Sentirse del material de las montañas…

julio 3, 2008

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– Quiero saber cuánto ha costado la tela del disfraz y el precio de la comida. Si no puedo pagármelo yo… no voy a querer ir.

Era evidente que estaba molesta y tanto Leonor como la Directora entendían que tenía motivos:

– ¡Mira! Se hizo una reunión y se acordó que te íbamos a invitar a todo. En principio se habló del traje completo y confeccionado por la modista. Fue en lo que se quedó pero…

– Vamos a ver una cosa , ellas estaban siendo mucho más razonables de lo que yo esperaba y parecían tan disgustadas por la mezquindad ajena como lo estaba yo-, no se trata de lo que hayáis acordado vosotras sino de cómo me he de sentir yo y si no puedo pagármelo todo, entonces no voy a asistir a ninguna celebración. No es ni nada personal. Siempre he sido muy independiente para mis cosas.

– Yo la entiendo Leonor -dijo la Directora-. Si las madres la quieren retribuir por su trabajo que acuerden darle un dinero y que se dejen de pamplinas y de hacerle ”regalos”.

Ella se daba cuenta de mi orgullo herido y se ponía en mi lugar.

– Pero es que yo no quiero ningún dinero. Yo ya tengo mi trabajo y no quiero cobrar por algo que significa otra cosa muy distinta para mí. Esa actividad con ‘ellos’ me reintegra más a mí como persona que nada. Yo soy la que salgo favorecida a nivel humano con su trato.

– Opino igual que tú y si quieres pagarte el traje y el arreglo de la modista… a mí me parece estupendo pero por lo menos acéptales que sean ellas quienes te inviten a la comida ya que quieren tener un detalle contigo. Hazlo por ellas – dijo la Directora.

Me pareció un acuerdo justo y conciliador y le tendí la mano. Era nuestra primera negociación seria y tuve la impresión de que a ella de forma particular le gustaba mi postura. Pronto sería el aniversario de aquel primer enfrentamiento nuestro.

Hubo un momento en que Leonor preocupada por mis ‘sentimientos heridos’, porque por lo que fuera eran evidentes aunque yo tratase de disimularlo, me dijo: << Pero no te habrás arrepentido de lo de el camino de Santiago, ¿verdad?>>

– No, no, por supuesto. Eso me apetece muchísimo que llegue.

Luego recapacitando sobre la marcha, hasta entendí que había sido absurdo estar sufriendo calladamente durante una semana por un incidente que ni siquiera tenía que ver conmigo (orogénesis del talante de las personas) y que además tenía tan fácil remedio. A veces nos torturamos de una manera estúpida e innecesaria. Bastaba con afrontar el dolor y el resultado del movimiento orogénico en vez de ser una fractura del terreno era un pliegue. Montaña, del material de las mismas montañas de Parvati, me sentí en aquel momento.

Después del apretón de manos la Directora regresó a su despacho y Leonor me llevó hasta una habitación del fondo donde había una mesa sobre la que trabajaban unas mujeres. Fue allí donde me encontré con la historia de ‘la ciega’. Temblores de la tierra… nuevos temblores de la tierra, temblores que no descansan, incesantes, más temblores de la tierra. Fue un día en el que mi alma y la tierra de todo mi cuerpo tembló.

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