– Mueres la Muerte de los sueños –

junio 23, 2007

 

”’… Mueres como la víbora/ que silba un odio tan puro de su dolor/ que llena los sueños del asesino/ … Alabo pues a la sequía que tantas muescas deja, a tu polvareda,/ al arroyo moribundo, al animal furioso,/ porque todavía nos desafían./ Nos arruina la cosa misma que matamos.//

Australia (1970)

– Judith Wright –

sexo serpiente

En el Primer Encuentro Ella le chupó el culo. Podría ser sólo la primera frase de un relato erótico cualquiera. Pero no fue eso sólo y hasta donde a mí me alcanza la memoria… Lo que ocurre es que acabo de recordarlo; ahora, al leer lo que sigue:

“Las mujeres de verdad dejan un rastro – me contestó tras unos instantes de reflexión -. Manchas de carmín en los vasos, zapatos en las cocinas, bragas tiradas por el suelo. No sé cómo lo hacen, pero funciona. Vaya si funciona. Yo parezco lesbiana, joder”
‘Para amantes y ladrones’, Isabel Togores.

– Pedro Zarraluki –

En el Primer Encuentro Ella le chupó el culo y en el séptimo le dijo que le sabía mal la polla, que tuviera cuidado dónde la metía y que iba a dejar de chupársela porque además se aburría mortalmente con él. En el octavo no hubo sexo, fue después de muchos meses; sólo un arbolito hueco y esa vez, al regresar a casa, Ella vomitó. Pero fue en la sexta en la que él le devolvió el vestido, y aquella especie de bustier cereza y la tanga sin los que Ella se fue la quinta noche que pasaron juntos en la cama del hermano. ¿Y ahora? – le pregunto. ‘Antes volvería a joder mil veces con un leproso al que amé, y eso como le llamas tú, que repetirlo.

mistica oscura

– ¿Tanto has cambiado de parecer que prefieres un leproso imaginario… a esos chicos altos y guapos y sexis que aún te sonríen?

– Sí pero no quiero que se lo envíes a su teléfono móvil, que nos conocemos… -me dijo.

– De acuerdo pero al menos… ¿puedo escribirlo aquí?

– No deberías. Él podría leerlo.

– ¿Y tú dirías que el leproso me lee? Esta es la tercera noche consecutiva que sueñas con él…

– No lo sé y no sé por qué lo sueño.

– Tal vez porque es el único hombre al que amaste con esa medida del amor que es amar sin medida, y con el que ni follaste ni jodiste… ¿No sientes un poco de curiosidad?

– ¡Calla! Además ya sabes que cuando Enol lea esto le molestará porque…

– ¡Ah William Enol, sí! El hombre que que te envía mensajes (por los que supuestamente deberías sentirte halagada) sobre fotos que ni siquiera son tuyas y ni eres tú… con todas esas otras cosas que si se podrían decir… Pero es que no es lo mismo no haberlo deseado siquiera, que haberlo deseado tanto y no haber podido…

– ¿Cómo son mis sueños?

– Terribles. Él no deja de querer estar contigo. Y te busca y te llama y trata de convencerte de que en ti el sexo es una enfermedad. Pero lo hace mientras te desnuda

sexo y mistica en soledad

– ¿Crees que le convoqué yo el otro día?

– No. Creo que fueron tus sueños previos los que le convocaron, y sobre todo eso que te contó tu madre de como sigue reaccionando él cuando la ve.

– ¿Crees que aún me piensa?

– Sí, eso es seguro que sí. Porque él es seguro que no está enamorado tan bellamente como tú.

– Dile que se marche. No es con él con quien quiero soñar. Diles a todos los fantasmas que se marchen y que me dejen en paz. No estoy triste, no estoy enferma; no existen los desahucios, no hay brechas… Estoy a solas con miamor que es con quien deseo estar

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