La agonía de una pesadilla…

mayo 11, 2008

.

Anciana de ojos azules

.

Esta noche tuve una pesadilla. Últimamente he tenido otros sueños extraños. Otra vez habitaciones que descubro y que desconozco dentro de mi propia casa. Una casa que no reconozco como mía pero en la que me parece haber vivido sólo que no sé cuando…

Esta noche era una pensión. Una pensión como la de la Mozambiqueña. Primero hubo una lluvia de cerdos. De cadáveres de cerdo descuartizados. Era algo parecido a un ataque aéreo en tiempo de guerra. Luego una ola amenazante que se levantó por encima de unos edificios. De los edificios que se ven desde la casa de los padres de María. Ha sucedido en otros sueños pero muy antiguos y no allí, no así. La sensación de quedarse sobrecogida. Y tratar de salvar a Nama porque Nama en este sueño era mi mayor preocupación. La arrastro como puedo por las escaleras. Quiero llegar tan arriba como sea posible para que el mar no nos alcance.

.

Después de eso, golpes en la puerta. Muchos golpes y un gran jaleo hasta que no me quedó otro remedio que no fuera el de abrirla. Las voces amenazaban con tirarla abajo. Miedo y más que miedo, pánico. Entonces un grupo de ’yonkis’, con la Mozambiqueña al frente, la Mozambiqueña que era Ana, invadía nuestra intimidad.

.

Decían que les había traicionado y que iba a pagar por ello. Pero mi preocupación seguía siendo Nama. Más que mi integridad física ¿Pero qué hacéis? Vais a destrozarle el corazón y está muy enferma. Y la sensación de desvalimiento de que Nama no podría soportarlo. Pero cuando trataba de defenderme y razonar con ellos sentí la jeringa en mi nuca, clavándose. Me habían inyectado una droga. Una droga verdadera: heroína pura. No aquello de MonraL con la bebida, si es que acaso fue… ¿Qué vais a hacer conmigo? Lo que nos apetezca -dijo alguien. Era terrible. Sabía que podrían hacer lo que quisieran, incluso torturarme y con total impunidad. Perdería el control y no podría evitarlo. Grité desencajada y desperté cuando en la pesadilla estaba comenzando a sentirme al borde del desmayo. Mi flaqueza me había derrotado

Y hace un par de semanas soñé con aquel hombre, el padre de la pequeña alocada. Un sueño agitado en el que primero me miraba, luego me hablaba y a continuación me besaba. Sucedía en el pueblo de Lone que es donde Rasha estará hoy. Y recuerdo que solía tener ese tipo de vivencias nocturnas con Lone: casas desasosegantes, olas y mar ofuscado, derumbamientos, agresiones, carreras, autobuses, y besos de fuego con sabor a sangre y a dolor.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

*(en esta imagen se aprecia de quién he heredado los ojos… acabo de darme cuenta)

.

link:

.

5 Responses to “La agonía de una pesadilla…”

  1. candelaarias Says:

    Un ocaso de oro y cobre acababa de romper en mil fragmentos sobre el oeste, y tonalidades grises se arrastraban sobre todas las cosas de la tierra y el cielo; también despertó el viento apoyando un gélido dedo sobre la carne y el espíritu. Los arbustos del fondo de mi jardín comenzaron a susurrar cual conspiradores; y a ondear luego como manos salvajes que hicieran señas. Estaba tratando de leer a la luz última y moribunda sobre el césped un largo poema del período decadente, un poema acerca de los antiguos dioses babilonios y egipcios, acerca de sus templos espléndidos y obscenos, su alzada cruel y colosal.

    “¿Oh, fuiste tú, Dios de las Moscas*, quien asedió

    a los Hebreos y resultó empapado

    Con vino hasta la cintura, o Bastet que portaba

    verdes berilos por ojos?”

    Leía este poema porque debía revisarlo para el Daily News; pese a todo era poesía genuina en su clase. Desprendía una atmósfera, un humo fragante y tórrido que verdaderamente parecía proceder del cautiverio de Egipto o de la opresión de Tiro. No hay mucho en común (gracias a Dios) entre mi jardín con su horizonte inglés a lo lejos, verde-grisáceo, y estas locas visiones de palacios formidables, decorados con pinturas, dioses sin cabeza y soledades monstruosas de arenas púrpuras o doradas. No obstante (como me confesé a mí mismo) era yo capaz de imaginar en aquella tempestuosa penumbra un olor igual a muerte y terror. El ruinoso crepúsculo semejaba verdaderamente uno de sus ruinosos templos: un amontonamiento de trozos de mármol verde y oro. Algo oscuro se desprendió aleteante de uno de los árboles en sombra y revoloteó hacia otro. No supe si búho o roedor alado; podría suponerlo negro querube, un querubín infernal de lo oscuro, no con alas de pájaro y cuerpo de infante, sino con testa de duende y alas de murciélago. Pienso que de haber suficiente luz, habría podido sentarme y escribir una muy creíble y espeluznante historia acerca de cómo alcancé el desvío de la carretera por detrás de la iglesia y me topé con Algo— digamos un perro, un perro con un sólo ojo. Después me habría encontrado con un caballo, quizás, un caballo sin jinete; el caballo también tendría un sólo ojo. Entonces se rompería aquel silencio inhumano; me encontraría con un hombre (¿necesito decirlo: un hombre con un sólo ojo?) quien me preguntaría el camino hacia mi propia casa. O quizás me dijera que había ardido hasta los cimientos. Pienso que podría sostener una pequeña narración con mucha comodidad a lo largo de unas cuantas líneas por el estilo. O podría soñarme trepando sin cesar los altos y sombríos árboles que se elevan por encima de mí. Son tan altos que siento como si fuera a encontrar en su cúspide los nidos de los ángeles; pero en este caso serían ángeles horrendos y oscuros, ángeles de muerte.

    * * * *

    Todo esto, os daréis cuenta, no son más que bobadas a las que, al fin y al cabo, no doy crédito. Ese universo de un sólo ojo, con sus hombres y animales de un sólo ojo, creados por el parpadeo de un único ojo universal. En lo alto de esos árboles de tan dramático aspecto no hallaría el Nido de Ángeles. Hallaría tan sólo el Nido del Íncubo; el nido de la contemplación y de lo divino no está allí. En el Nido del Íncubo descubriría ese obscuro, enorme huevo opalescente que empolla la Pesadilla. Pues nada hay tan placentero como una pesadilla— cuando eres consciente de que es una pesadilla.

    Esto es lo esencial. Esta es, estrictamente, la condición en que se colocan los artistas al aproximarse a esa lujuria del terror. El terror debe ser fundamentalmente frívolo. La cordura puede jugar con la locura; pero a la locura no puede permitírsele jugar con la cordura. Permitámosle a los poetas como aquél que yo leía en el jardín, en todos los sentidos, la libertad de imaginar cuantas deidades infames y paisajes violentos guste. Dejémosle vagabundear libremente a su albedrío entre perspectivas y cumbres opiáceas. Mas esos dioses gigantescos, esas enormes ciudades, son juguetes; nunca, ni por un instante, se les debe permitir ser nada más. El hombre, niño agigantado, debe jugar con Babilonia y Nínive, con Isis y Astarté. Permitámosle soñar con el cautiverio egipcio, en tanto en cuanto se ve libre del mismo. Dejémosle soportar la opresión de Tiro, en tanto en cuanto le sea ligera. Mas los antiguos dioses deben ser sus muñecos, no sus ídolos. Sus santidades básicas, sus verdaderas posesiones, deben ser cristianas y sencillas. Y del mismo modo que un niño apreciaría ante todo las cosas sencillas y claras de la poesía y la piedad: ese caballo de madera que constituyera el fin épico de Ilión, o esa cruz de madera que redimió y conquistó el mundo.

    * * * *

    En una de las cartas de Stevenson hay un comentario de humor característico acerca de la sobrecogedora impresión que le produjeron en la infancia las bestias de muchos ojos del Libro de las Revelaciones: “Si aquello era el Cielo, por el nombre de Davy Jones, a qué se parecía el infierno?” Ahora bien, en su sobria verdad, hay una argumentación magnífica en esos monstruos del Apocalipsis. Se trata, supongo, de la idea de que seres realmente más hermosos o más universales que nosotros podrían resultarnos temibles e incluso confundirnos. Y en especial, podría ser que parecieran tener múltiples órganos sensoriales, más perceptivos; una idea representada de manera altamente imaginativa en forma de múltiples ojos. Aprecio mucho esos monstruos bajo el trono. Es cuando uno de ellos vagabundea por los desiertos y encuentra un trono para sí mismo que da comienzo la creencia en el mal y allí (literalmente) está el demonio a quien retribuir- en forma de bailarinas o sacrificios humanos. En tanto en cuanto los poderes elementales, desfigurados, rodean el trono recordad que aquello objeto de su culto tiene la mayor de las semajanzas con la apariencia humana.

    Esta es, a mi juicio, la tesis más cierta acerca de los Cuentos de Terror y cosas parecidas, los cuales, a menos sean bien llevados por el hombre de letras y hechos creíbles, terminarán sin duda por reventarle el cerebro o resultarán en escritos sin valor. El Hombre, pilar central del mundo, debe mantenerse erguido al frente; a su alrededor todos los árboles y animales y elementos y demonios pueden hacer fintas y volutas si lo desean. Toda literatura verdaderamente imaginativa es únicamente el contraste entre las excéntricas curvaturas de la Naturaleza y la rectitud del alma. El hombre puede advertir cuán feas parecen si está seguro de que no les rendirá culto; pero algunos hay tan ingenuos que adoran algo sólo porque es feo. Esos deben ser encadenados a la belleza. Es más, no siempre es equivocado acudir, como Dante, al borde menos elevado del promontorio y mirar hacia abajo, al infierno. Es cuando desde el infierno miramos hacia arriba que podemos haber cometido un serio error de cálculo.

    * * * * *

    Henry Fuseli – El Íncubo

    Henry Fuseli – El Íncubo

    Por tanto, no veo error alguno en cabalgar junto con la Pesadilla esta noche; me relincha en el balancearse de las copas y en el rugido del viento; la atraparé y cabalgaré a través del viento abominable. Como si bosques y malezas fueran arrancados de cuajo en la creciente tempestad, como si todo quisiera salir volando con nosotros hacia la luna, como esa vaca salvaje y amorosa cuya cría es la Ternera-Luna. Alcanzaremos ese loco infinito en el cual no hay arriba ni abajo, el inmenso y alto desorden de los cielos. Cabalgaré la Pesadilla, mas ella no lo hará conmigo.

    G. K. Chesterton

    LA PESADILLA (nightmare)

    Trad. Antonio Mengs

  2. taliesin Says:

    Hola Candela. Este post me preocupó y me hizo reflexionar lo siguiente:

    Pudiera llegar a estar de acuerdo con la afirmación: “la cordura puede jugar con la locura pero la locura no puede permitirse jugar con la cordura”. Pero no en el contexto en que se afirma. Se dice también que el terror debe ser fundamentalmente frívolo. Y es ahí donde me doy cuenta de que el juego del que se habla no es aquel que yo podría llegar a considerar como adecuado a la hora de tratar con las pesadillas. De hecho, bien pensado, el juego del que yo hablo implicaría, que a su vez, la locura juegue con la cordura, aunque esto sea algo extremamente peligroso, si no se hace bajo determinadas circunstancias terapéuticas. Pero ya se ve que nada frívolo hay ahí, sino más bien algo de la máxima gravedad.

    En el juego frívolo, la intención está enfocada a una meta estética. Y ésto, a mi juicio es más peligroso todavía, por cuanto se disfrazan las llamadas urgentes del inconsciente con la finalidad de presentar lo “bello” de lo horrible.

    Ya lo he adelantado. Desde mi perspectiva, la pesadilla es un intento desesperado del inconsciente por llamar la atención sobre determinadas disfunciones de nuestra personalidad total. Sus mensajes, ahora más intensos, habrían sido adelantados en la vida onírica anterior, pero al haber sido desoídos, se alzan desbocados para llamar definitivamente nuestra atención.

    “Cabalgaré la pesadilla, más ella no lo hará conmigo”. Sinceramente ésto solo lo creo posible para unos pocos, quiero decir algunos pocos chamanes. Desde luego no lo era para Chesterton, para quién esa frase no es más que una manera estética de formular su hacer literario.

    Creo que el reto que una pesadilla nos plantea es menos “brillante” y “lúdico” que el de crear un relato y va más hacia el aspecto ético de la vida, en el sentido de responsabilidad por nuestras acciones y nuestro entorno. En ese sentido, la pesadilla nos brinda la ocasión de realizar grades transformaciones vitales.

    O eso, o la pesadilla acaba por cabalgarnos a nosotros.

    Un abrazo

  3. candelaarias Says:

    Oye, como me ha gustado tu disertación… Me la voy a llevar a un artículo en el que hay otras opiniones como ésta.
    Gracias y saludos .~)

    Así cuando me ponga con eso lo tengo todo junto.
    Yo últimamente tengo unos sueños que no veas.
    En lo sueños aflora todo. Lo que nos queremos ocultar. Y la pesadilla nos habla de nuestros miedos. A mí por lo menos sí. Pero por los últimos sueños yo firmaba. Me lo estoy pasando tan tan bien.

  4. nandara Says:

    Las pesadillas suelen durar poco, cuando llega el momento de angustia… me despierto. Intento controlar el sueño, pensar dentro de él y darme cuenta que sólo es sueño, nada que ver con la realidad. :)

  5. candelaarias Says:

    Tu mundo interior también es tu realidad…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s