El alcoholismo y la mala suerte son universales…

julio 4, 2008

.
Estuve en el parque. Antes de presentarme ante Alma pasé por allí. No era el mismo parque en el que leo, en el que me encuentro con Candela, en el que descubro a ese Malasaña roído por la carcoma del inexorable paso del tiempo. No era el mismo parque pero me di cuenta que estuve en un parque tan honesto como ése, tan irreprochable. Parques de familia, parques de paseo de perro, de jubilados caminantes… parques sin huecos para asilar a amantes furtivos devorados por el fuego febril de la noche o de sus cuerpos.

Quería tomar una foto a la luz del día de la posición que habíamos ocupado Guernika y yo trece horas antes… quería eso y estudiar el parque en busca de su zona en penumbra, la que yo recordaba haber visto entre unos árboles pero que resultó no existir.

Era aún temprano. Las diez y media de la mañana y había comenzado a llover pero no pude retratar el trozo de muro. Un escalofrío. Era un señal. Había un hombre allí esperándome con una botella envuelta en una bolsa de papel de la que bebía. Detuve mis pasos. Daba una o dos vueltas en el sentido de las agujas del reloj, me observaba con recelo o intención y se echaba un trago al gaznate. Le reconocí, sí, ¿pero de qué? Era la primera vez que le veía o tal vez no había reparado en él antes… uno suele ver sólo lo que quiere mientras se lo permite su percepción selectiva… ¿Quizás me recordaba una escena de película americana? No suelo sentarme en butacas de patio y tampoco veo mucho la televisión por eso de lo poco que veo, por porcentajes, es más posible que no conozca a los transeúntes sin techo del cine europeo. Pero resulta que el alcoholismo y la mala suerte son universales porque luego en el centro de la ciudad veo otro hombre, en otro parque intachable, bajo la misma lluvia, que da las mismas vueltas en el sentido del reloj antes de echarse un trago igual que los otros en el gaznate; aunque esta vez la botella esté envuelta en una bolsa de plástico. ¿Pero dónde estaba el Sena? ‘Clochard’, esa era la palabra. Eran clochards y les reconocía por haber leído un libro, ‘La leyenda del Santo bebedor’ de Joseph Roth. Y pensé en Lemprier. Allí estaba otra vez la ‘Casualidad’ apuntando con su dedo a la ‘No casualidad’ de la noche anterior. Acusándola.

Fue Lemprier quien me recomendó el libro de Roth y quien dijo: <<Un día habrá alguien al que eches de tu lado y seguirá ahí aunque le des la espalda pero no seré yo. Alguien al que no podrás apartar de ti aunque quieras>>. Y algo parecido me había repetido Guernika el viernes de la semana pasada: <<Te has librado de todo el mundo… menos de mí >>.

‘La leyenda del Santo Bebedor’ fue el libro que le presté a S. O’Toño junto con la seda de A. Baricco y que no me retornó. ‘Seda’ fue un regalo pero Roth no. Me fui de su vida antes de que pudiera regresármelo, dándolo por perdido… Y es triste, quizás lo es, pero ese era su valor y así es mi desapego.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s