– María y ”el Loco” – viii –

febrero 16, 2008

– Vii –

 

Yo traté de estar lo más normal posible. Pero él estaba distinto. Él estaba en silencio, sin “Donjuanear” como era su costumbre. Hice lo que tenía que hacer, como todos los días, y me fui, con el “hasta luego” de costumbre. Y la verdad, es que no sabía si, a las 16 hs., iba a ir a cebar el mate… la verdad es que no sabía que hacer…

mate y tabaco

 .

Y la duda me atormentó hasta que, media hora antes, mi jefe tuvo la feliz idea de mandarme a hacer unos trámites… Pufff !!!! Que alivio !!!

.
Así que, aliviada, pasé con una sonrisa por el negocio, cargada de libros, avisando que no me esperaran, que no creía llegar hasta las 5 o 5.30 hs., dije hasta mañana, y me fui… pensando, como no había podido dejar de hacerlo desde el día anterior.

Cuando volví, lo ví en un barcito de la otra cuadra, tomando un café, y cuando me vió, sólo me saludó con la mano, señaló la parada. Le dijé que sí con la cabeza y seguí hasta la oficina.

Y llegaron las 18 hs. Y con un suspiro, hondo, para darme coraje, me levanté de mi silla para salir, para ir a enfrentarme a esa charla…
Nos encontramos en la parada, y en silencio, caminando de la mano, fuimos hasta el departamento, que estaba a 10 cuadras.

Y llegamos al departamento.
Y seguíamos los dos en silencio.
Yo puse la pava, preparé el mate, mientras él ponía música. Qué música estaba de fondo ? La verdad, muy bien no me acuerdo. Pero estoy casi segura que puso “China” de Vangelis.

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Mientras el agua se calentaba, yo fui al baño. Me lavé las manos y me mojé la cara… Y ví mi imagen reflejada en el espejo, y veía el miedo que brillaba en mis ojos, la vergüenza que sentía, porque sabía que ya, en un momento, íbamos a empezar a hablar…

Cuando salí, saqué la pava del fuego, la llevé a la mesa.
Nos sentamos y, después de mirarnos un ratito, que a mi me pareció una eternidad, escuché su voz diciéndome “Contame esa historia, te escucho”

Y le empecé a contar, no la gran historia, nada que ver…
Le conté que el año anterior a conocerlo, había salido durante 8 meses con alguien, un hombre con el que la pasaba bien, me divertía, nos reíamos, pero que nuestra relación había sido como la de dos niños. Y que sólo una vez habíamos tenido sexo, y que fue ahí, en ese momento, que me dí cuenta de la verdad, yo no lo amaba, que yo no había sentido nada, y que mi intuición me decía que él sabía menos que yo.

.
Le conté que yo no sabía que estaba haciendo él arriba mío, y que sólo estaba deseando que terminara pronto ese momento. Pero no porque él hubiese sido bruto, guarango, o algo de eso. Creo que era como si ,para él también, hubiese sido su primera vez.

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Aparte de todo eso, no me gustaba el contacto de su piel con la mía; los besos que antes me habían gustado, en ese momento, tenían feo gusto; su perfume, era otro, no era el que yo sentía todos los días.
Y que esa vez, fue definitoria. Sabía que con él yo no quería estar.
Y que esa vez, sentía que no había existido, aunque fue realidad.

Y le conté lo que me había pasado con él, todo, todo lo que había sentido mi primera vez.
Desde mi desdoblamiento, hasta el desar que él no saliera nunca, que el no se separara ni un milímetro, que había sentido todo, sabores, olores, su piel… que todo me había hecho sentir algo, que todo lo tenía metido dentro mío, cada sensación, cada emoción todo.

Y, entonces, yo le pregunté.
Yo quería saber el por qué de muchas cosas.
Yo quería saber el por qué de su silencio.
El por qué, a pesar de que nuestros encuentros sexuales eran terroríficos, por qué el seguía, cada tanto, insistiendo.
Por qué, despues de esa primera vez, que más allá que para mi fue inolvidable, yo sabía que para él era olvidable, y mucho, iugalmente me había propuesto una relación sin compromiso.
Yo quería saber el por qué, el había hecho todo lo posible para que yo, con un pendejo de 17 años que él conocía, fuera coger. Yo quería saber si había sido para reírse de mí, o para qué.
Yo quería saber… quería saber qué era lo que le pasaba a él.

Y ahí empezó a hablar él.
Después de un rato me empezó a decir lo de mi imagen.
Me dijo que él, jamás, se imaginó que yo no tenía experiencia.
Que él estaba seguro que yo tenía sexo cuando quería y con quien quisiera.
Que él sentía mucha piel conmigo, que por eso había insistido.
Que él pensaba que yo era frígida.
Que no podía entender que, si él “veía” que yo era tan sexual, yo fuera como era en la cama (él no lo dijo, pero lo digo yo… yo era un mueble !)
Que lo del chico de 17 años no había sido para reírse de mí, que él quería comprobar que el problema no era él.
Que todo partía de la imagen que yo daba, su no poder entender, esa atracción, que no era sólo física que también era mental, porque él disfrutaba nuestras charlas, que eran infinitas, de mil temas, todo eso que le pasaba, al llegar el momento de “la cama” se evaporara… no por lo que sentía su piel, pero sí por mi falta de respuesta.

Palabras más, palabras menos… Preguntas más, preguntas menos… Esa fue la charla.
Esa noche, el hada madrina se olvidó de ponerle hora al hechizo, y nadie se convertiría en calabaza…

Y no tengo idea cómo fue, ni en que momento, pero la charal ya hacía un tiempo que era sentados en la cama, enfrentados, con la bandeja del mate, cruzados de piernas.
Y en un momento en que no me dí cuenta, él había apoyado la bandeja en el piso.
Y en un momento cualquiera, me dio un beso.
Y nos empezamos a besar, infinitamente y profundamente, y en algún momento, no sé en cuál, el me empezó a desnudar, y yo seguía igual, quieta.
Y con toda la dulzura del mundo, con toda la suavidad que uno puede ser capaz, me fue acostando en la cama.
Y en un momento cualquiera, los dos fuimos uno.
Y en un momento cualquiera, mi cuerpo empezó a moverse solo, sin indicaciones, sin sugerencias, sólo las que me indicaban los sentimientos, los instintos, los sentidos.
Y ésta vez, me permití dejarme llevar por el ritmo.
Y de repente, de la nada, sentí que estábamos flotando, que no había cama, paredes, piso, techo…
No había nada, sólo nosotros dos, que no éramos dos… éramos sólo uno.

No sé si fueron 5 minutos, una hora, una eternidad, no tengo idea de nada.
Lo único que sé, es que ese día, mi segunda “primera vez”, lo único que yo había hecho, había sido permitirme ser yo.
Lo único que sé, es que ese día, después de hablar, el último peso que había quedado, se había evaporado, y que fue eso, el hablar, el que me permitió dejarme llevar.

Ahí aprendí, que más allá de lo que el otro pudiera pensar de mi, yo me sentía mucho más liviana mostrándome como soy, contando cómo soy, porque no tengo nada que ocultar, porque no tengo vergüenza de ser quien soy, porque sólo siendo yo, sólo eso, me permite disfrutar, absolutamente, cada momento que se me presenta.
Ahí aprendí que, equivocándome, sin calcular beneficios y pérdidas, y entregándome a la vida, iba a crecer todos los días un poco más.
Ahí aprendí a hacerme cargo de mis elecciones, que más allá de lo que me dijeran los demás, y yo siguiera algún “consejo”, jamás iba a ser responsable el otro de lo que yo había hecho, que la que había elegido era yo…

Mara

 .

Y así, viví el año más maravilloso de toda la historia. Porque creo que éste fue el mejor.
En el que “recorrí las cornisas en una ilusión super sport” y donde pasaba “noches de un sólo vuelo”, y no sólo noches, sino días enteros.

Y ahí también conocí la verdadera historia de el Loco.

Y ahora, voy a publicar esto, necesito hacerlo, creo que tengo que hacerlo.
Y aunque hay otras cosas que voy a contar de éste año, 1989, entre ellas la verdadera historia, quiero hacerlo después.
Ya es casi la una de la mañana…

VÍA: Elucubraciones los comentarios

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