ENCUENTRO ILÍCITO…

julio 3, 2008


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Eran las doce menos cuarto cuando enfilé la recta. Vestía informal pero seria, vaqueros y un abrigo largo de color camel. Le vi dentro del coche en una calle transversal. ¿Espiaba mi paso o sabía que iría a buscarle? Tal vez otro día hubiera continuado de largo pero otro día. Doblé la esquina y caminé hacia él. No tenía gana alguna de sonreír pero tampoco de mostrarme enfadada. Él tenía la ventanilla abierta.

– ¿Por qué te enfadaste conmigo?. -le pregunté lo más suavemente que pude.

Le sucedía lo mismo. No tenía gana alguna de sonreír pero tampoco de mostrarse enfadado.

– No me enfadé. Es que no podía contestar porque estaba en casa – dijo él utilizando el mismo tono que yo había empleado.

Era mentira pero tampoco eso me importaba

– Sólo quería decirte que iba a tratar de anular mi cita para poder irme contigo.

– Ahora yo ya no puedo irme. He llamado a ‘D’ y hemos quedado.

– No si yo tampoco puedo. Primero tengo que ir al banco y luego a la asociación. Al final no les llamé…

Nos mirábamos. Él también había sufrido.

– Un cataclismo, ¿me oyes? Tu llamada significo eso, un cataclismo en mi interior.

Asintió sin palabras, sólo escuchándome y yo seguí:

– Ya ayer por la noche me lo provocaste. Cuando íbamos caminando y me acariciaste el sexo con tus dedos. Bastan unas caricias para que me lo provoques. ¿No te das cuenta que te quiero? Y mira, no te mentía, esta mañana escribía sobre ti.

– Ten cuidado. No me des nada. Ya te dije ayer que ”tu amiga” no nos quita ojo.

Era cierto. Ya lo había percibido yo en Teresita, ‘la intrigante’ (la funcionaria). Pero la advertencia de Guernika llegaba tarde y no pudo frenar que le arrojara un folio muy doblado en trocitos sobre sus piernas.

– Tranquilo. Nadie lo ha visto.

– Pero no puedes seguir ahí, tienes que irte. Seguro que nos observan.

– Sí, ya me voy pero te quiero. ¿Lo entiendes? Te quiero.

Y por su mirada supe que en aquel instante se reproducía un cataclismo semejante al mío en él.

¿Estamos seguros de que sea tan imposible que el dolor se contagie, de que sea intransferible?

Y cuando me alejé lo hice hacia lo que llevaba días postergando. Estaba dispuesta a convertirme en una falla, a romperme como un estrato rocoso. ¿Y por qué? Pues todo por un detalle miserable que no me gustó.

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