… dije ‘Abracadabra’ y las puertas se abrieron.

julio 4, 2008

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Fui a esa comida. Lo más sorprendente fue aquella mujer anciana, su voz. Había pertenecido a un coro y ésta aún era extraordinaria. La conocía de vista y nunca hubiera sospechado su talento. Se cantó mucho. Yo escuchaba presa de una timidez antigua que hacía tiempo que no padecía pero sonreía con una sonrisa amplia dibujada en la cara.

Lo peor, el comportamiento de algunas mujeres entre sí y lo burdo de su sentido del humor. Comí entre chistes verdes de tasca y el dime de qué presumes y te diré de qué careces. Tengo miedo que alguna lo más cerca que esté del sexo sea cuando ve ese ‘Hotel Glamour’ que tan fascinadas las tuvo en alguna temporada pasada. De hecho piensan que yo soy un bicho raro porque nunca lo he visto. Me animaban a que lo hiciera. Me decían:

– Tienes que verlo sin falta. Ya verás cuanto te vas a reír.

¿Cómo les explico yo que cierta clase de grosería lo que me da son ganas de llorar?

Lo imperdonable, el recuento de la comida o las copas de vino bebidas… El marido de Leonor y yo bebimos en abundancia. La comida era copiosa y aunque simple, sabrosa. Me sentó fatal cuando Leonor le hizo un gesto a mi vecina para que nos llenara, otra vez, a los postres las copas. Yo, por supuesto, no probé ni un sorbo más. En realidad no fue así. En realidad fue que Alberto había bebido mucho y sus ojillos le delataban. Me miraba encandilado dejándose ir por el arrobamiento del tinto rioja y Ana que debió de darse cuenta quiso provocar el que bebiera un poco más para que eso le ayudase a terminar de cruzar la frontera. Entonces Leonor se dio cuenta del gesto y trató de convertirlo en una complicidad.

– ¿Quieres emborrachar a mi marido?

Me pareció que se habían aliado contra mí y extremé precauciones. En ese sentido temo a las mujeres. ¿Somos malas por naturaleza? No, pero somos sagaces y desconfiadas y esa suele ser una combinación peligrosa.

Yo no he alentado a Alberto nunca; no creo haber coqueteado con él desde que se unió a nuestro grupo. Antes me parecía un hombre atractivo para su edad (más o menos la de mi padre) pero se mostraba muy serio y hasta me intimidaba un poco. Eso no daba ningún pie. El último día antes de las vacaciones de verano fue distinto. Leonor y él vinieron a buscar a su hija más temprano de la cuenta y Alberto se puso a jugar con nosotros… Hacía meses que me trataba pero en otras circunstancias. Después de la media hora de aquella tarde repetía encantado: <<No pensaba yo que esta mujer era así. Es como una nena grande >>. Y es que cuando se juega con ellos y te integras, inevitablemente uno se relaja y aflora lo mas tierno de si, la infancia. Pero eso no es posible describirlo… es una sensación que hay que vivir.

Cuando Alberto insistió en que bailáramos me di cuenta de lo grave que podía resultar la situación en un futuro. Apretó su cuerpo contra el mío y me hizo sentir su deseo.

– Yo no sé bailar. No sé bailar -le decía yo para ver si me libraba.

Pero a él no le importaba eso.

– Da igual, porque te estás dejando llevar…

Yo creo que Leonor tuvo que darse cuenta. Él no paraba de recitar lo guapa que yo le parecía, o lo buena moza, o lo atractiva que me encontraba. Me lo decía a mí y en general a cualquiera que le prestase atención. Bromeando pero cuando me acerqué a él para despedirme y sus manos agarraron mi cuerpo con aquella codicia me fue imposible negarme a admitir lo evidente. Y esto era que en él se han despertado unos sentimientos que no son correspondidos.

Y lo mejor fue lo de siempre: ‘Ellos’. Bailé con todos y con todas (con Homero también aunque me saque de quicio su irrespetuosa forma de ser). Incluso con los desconocidos entre los que descubrí un compañero de baile estupendo. Su padre se estaba muriendo de cáncer y él decían que estaba muy triste. Pero a mí lo que Hector me dijo fue que se sentía muy contento por estar bailando conmigo, que me movía tan bien. Con Hector bailé varias piezas y me pareció que Alberto nos miraba hasta con envidia. ‘Serán cosas tuyas’, me repetí. Pero no, creo que Leonor también le observaba y se sentía celosa y preocupada por el mismo motivo. Era lo que me quedaba… Es con Leonor con quien está previsto que viaje dentro de unos meses…

Para irme le di un beso a todo el mundo. Cuarenta abrazos, como ‘Alibaba y los cuarenta ladrones’ y ochenta besos… dije ‘Abracadabra’ y las puertas se abrieron.

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