Te echo de menos… (Variaciones Goldberg)

junio 5, 2008

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Meg

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Yo tengo una gata. La adoro. El gato es para mí, el más inestimable ”animal de compañía”: independiente, con personalidad, con límites bien definidos… Y ya no tengo sentimientos profundos por ella, pero en su momento reconozco que los tuve. No sé, los gatos siempre fueron algo que se cruzó en mi camino. Hubo varios incidentes con ellos. Creo que el primero fue el descubrimiento de la atracción y el miedo. Pero el experimentar ambos como un conjunto. Me refiero a eso. Lo que no soy es una Amante de los animales. Y con ello lo que quiero decir es que no les profeso devoción, como por ejemplo le ocurre a Tara, la hija de una amiga, o a él con su perro; no prefiero a los animales a las personas… y sí, tú tenías razón, una de las cosas en las que nos parecemos es que a los dos nos gustan las personas, la gente… Para mí hablar de ‘la gente’ es lo mismo que hablar de mí. Yo también soy Gente y me considero Gente y me siento Gente…¡Qué bien, jo-der! Creo que eso significa que me he curado también del odio al grupo, del miedo a la confusión con la masa, y de esa absurda insistencia en querer sentirme Especial… Yo me tengo a mí y por eso ya soy Especial, soy especial para mí… Y se acabó, esa es toda la ‘especialidad’ que yo encuentro. Quiero decir que todos somos Especiales, o estaría estupendo que lo fuéramos por lo menos para una Persona, Nosotros. Entonces nos cuidaríamos más, nos trataríamos con más cariño y prudencia. No querríamos lastimarnos, y empezaríamos a notar menos las diferencias y más las sensaciones de conformidad. ¡Ey! ¡Aquí! Eso era… y no sé si estás leyéndome, hace mucho que no siento que me lees (y casi dejó de importarme el hecho de que no lo hicieras: oye, pues si le Aburres le aburres, ¿qué se le va a hacer? No se puede luchar contra la falta de estímulo que le produces a otro; a veces ya es casi imposible luchar contra la falta que uno se produce a si mismo, y aunque lo fuera… sé que tampoco querría hacerlo) pero ahora, hoy, escribo sólo para ti, y por eso me gustaría que lo hicieses, que leyeras esto que me gustaría saber contarte pero lo que ya no voy a hacer es pedírtelo. No voy a envíar esta carta a tu correo para seguir comportándome lastimosamente, como si implorase un poco de tu atención. Me he quedado ahí quieta, en ese cesto sobre la lavadora que es mi sitio. Ahora te hablo como si fuera mi gata, sólo un Animal de compañía. De hecho durante los últimos tres meses de mi vida me he comportado así, sólo como un mero animal de compañía. Y la experiencia me Encantó, de verdad. Me resultó fascinante. Siempre he creído que mi gata había tenido mucha suerte conmigo, y hubo un tiempo en que envidié su vida… Ella tenía a alguien como yo, que la quería, cuando yo no me tenía ni a mí misma… y puedo que por eso estos últimos tres meses hayan sido los mejores de mi vida. Nunca me he tenido tanto a mí como desde esas llamadas que yo te hacía desde mi Soledad… Mi Soledad era un amparo, un reclamo, una incógnita para humedecerme, para empaparme de Deseo… Quería sentirme capaz de calarte ‘como esa lluvia que te sorprende la salida de un concierto…’. Rayuela, sí :)

El amor no se Elige.

Y verás, ayer el marido de la Zurda dijo algo similar. Estoy más sólo que nunca. Estoy más sólo que cuándo estaba solo. ¿Por qué? -le pregunté aunque a la Zurda no parecía interesarle demasiado. Lo sé porque puso otra de esas caras suyas, una de esas de las que pone cuando él habla, y por las que yo acostumbro a decirle merecidamente que es una bruja. Sí mira, tía… -le explico unas horas antes frente un carajillo con nata.

– Yo soy una Vividora y una golfa pero tú eres una auténtica bruja.

Entonces es cuando comienza a llover fuertemente pero como si la lluvia nos estuviera golpeando, sobre una marquesina de autobús, en la cabeza. No nos habíamos dado cuenta pero estábamos sentadas bajo un techo de cristal. Y entiendo lo que me cuenta. Dice que es su táctica para protegerse, que despellejar la vida de otros le sirve para camuflarse en su trabajo, en el quirófano del hospital. Las auxiliares se juntan y mientras limpian el instrumental hablan de aquella y de ese médico que está enrollado con una compañera y de… ¿Y qué va a ser amor eso? -dice la Zurda. Hay lo que hay. Y entonces es cuando me reboto. Me reboto muchísimo con ella porque hasta la cara se le transforma cuando sentencia eso. ¿Pero y tú qué cojones sabes? -le digo. Pero así. Deberías vivir dentro de su pellejo, aunque fuera durante unos minutos, ocupar su vida y sentir sus pensamientos y conocer su puta realidad. Y entonces es cuando toca eso de: Tía, eres una bruja. Y por eso le rebato aquello, que me dice momentos antes, de que ella es ambiciosa con lo material y yo ambiciosa con el interior de las personas. Eres una bruja y eso no importa para que yo te quiera. Te quiero, a pesar de ello -le explico, porque también sé que eres otras cosas. Y esa es la diferencia. Yo no me enfurezco con los demás porque no sean lo que yo necesito, o porque me gustase que fueran como me los había imaginado y no como son… Yo, si te quiero… a ella si la quiero -le digo… a cualquiera que yo quiera… de afecto, no como premio de consolación o pertenencia… puedo quererte igual, aunque haya cosas que no me gusten o que no ”apruebe” de ti. Lo peor soy yo. Como yo sí soy Especial para mí, entonces lo que más me importa es sólo eso: yo cuando soy lo peor. Eso me resulta intolerable.

Luego escampa y es un descubrimiento de un techo de cristal que me obliga a mirar hacia arriba. Mira -le digo. La belleza está ahí. Es medianoche y en la oscuridad una luz amarillenta, en una ventana de un edificio antiguo, brilla sobre nuestros cuellos alzados como una pequeña llama que he visto arder hace no mucho en alguna parte del cerebro… Existe un pequeño templo. Claro, pero la Zurda no ve lo mismo. Nos ocurre siempre. Yo la hago detener, por ejemplo el coche sobre una vía de tren: ‘Para, para, para aquí, por favor. ¿No es bellísimo?’ Y ella contesta esforzando los ojos: ¿El qué? Esto, tía… Pero la Zurda prefiere para extasiarse las lámparas a los paisajes aéreos, lámparas bellísimas de alabastro, de las que cuestan mil euros o más, y que le hacen pensar que si estuvieran decorando su salón la harían sentirse por fin satisfecha. Todavía falta la lámpara, comenzó a decir hace un par de años cuando aquello de la adquisición del nuevo mobiliario… Todavía falta la lámpara dijo cuando se compró el espejo y los candelabros hace cosa de un mes, y … por fin, ayer la lámpara llegó, y ahora la Zurda la ve demasiado baja. En realidad es que es como la lámpara que cualquiera se compraría para colgar en el techo altísimo de una mansión pero tú si pasas por debajo te das en la cabeza con ella. Tienes que esquivarla pero es como un centro de gravedad. Es hermosa y atrapa todas las miradas. Bueno, parece ser que menos la mía. Yo abro la puerta y lo hago porque ella me insiste, a pesar de que no quiero molestar a su familia que está sentada disfrutando cómodamente de la televisión. Y miro y no la veo, y se me ocurre buscarla hasta detrás de la puerta, y claro, no la encuentro… Es que no sé qué cosa busco. Tal vez pensé en una lámpara de pie. Como yo prefiero las luces indirectas… No lo hice a propósito. Ni siquiera la vi. Mi amiga se compra una lámpara que nadie podría dejar de ver (en serio,sería imposible), se pasa hablándome de ello dos años, y así me descubre: ni siquiera la he estado escuchando. Lo cierto es que para mí tiene tanta importancia su lámpara como el contenido del interior del cubo de la basura que habita en su cocina. No me interesa lo que consumen. No es eso lo que busco. Y ayer la Zurda ya sabe que ni esa esperada lámpara maravillosa puede tener el poder de hacerla sentir más realizada o más feliz. ¿Ves? yo sí. Yo sabía que si al final de esos tres meses estabas tú, aunque fuera sólo por unas horas … si que iba a sentirme más realizada y más feliz. Bueno, feliz feliz … durante unos días. Los que me duró el efecto narcótico de nuestro encuentro. Pero satisfecha con raíz duradera, por lo que eso significaba para mí. He llegado a vivir lo bastante para sentir el efecto pavoroso del vértigo de lo que siempre he deseado vivir. Y como resultado de ello se están produciendo ciertos cambios profundos en mi sentimiento y en mi personalidad. No son evidentes pero ya están ahí. Lo sé. Ésta se vuelve mucho más modesta, menos combativa, más pacífica. ¿Lo negativo? También existe. Pero de eso te hablaré quizás más adelante…

Ahora mismo suena el teléfono. Pienso que no puede ser la Zurda. Pienso que podrías ser tú que me recuerdas, a pesar de esos diez minutos que dices que te lleva a ti el olvido. Pero no lo eres. Es él que me pregunta por qué me mosqueé ayer… Vaya, qué curiosas nos resultan las cosas cuando cambian… No, no me mosqueé -le digo. Es que él estaba aquí y no podía hablar. Era así, apurado. Tenía que ser así, ayer -dice y se disculpa. Y es que ayer me fui, y ya quise irme cuando me había agarrado el culo por dentro de la maya, y yo le decía: ‘Suéltame tío, que nos va a ver tu amigo’. Cabrona -me lo llamó varias veces y visiblemente excitado. Nunca le había pedido así que me soltara. ¡Qué va! Al contrario. Y lo que ocurre es que ahora él sospecha que mi joven compañero de 24 años y yo, nos vamos a enrollar cualquier día de estos delante de sus ojos, y le entran ganas no sé… de follarme, de tenerme, de no perderme del todo ahora que me ha recién descubierto. A esa gata de compañía en la que parezco haberme convertido en estos últimos tres meses… Y por eso nos ha separado. Tú a una hora y tú a otra. Cómo si algo así pudiera impedirlo. Porque así es como él ve idílicamente sus relaciones. Una a una hora y otra a la otra. Y si lo quieren bien, y si no pues que les den… Me parece perfecto. Eso está genial cuando nadie sufre. Cuando no hay una implicación real y constante. Sí, entonces me parece perfecta la discontinuidad masculina, de verdad: acojonante y hasta para mí que la practico pero claro, mientras no duele… porque cuando comienza a doler todo cambia.

Y es que ayer llovía. Y él me buscó, y mi cuerpo le siguió salivando como quién asocia con ello la campana de un viejo estímulo pero cuando tocó mi carne… me di cuenta de que mis emociones no nos había seguido y que no era ni carne trémula siquiera. No me estremeció. Así que en cuanto se despistó me largué a toda prisa. Su hijo estaba en el gimnasio. Le quitaría las llaves para irnos media hora, imaginé que hasta la exposición de candiles, un lugar dónde con un poco de suerte cualquiera podría vernos. Llegué a casa. El teléfono. ¿Te fuiste? Sí, pero si quieres pasa por delante de casa y recógeme -le digo. ¿Qué hay de malo en dejarse querer unos minutos? Sigue gustándome como me toca, y sigue gustándome chupar su polla, aunque a esa polla ya no tenga ningún sentimiento que contarle. Ocurrió hace cosa de un mes. Pero tiene que ser muy rápido -responde él. Entonces vamos a dejarlo -le digo mientras corto la comunicación. La Zurda pasará a buscarme en una hora. Ayer noche salimos. En eso quedamos. Y hoy me llama. ¿Por qué te mosqueastes ayer? -me dice. No fue así, no le miento. Esta bien ¿Te escapas si puedes hasta aquí y nos vemos esta tarde? Eso es por hoy. Mira, mejor que no. Tengo la regla. No se enfada. Me doy cuenta de que no quiere enfadarse conmigo. Quiere volver a verme como un animal ronroneante que se masturba solitariamente en el asiento de al lado del asiento del conductor. El que él ocupa. Ni siquiera me mira durante minutos. Mira por la ventana hacia la arena, y hacia la lluvia. Fuma desapasionadamente y no me toca, y lo que es increíble: a mí no me importa. Estoy ensayando eso. Como suenan las variaciones Goldberg pero las del deseo en la Ausencia…

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Glenn Gould Variaciones Goldberg (I)

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Da igual con quién esté. No estás tú y nadie Mira. Y me deja masturbarme en silencio hasta que me dice: eres insaciable. Luego se saca la polla. Y yo me muevo. Ya has visto algo que te gusta, ¿eh? Sí claro, he visto lo que más solía gustarme en el mundo, su polla. Pero ahora ya no sería así. Ya entonces no lo era, eso quedó atrás, a años luz pero entonces aún no había visto ninguna que pudiera gustarme igual, o más… Estaba muy lejos de pensar que tu polla iba a decirme tanto. Y no iba ni a llamarte. No pensaba llamarte. Es que no se me ocurría ningún motivo para hacerlo pero ayer ocurrió algo verdaderamente mágico que no puedo escribir aquí y ahora es lo único que deseo hacer. Entonces me digo a mi misma para tranquilizarme: ‘Bueno, eso no termina de ser del todo un comportamiento de animal de compañía. No, eso es una búsqueda de Intimidad. Quieres compartir algo con tu Amante que no te apetece contarle a más nadie ‘. Y lo apruebo, y entonces creo que te llamo. O por lo menos sé que quise hacerlo.

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Glenn Gould Variaciones Goldberg (II)

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2 Responses to “Te echo de menos… (Variaciones Goldberg)”

  1. tugidaq Says:

    .en el fond0 siempre tu. siempre una marip0sa de aLas azuLes, Lilas y negras. :) Niña no voy a poder hacer el kamin0. Supongo ke ya lo esperabas. No siento ke sea mi moment0. No estoy bien ekonomikamente y tengo ke ah0rrar mucho para los estudios. y para kumplir sueños. Estaba esperando hasta hoy para decirtelo porke necesitaban gente para kolaborar en un Yacimiento del cuaternario de animales, para buskar fósiles e investigar y mande un mail, es en Septiembre y necesito hacerlo. Me han kogido :), y necesito motivacion y aislamiento. Y eso me apetece muchisimo. Sé ke me entiendes. Y tambien sé ke tendremos nuestro momento. En la tierra o voLand0 por los aires. y entonces expLotarán miLes de burbujas. Espero ke todo vaya bien. Un besazo.

  2. candelaarias Says:

    ¡Ostras! Eso suena muy bien lunita :)
    Me alegro mucho por ti.
    Un abrazo :)

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