uno se le baja, hay que tener la suficiente personalidad para masturbarse. Incluso delante del otro. Cascársela como un mono con tal de que se levante.

– ¡Eh! Detente un segundo. ¿Tú y el ya habíais follado? Eso de lo que hablas fue a la madrugada, después de cenar.

– Sí pero que trabajo nos costó. ¿O lo has olvidado?

– A mí me habría dado igual. Ya viste que intenté tranquilizarlo. No tenía por qué hacer nada conmigo.

– Ya, pero nos costó trabajo. Y en el sexo nada tiene que ser trabajo.

A lo mejor las mujeres no entendemos eso al principio (lo de que el hombre que esté con nosotras necesite masturbarse, aunque estemos desnudas entre sus brazos y seamos bellísimas..). Porque tenemos todos muchísimos conceptos erróneos archivados en la cabeza, acerca de lo que debe ser el sexo. Pero es lógico, ante una situación de estrés, pues que los miembros no respondan como tienen que responder. Y nada puede ser tan estresante como tener que follar con un desconocido o con una desconocida.

– Interesante expresión: ‘tener que follar’…

 

ENLACE AL COMPLETO

4 Responses to “– vii – … ¿B-logia vs. BIOLOGÍA?”

  1. lasalamandra Says:

    “La hora avanzada de la noche, – dice el Dr. José María Marroquí- el silencio y la soledad de las calles y plazas, el traje, el aire, el pausado andar de aquella mujer misteriosa y, sobre todo, lo penetrante, agudo y prolongado de su gemido, que daba siempre cayendo en tierra de rodillas, formaba un conjunto que aterrorizaba a cuantos la veían y oían, y no pocos de los conquistadores valerosos y esforzados, que habían sido espanto de la misma muerte, quedaban en presencia de aquella mujer, mudos, pálidos y fríos, como de mármol. Los más animosos apenas se atrevían a seguirla a larga distancia, aprovechando la claridad de la luna, sin lograr otra cosa que verla desaparecer en llegando al lago, como si se sumergiera entre las aguas, y no pudiéndose averiguar más de ella, e ignorándose quién era, de dónde venía y a dónde iba, se le dio el nombre de La Llorona.”

    http://www.geocities.com/athens/agora/1007/Llorona2.htm

  2. yo Says:

    … primero asomaste tú y dijiste:
    ‘el tiempo hiere todas las curaciones’,
    y yo procuré pensarlo antes de preguntarte que querías decir…
    pero luego vino Kipling y jugó sus cartas, dijo:
    ‘If neither foes nor loving friends can hurt you’
    … me pareció un juego diáfano y hermoso, y procuré contemplarlo a través de un iris en el que se reflejaba el crepúsculo naranja de un sol negro…

    y luego seguí planeando sobre una de esas noches que se apagan y en las que encendemos la luz del salón, y lo que mirábamos era la ventana del otro… lo que había en el interior: el mar del más acá, del más allá de tu alma… Me gusto tu analogía. No he dejado de darle vueltas entre mis dedos desde entonces… como si hubieras depositado un corindón de Mogok sobre la palma de mi mano. La misma que luego apretaste entre las tuyas y besaste con delicadeza mientras te despedías.

    Y más tarde, ya te digo a la sobremesa, busqué un jardín cualquiera y me perdí por uno de sus senderos trazados al azar.

    Lo hice a propósito. Quería tratar de descubrir si mis zapatos no habían olvidado lo mismo que yo y daban, de nuevo, con aquel crisantemo amarillo que casi rozaba la carretera. Con esa rareza de hallarse lo delicado como abandonado al desdén en un trozo de hormigón, y que me hizo pensar inmediatamente en ti y tus aceras de ese Madrid sin apenas silencios. Pero sólo me encontré unos versos muy sabrosos de Bertoni y la mano de esa mujer, iluminada y abierta de piernas, que se apacigua el deseo arrugándolo como si fuera el botón de una margarita mientras te espera…

    Dime, ¿te gusta cómo pienso ir dibujando ese boceto de nuestro paraíso gozoso?

  3. yo Says:

    Y pienso. Y escribo algunas líneas. Y me disculpo. He cometido otra equivocación, una más, aunque ajena a nosotros (nunca lo bastante). Y hablo de la muerte. Le digo a ella que está sintiendo lo que es la muerte. La finitud. Lo que significa la eternidad. Ese, adiós que nunca más nos veremos… y que nos conmociona y sobrecoge, por eso el miedo, y la necesidad de la luz y la televisión, para que le hagan ruido a la noche, porque de improviso, en la oscuridad, la muerte y el silencio se asemejan demasiado y nos confunden; la imposibilidad de recobrar la serenidad del sueño. Es un dormir perturbado el que provoca la muerte, durante días, con sobresaltos que a veces inundan y pueblan las pesadillas… Esa muerte que nos ocurre sólo a nosotros y nunca a los muertos, porque los muertos ya no Son.

    Es ese instante en el que tomas conciencia de ello. Eso también es la expulsión del paraíso. Otra pérdida de inocencia.. De repente a ella le duele el presente, porque es un presente que estremece pero en su versión más siniestra.. Cuando días antes había afirmado que el presente no dolía, con esa rontundidad del que desconoce aún las arrugas y no sabe que a la vuelta de tres o cuatro años, será lo único seguro que le salude cada nuevo día… y fue ahí cuando yo le contesté que un presente que no duele es un presente que no estremece (lo sabía por ti, por mí, lo estaba descubriendo entonces)… y también le digo que por eso yo vivo así. Porque se me quedó aquel frío dentro, el frío que me dejó la muerte la primera vez que me rozó con su aliento… ¿Te acuerdas cuando te dije, sobre aquellas patatas al cabrales, que lo único que buscaba era calentarme? Sí, cuando te conté el experimento aquel del libro de Von Vereiter y te hablé de cuerpos congelados y mujeres desnudas… nada igual que una en singular. Y es que la mente es reduccionista, y es difícil separar un sentimiento de otro, o un pensamiento de otro cuando no nos pertenecen… y me doy cuenta en ese preciso instante, en el que he juntado todos los nombres que ella deletreó durante meses en uno sólo y he visto morir, con esta impasibilidad que me caracteriza cuando no son mis muertos los que me hablan, a alguien que ni siquiera existía, y le envío esta dirección. También a María Inés, mi amiga ‘la loca’, y a Mayte, que me devanan sus interiores azulados en correos tan delirantes como los míos… Esa locura del sentimiento y del ‘echar de menos’. Pero con los hombres es más difícil o más peligroso compartir. Lo veo así. ¿Por qué? Porque la mente también acaba por ser reduccionista con los problemas, al menos la mía. Y ya no gusto de complicarme la vida innecesariamente. Pero a media tarde escribo esta corta y meditada misiva:

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