Con los patines listos…

julio 3, 2008

Patines


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Habíamos quedado y eso era lo único que importaba. Yo me presenté pasadas las seis (cuando salí del trabajo) con mis patines. No quería ni pensar en cómo me las arreglaría luego si su padre la traía a ella con los suyos y nos íbamos a patinar las dos delante de las narices de Guernika. La condición que Pésimo le puso a Candela fue que él tendría que acompañarnos. Y el caso era que si Guernika le veía conmigo ya podía ir despidiéndome de mi escasa vida erótica. Y claro, me he dado cuenta de que primero, yo no quiero eso y segundo, estoy tan condicionada por el ”temor” de perderlo (sobre todo ahora que lo nuestro parece marchar tan estupendamente) que me comporto con él con sumo cuidado. Lo cual, bien mirado, no termina por ser malo del todo porque eso quiere decir que por lo que sea yo le valoro muchísimo. No me dará nada pero él, aún así, es muy importante para mí. ¿Por qué? Buena pregunta. ¿Quizás por el mismo? Sería interesante acertar con la respuesta… ¿Y yo? ¿Será recíproco?. ¿Le estará sucediendo algo similar a él? Pudiera ser. Sí, diría que sí por cómo se comporta conmigo… Sin ir más lejos, él creo que anda preguntándose algo parecido. Antes le estaba soltando una perorata técnica a alguien y de repente me miró, se interrumpió y me dijo:

– ¡Joder!, qué bien hablo. Deberían nominarme para la academia ( no sé a qué academia se refería pero se burlaba). ¿Será por eso por lo que te gusto?

– Pues no sé que decirte porque no sé bien por qué me gustas. Incluso me lo pregunto muchas veces.

– Sí, eso mismo me pregunto yo

– Pues deja de preguntártelo: el caso es que me gustas y punto. Porque sí.

Candela no se presentó y tal vez fue mejor. El sábado me decía que se moría de ganas de que llegase el lunes para patinar conmigo pero… ella y yo no mandamos en su vida. Puede que su padre no pudiera o no quisiera traerla, puede que a su madre el tema no le hiciera ninguna gracia. Lógico. Podría haberse puesto enferma. Hacía un frío intenso y cuando llegué mi banco, el que prefiero, estaba por fin libre pero ese tipo que me merodea se encontraba ya allí, en otro. Me pasé una hora concentrada en la lectura de mi libro y sin girar la cabeza hacia él ni una sola vez, no fuera a ser que él se diese por aludido y se decidiera a intentar un nuevo acercamiento. ¿Qué habría sucedido si hubiésemos coincidido solos y en el banco cercano no hubiera estado aquella pandilla de adolescentes creciditos, con sus pearcing y patinetes?

No sentía miedo pero… no me gusta, no me gusta nada. Cada vez me gusta menos el cariz de ese individuo. Lo contrario de Santos. Ayer, con el cuento del juego del balón nuestros cuerpos se han acercado nuevamente.

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