– El Amor – xiv – Marguerite Duras –

abril 30, 2008

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GENTE EMOCIONADA DE EMIL NOLDE

Gente emocionada – (1913) – EMIL NOLDE


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Sol. Por la tarde.
Cuando ella reaparece es por la tarde. Llega por el camino de tablas. Detrás de ella, el que camina.
Ya están ahí. Llegan al río, lo atraviesan, van por los lindes de S. Thala, los recorren. Salen de tres días de oscuridad, se les ve de nuevo a la luz solar de una S. Thala desierta.
El viajero sale del hotel que se encuentra detrás del muro, les ve, va hacia ellos.
Detrás de ella, él se detiene en cuanto el viajero sale del hotel. Ella avanza. Ella todavía no ha visto que el viajero va a su encuentro. Ella avanza movida por la voluntad de aquel que está detrás de ella.
Son alcanzados. Ella ve al viajero, no acaba de reconocerlo.
Ella le reconoce.
Detrás de ella, el otro da media vuelta, parte de nuevo. Ha partido hacia el río.
Ella dice:
-Ah, ha venido usted.
La tormenta ha ahondado sus rasgos.
Ellos parten primero hacia el malecón, después hacia el río, se detienen, reanudan la marcha, van hacia una fuerte luz que se encuentra en el camino de tablas, al borde de la mar, al borde de la arena, antes del espesor, del encadenamiento de piedra.
Ellos miran la luz durante mucho tiempo.
Después entran.
Ella tiene hambre.
Ella come, mira, oye. Hay cosas que ver, cosas que oír, oleadas de palabras, unas palabras, unas risas. Él mira con ella, pero de una manera diferente, a veces se vuelve y la mira. Ella dice:
-Tengo hambre, espero un hijo. Cuando lo dice, sus ojos se agrandan y se apagan enseguida. Ella repite:
-Un hijo.
-¿Todavía?
-Sí.
-¿De quién?
Ella no lo sabe.
-No lo sé.
Ella huele a arena, a sal. La tormenta ha ennegrecido sus ojos.
El ruido del café aumenta. Cuando el ruido aumenta demasiado, sus ojos se abren dolorosamente. Su distracción es continua. Ella pregunta:
-¿Viene usted a S. Thala cada día?
-Sí.
-Está lejos -y agrega-: es una larga distancia, ¿verdad?
-Sí.
El viajero intenta ver más allá del lugar cerrado, más allá de los cristales.
Ella, ella sólo mira ahí, el lugar cerrado.
Más allá de los cristales, del camino de tablas, de la playa, alguien pasa, una sombra camina con paso monótono, se dirige activamente hacia la masa negra del malecón. El viajero la sigue con los ojos mucho tiempo, hasta que ella desaparece tras la masa negra. El viajero dice:
-Él acaba de pasar por allá abajo, caminaba muy rápido, no miraba nada.
Ella dice claramente:
-Está buscando -y añade-: hay que dejarle.
Ella ve quién está a su lado: es el viajero, el hombre del hotel.

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