La Octavia de Terenci Moix… (o de la soledad)

febrero 12, 2008

Octavia

 

”’Si la sabiduría, el pudor y la belleza pueden serenar el corazón de Antonio, Octavia será, para él, feliz regalo”’

SHAKESPEARE,

Antonio y Cleopatra

 .

Octavia es el libro segundo de los cuatro que componen la obra de Terenci Moix, ‘No digas que fue un sueño’.

Octavia no olvidaría fácilmente la noche en que dio a luz a la hija de Antonio… La pesadilla de una soledad absoluta, reconocida por fin como la más brutal de las evidencias cuando su grito no encontró respuesta. Cuando su grito quedó como una invocación al vacío de amor. ¿Dónde está Antonio? -gritó. ¿Dónde está el padre de mi hija?

Sólo este dolor recién descubierto. Los demás ¿qué importancia tenían? Al igual que su egregio hermano, había sido educada en el estoicismo más estricto…

Serena supo estar en todo y para todos. Y llevó su serenidad hasta los límites de sus propias fuerzas cuando compareció ante la pira funeraria de su esposo y asistió sin una sola lágrima a la rápida ascensión de las llamas que devoraban el cuerpo amado, la mente respetada, el rostro que nunca la miró sin una sonrisa, los miembros que jamás se dirigieron a ella sin un gesto de deferencia.

Pero aquella noche en que dio a luz a la hija de Antonio toda la serenidad de Octavia se convirtió en resignación.

Pero Octavia dijo:

– No es justo que hables así de Cleopatra

– Así habla Roma

– Roma desprecia cuanto no conoce. Y cuanto más conquista más desprecia. más aniquila.

ANTES DE PARTIR HACIA DELFOS, Marco Antonio reconoció a la pequeña Antonia, cogiéndola en brazos y levantándola hacia el cielo como es costumbre dentro de la legalidad. Y cuando el cuerpo de Octavia estuvo recuperado y el color volvía a poner color en sus mejillas, la tomó de nuevo y ella aceptó el regalo de su potencia, de esa manera quedó en cinta otra vez…

TRAS LAS CARTAS, llego la soledad. A fuerza de temerla, Octavia la había imaginado mucho más espectacular y su irrupción más vistosa. Una soledad hecha a medida de una de las mujeres que compartía el destino de uno de los pilares del mundo. Olvidaba que la soledad, cuando es cotidiana, y por tanto, inseparable, se escribe con minúsculas y es humilde y casi vergonzante. No se presta a las grandes apoteosis, ni siquiera celebra su triunfo. Su color es gris; su aspecto cetrino; su mirada, vacía. Es una compañera resignada, pues lo perdió todo por los caminos del mundo. Ni siquiera tiene amigas: todas murieron de tanto estar solas. Tan discreta, callada y mediocre era la soledad de Octavia que… Octavia la descubrió una noche, súbitamente, sentada junto a un brasero y muda como la muerte. No era nada atractiva y, por supuesto, en absoluto exuberante. Era señorial pero sin la menor concesión a la fantasía. Era la más severa de todas las matronas romanas… Al verla con su toga gris, Octavia la creyó una premonición de la muerte. Y no andaba muy equivocada. Desde que se instaló en el palacio expropiado empezaron a morir todas las plantas del jardín. Cesaron las risas de Adonis. Cesaron los balbuceos de la pequeña Antonia.

La dama gris se presentó a Octavia como corresponde a la estricta urbanidad de las patricias. ‘Soy tu soledad’, le dijo. Y, después, el silencio. Una invitada de piedra que ni siquiera tuviese el empeño de una venganza por cumplir, ni acusaciones que formular, ni culpas que reprocharle. Sus obligaciones eran asépticas: se limitó a ser la sombra de Octavia, pero sin la gracia y la belleza que aquella sombra tenía por ser suya.

Sentábanse las dos frente a frente y así transcurrían las horas. Ni siquiera le daba conversación. Ni siquiera le hacía compañía.

No comía, no bebía, no tenía la menor necesidad. Era tan austera que llevó a Octavia a la mortificación más absoluta. Se complacía en las cosas que Octavia negaba, nunca en las que hacía. Era una alcahueta de las negaciones. Al igual que la muerte, se deleitaba en los días negros de su anfitriona. Y éstos eran casi todos

Obligó a Octavia a detestar la música, la lectura, las flores e incluso su propia hija. Sólo aspiraba a tenerla sentada delante de ella, las dos calladas, mirando únicamente al techo porque mirarse una a la otra ya hubiera implicado una elección, un acto un juicio. Le gustaba verla así, hora tras hora, de manera que cuando Octavia cerraba los ojos ya ni siquiera tenía el consuelo de ver ante sí el negro abismo de la nada absoluta, sino todavía el color cremoso de aquel techo que, a fuerza de mirarlo, se le quedó clavado en la retina.

Para no ofender a su invitada, Octavia convirtió sus días en aquella cabalgata de negaciones que tanto complacía a sus sentidos atrofiados. Libros que no leía, melodías que se negaba a escuchar, paisajes que se resistía a vivir, amigos desatendidos, mares cuyo color iba olvidando…

Era cierto. La dama gris llevaba directamente al reino de los muertos. Y al saberlo Octavia se echó a llorar amargamente. Pues no era difícil intuir que incluso allí se encontraría sola

Octavia será repudiada por Antonio

Y PORQUE ERA OCTAVIA y era romana no lloró cuando los esclavos embalaron las últimas antigüedades griegas, las esculturas y cerámicas que durante tres años, constituyeron su única compañía en el palacio confiscado. No lloró por sus recuerdos ni porque en el jardín empezasen ya a brotar las plantas cuya floración no llegaría a conocer. Contempló por última vez los tejados de Atenas, los frontones de sus templos prestigiosos, las columnas de sus ágoras profanadas. Y decidió que, al fin y al cabo, el tiempo sólo se llevaba lo que ya era suyo.

Y Octavia concedió la libertad a aquellos esclavos suyos que eran Amantes.

Y Octavia que fue educada en el culto a la perfección había ciertas cosas que tampoco llegaba a entender… No quería explicarlo o no quería parecer brusca. ¿Tú amas realmente a Fedro? Más que a mi propia vida -respondió Adonis. Pero él es tartamudo -revocó Octavia. Si no fuese tartamudo -dijo el ahora liberto- no sería Fedro. Entonces el secreto del amor consistiría en amar a un ser a pesar de su defecto… En cualquier caso, el mérito de Fedro no reside en su tartamudez. ¿Comprendes, noble Octavia?

Si has visto el Amor errando

Por los altos caminos, detenle:

es el esclavo que se me escapó…

¡Palabras inmortales de Grecia! Las resucitaba Adonis para solaz y ensoñación de la más noble entre todas las señoras. Se llamaba Octavia y era romana. Fin del segundo libro.

Y Octavia también es un tema de Bruce Dickinson, el mismo Dickinson polifacético del que también podéis leer en La Gruta de la Araña

I’m vacuum breathing and open-mouthed
as the red shift fills my eyes
oh minister my promises as her shadow cuts the day away
i remember you when you walked into that room
now dislocated jagged pieces
are sliding into this broken mind
i’m swimming back against the river
but i’m rising with the tide
where we came from
we’re all going back there soon
how many times have we met this way
how many lives have we lived before
how many faces and how many names
shadows come but shadows are gone
shadows come but shadows are gone

2 Responses to “La Octavia de Terenci Moix… (o de la soledad)”

  1. candelaarias Says:

    “Líricas de Bruce Dickinson Octavia”

    Soy de vacío-respiración y boquiabierto
    Como la cambio roja llena mis ojos
    Ministrar mis promesas
    Como su sombra corta el día lejos

    Te recordé, pues caminaste en ese sitio

    Pedazos dislocados, dentados
    Están resbalando dentro de esta mente quebrada
    El nadar detrás contra el río
    Pero me estoy levantando con la marea

    De donde vinimos, somos todos que van detrás allí pronto

    ¿Cuántas veces hemos resuelto esta manera?
    ¿Cuántas vidas hemos vivido antes?
    ¿Cuántas caras y cuántos nombres?
    Las sombras vienen, pero se van las sombras
    Las sombras vienen, pero se van las sombras

    ¿Cuántas veces hemos resuelto esta manera?
    ¿Cuántas vidas hemos vivido antes?
    ¿Cuántas caras y cuántos nombres?
    Las sombras vienen, pero se van las sombras
    Las sombras vienen, pero se van las sombras

  2. fiore Says:

    De Terence Moix leì y me encantò Garras de Astracàn y otro que ahora no recuerdo el nombre,ambientado en Egipto,tendrìa que volverlo a leer.La soledad de Octavia,compañera necesaria y en otras excusa para la ausencia hasta de una misma.Un beso

    _______________________-
    ______________________

    Lo leí hace más de 20 años pero tiene pasajes este libro que me cautivaron. Porque el tío borda los personajes. O eso me pareció … si puedes… no lo dudes… Empieza con la paroxistica Cleopatra por el Nilo. Y hay una frase que no me sé de memoria… pero que es la que da el título al libro. Viene a decir que todos los dioses pueden fallarnos pero que el amor es el único que no, el único que nos hace resistir en pie.
    Un beso

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