– ‘i never promise you a rose garden’ –

junio 17, 2007

 

“Lo opuesto al amor, no es el odio sino la apatía”

Rollo May

 

reptil volador

Esto no es ahora, hoy que me despierto con el cerebro de reptil de nuevo en funcionamiento, pero como si no tuviera la amígdala intacta; esto es aquello que dejé de contar el 18 de abril. Contar como quien cuenta ovejitas para dormirse; pero contar en saltos cuánticos, neocórtex, que hoy, por sonarme, ”la palabruja”, me suena hasta un poco parecida a la de neonazis. O bueno, no seamos tan radicales… neoconservadores.

El hombre en cuestión es aficcionado a la lectura de libros de ciencia-ficción y escribe libros muy pulcros y amenos pero meramente anecdóticos… sobre todo éste último, que ya estoy casi al borde de terminar, y que tiene ese título tan prometedor pero que es lo mismo que si te prometieran un jardín de rosas pero inexistente… y pienso por ello en Rollo May (psicoterapeuta) y en ‘La Necesidad del Mito’, y en aquella Devora (Hannah Greene) y en su mundo esquizofrénico de dioses que un día, alguien, un psiquiatra mucho más normativo que aquel otro que estaba logrando humanizarla… le robó. Y los mitos, como dijo Hannah Green, comparten nuestra soledad

– link –

Entonces ya ha desaparecido la ancianita ‘pelo de pájaro, boca de pájaro, cuerpo de pájaro, miedos de pájaro’ y es una estación de autobús. Y no sé por qué nos estamos despidiendo y yo tengo que preguntarle aquello de qué se ve en mis ojos; y él dice eso del aquí y del ahora…, y luego nos damos un último beso y él dice adiós y yo me siento por primera vez a sus espaldas en una de las sillas de la estación; aunque en realidad lo hago porque espero a otro hombre; a un chico que corporalmente hablando y en ese preciso instante me trae mucho más loca que él. He follado una vez, dos veces, otra vez más esa mañana con el hombre de la estación y en menos de 24 horas, y sigo teniendo deseos de follar con otro…

Y en ese momento caigo en la cuenta de que me ha dicho adiós y no hasta pronto y me levanto y tiro de su manga y se lo digo: ‘Te has despedido como si no nos fuéramos a volver a ver’. Y él lo niega y dice que claro que nos volveremos a ver… pero en esa última mirada es cuando me doy cuenta de que le he decepcionado; y he tardado 10 meses en saber interpretarla… Y sí, yo llevaba razón y la sensación había sido acertada porque no nos volvimos … ni nos volveremos a ver.

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