La casa donde su abuela se ahorcó…

julio 3, 2008

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Por fin pude hablar con Contradicción para contarle como perdimos Guernika y yo, la tarde del viernes, la cabeza. Ella sólo dijo después de darme la razón: <<A mí lo que me parece es que después de todo este tiempo, el viernes os habéis consolidado, por fin, como pareja>>. Luego me recordó cuando hace unos años le hablé de ‘bajar a unas casas a por él’. Dice que le dije eso, que si quería salvarle… tendría que rescatarlo; que lo que estaba sucediendo, más que nada, le trajo a la memoria aquello. Pero no tenía necesidad de recordármelo. Yo nunca lo he olvidado, y ella confundía un tanto los conceptos.

En realidad yo lo que dije fue que si quería rescatarle de si mismo tendría que bajar antes a ‘su infierno particular’ a por él (es una metáfora y yo no lo utilizo ya, en modo alguno, con una connotación religiosa); y que creía que la raíz de todo su ‘mal’ ( de patología) se hallaba en su antiguo hogar, el lugar en el que creció y en el que su abuela terminó por ahorcarse. Él fue quien la encontró. Sólo sé eso. Ni siquiera el cuándo. Y se lo contaba a mi amiga cuando pasábamos por el lado de aquella vieja casa cerrada. Contradicción no andaba muy desencaminada porque a ese punto sentí yo que me acercaba el viernes en el aparcamiento del club cuando él me hablaba. Y lo que sucedió fue que mantuvimos sexo allí, y que cualquiera pudo vernos. No eran ni las ocho de la tarde y aquello estaba muy concurrido. La gente va allí a pasear o a hacer deporte y deja sus coches en una pequeña explanada abierta y bien iluminada. Visto desde fuera hubiera sido sólo sexo pero para nosotros fue algo muy distinto, y yo insisto en llamarlo amor aunque Guernika solo hable de ‘algo’. <<Hay algo más. Hay algo más>> –me dice. Pero, ¿qué puede ser ese ‘algo más’ sino amor?

– ¡Dios mío!. Creo que me estoy enamorando de él -le digo a Contradicción

– Yo sólo voy a hacerte una pregunta: ¿ahora qué sientes por el doctor Malasaña?

– No lo sé. El jueves si llega a invitarme a pasar a su consulta… habría entrado y dejaría que ocurriera lo que fuese pero hoy no, y aquel día terminé por irme; así que supongo que tampoco.

– La última vez que te lo pregunté tu respuesta fue que les querías a los dos. Has cambiado. Pienso que Malasaña sólo es un refugio.

– Siempre ha sido un refugio donde esconderme del dolor que me producía Guernika y él lo sabe. Fíjate cuando le abordé. Siempre desde un mal momento…

– Me temo que habéis abierto puertas que ya no será posible cerrar. Aunque Guernika quiera ya no podrá dar marcha atrás.

– Sí, hemos cruzado juntos un umbral. ¿Sabes? Me contó hasta que su hijo tuvo problemas con las drogas y que por eso le enviaron fuera. Era todo más grave de lo que yo sospechaba… Yo le dije que cuando pensaba en su hijo no podía evitar pensar en el mío, en el que hubiera tenido de no haber abortado. Tendrían la misma edad, diecinueve años y él se sorprendió mucho. Nunca le había hablado de eso.

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