Clarice Lispector: ‘La Manzana en la oscuridad’

febrero 21, 2008

 Despojar

La pintura: ’Despojar’... de Silvia Capria (la hermana pintora de mi amiga María)

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La literatura: un fragmento de La manzana en la oscuridad’ de la escritora de culto, Clarice Lispector

’’’ Yo era como cualquiera de vosotros -dijo entonces repentinamente a las piedras, porque éstas parecían hombres sentados. Dicho esto, Martin se sumergió de nuevo en un silencio total de meditación. Estaba rodeado de piedras. El viento que soplaba ardiente lo traspasaba como el desierto. Vacío y tranquilo miró la luz vacía y tranquila. El mundo era tan grande que él estaba sentado. Por dentro tenía el vacío resonante de una catedral.

-Imaginad -volvió a empezar inesperadamente cuando estaba seguro de que no tenía nada que decirles-, imaginad a una persona que haya necesitado de un acto de cólera -dijo a una piedra pequeña que lo miraba con el rostro tranquilo de un niño-. Esta persona iba viviendo, viviendo; y los demás también le imitaban con aplicación. Hasta que todo se fue haciendo muy confuso, sin la independencia con que cada piedra está en su lugar. Y no sabía siquiera cómo huir de si mismo porque los otros determinaban, con insistencia impasible, la propia imagen de esa persona: cada cara que esa persona miraba repetía como una pesadilla tranquila el mismo desvío. Como explicaros a vosotras que tenéis la calma de no tener futuro, que cada cara había fallado, y que ese fracaso llevaba en sí una perversión como si un hombre durmiese con otro hombre y los hijos no nacieran. ’La sociedad es aburrida’, como dijo mi mujer -se acordó el hombre sonriendo con mucha curiosidad-. Había un error y no sabía donde estaba. Una vez yo estaba comiendo en un restaurante -contó el hombre animándose de repente-. No, no, ¡estoy cambiando de tema! -descubrió sorprendido, porque su padre siempre tuvo cierta tendencia a cambiar de tema e incluso en la hora de su muerte había vuelto la cara hacia otro lado.

-Imaginad a una persona -continúo- que no tenía valor para rechazarse; y entonces necesitó de un acto que hiciera que los otros le rechazasen, y que ella no pudiese vivir más consigo misma

El hombre se río con los labios resecos al usar el truco de esconderse bajo el título de otra persona, algo que en ese momento le pareció muy bien como golpe de astucia; entonces se quedó satisfecho como siempre que conseguía engañar a alguien. Tal vez tuviese una vaga conciencia de que estaba representando y vanagloriándose, pero fingir era una nueva puerta que, en el primer derroche de si mismo, podía darse el lujo de abrir o cerrar’’’

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La música: ’Welcome to the jungle’ Guns n Roses

 

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