El Mundo es masculino y la Vida es una mujer…

julio 4, 2008

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No me apetece ir  a esa comida. No sé porqué acepté pero no me apetece (supongo que por superarme, el año pasado me creía incapaz) y sin embargo sé que iré…. y trataré de pasarlo lo mejor posible. ¿Estoy empeorando o sólo volviéndome más tolerante? ¿Acaso importa? La sensación conmigo misma es cada día de mayor comodidad; incluso sometiéndome a la camisa de fuerza de una incomodidad elegida.

Traté de explicarle a Contradicción lo que me sucede últimamente pero resultaba difícil. Demasiado. No sé cómo hacerle entender que tener la sensación de estar cada día menos segura de todo, tiene poco que ver con la duda. Ella que dice:

<< Yo  que ahora cada día me siento más segura de mi misma … ¿Y  tú…?>>

– Es que no se trata de eso… sino de, por ejemplo, no dar por sentado nada, ni siquiera de la vida de otros.

En especial de la vida de otros. Ella enseguida tiende a sacar conclusiones precipitadas que a menudo me ponen los pelos de punta. <<¿Y nosotras qué sabemos? – le digo. No estamos en su pellejo>>

¿Por qué siempre elegimos pensar en lo peor?. Me sorprenden pocas cosas de la Vida, es cierto, pero tengo cada día más fe en ser sorprendida por la ‘Ella’, por las gentes de la Vida.  El Mundo es masculino y la Vida es una mujer. Es extraño pero ocurre que el viento sopla en la dirección adecuada y lo imposible es posible porque ya lo dijo Galileo: ‘Y sin embargo se mueve’.

Intenté explicarle lo que Nol quería hacerme entender: ‘Deseo olvidarme de lo que Sé’
– No te comprendo. No te comprendo. ¿Quieres ir hacia atrás?

– No, en absoluto pero a la vez ha de ser así; sí, si uno quiere nacer un poco todos los días.

El viernes me llamó preocupada desde el trabajo. Le había sucedido algo sorprendente:

– Hay un cambio. No sé qué me está ocurriendo pero…

– ¿Y qué quieres que hagamos? -le pregunté.

– No sé. Ni siquiera sé si quiero ir a la piscina o que vayamos a dar un paseo por la playa.

Al final decidimos dar ese paseo  pero hasta allí hay que llegarse en coche y eso no fue buena idea. Varios conductores furiosos se enfadaron con nosotras, alguno alarmado. Nunca la había visto así, tan ida, tan  distraída. Es como si no fuera capaz de encajar porqué por la mañana había sentido la necesidad de abrazar a Stephen ‘el lobo’. Yo le dije:

– Parece cambiado, ¿no? Más pacífico, más amoroso…

– Sí.

– Entonces, ¿por qué no habrías de dejarte llevar por lo que sientes?

El que si lo hizo fue ‘N’. No le veía desde el día del torneo pero él si manifestó un contento grande cuando nos vio. Lo que ya no sé es por cual de las dos…

– Tenemos ahí, en el coche, ‘el gorro’ para que te lo  pongas -le dije riendo.

Y ‘N’ me siguió la broma. Estuvimos de acuerdo en que el frío era dramático pero nosotras nos fuimos enseguida.

Candela Luminosa estaba disgustada. Cuando le pregunté que por qué razón no llevaba su disfraz de Cleopatra me dijo sólo que había tenido que quitárselo. Al parecer en el colegio alguien le había disparado a la cara un spray de nieve y eso le había estropeado el maquillaje. Entonces no entendí pero me repitió que le dolía la cabeza. Lo mismo que el día anterior.

– ¿Se lo has dicho a tu padre?

– No. Sólo le dije que estoy un poco cansada. Él dice que tengo los ojos hinchados, ¿es verdad?

Yo los miré pero sólo se los encontré tristes.

– Los tienes un poco tristes pero no están hinchados. Vamos, quizá un poco pero es algo  imperceptible.

– A lo mejor es que me voy a poner mala.

Le toqué la frente. No parecía tener fiebre.

– ¿Te sientes mal?

– No. Sólo un poco cansada pero no quiero decir nada porque vamos a salir por la noche con unos amigos…

Es distinta. Nunca me ha contado, por ejemplo, que su padre es médico.

Tampoco me dijo que había estado llorando hasta pasado un buen rato.

– ¿Sabes?. Hoy lloré.

Era la confesión de una debilidad inconfesable. ¿Desde cuando  el llanto en una niña es motivo de vergüenza? En aquel momento no lo comprendí pero ahora cuando lo escribo sí, porque yo una vez, a su edad, lloré de rabia y jamás he sido capaz de olvidarlo. Me apena el recuerdo de que mi dolor fuera tan transparente para quien me lo había provocado. La rabia procedía del hecho de que ella fuera más pequeña que yo pero más fuerte. Me agarró del pelo y me arrancó un buen puñado. Eso duele. Era lógico que llorase pero yo no lo comprendí así. Aquella niña no era más fuerte, sólo más cruel, más implacable. No le importaron mis gritos de dolor.

Serengueti lloró cuando le dispararon el spray de nieve en la cara. Se había maquillado. Había tardado una hora en hacerlo -me dijo. Eso duele.

Pésimo se asomó un par de veces tras la cristalera pero por mi parte no existió ningún juego. Quiero decir que he puesto mis sentimientos a salvo de él. No quiero implicarme. No es que haya dejado de sentir por ese hombre; los sentimientos profundos son indestructibles; es que sigo sin querer que juegue conmigo y además está ahí lo de Guernika…

Le hice una seña para hacerle saber que a su hija le dolía la cabeza. No me entendía, y entonces le ordené con suavidad a Candela que se lo comunicara:

– Vete y dile que te duele la cabeza, por favor.

Me parecía que él tenía que saberlo. Dos días seguidos no son una casualidad.

También sucedió algo bonito. Le presenté a un muchacho  afectado por una severa discapacidad intelectual. A ella le asustaba su físico. Después cuando le pregunté si seguía dándole miedo, me contestó:

– No, sólo mucha pena.

Candela es inteligente pero tiene buenos sentimientos. Cuando patinábamos y me preguntó si debía reirse si yo me caía, le dije:

– Pues no lo sé. Debes hacer lo que te surja. Si te causa gracia y te apetece reírte te ríes y si te asustas… pues me ayudas. Tú veras,  eso para lo que te de a ti el corazón.

– Entonces te ayudaré, porque mi corazón no quiere que te pase nada malo.

Lo que ya no supe fue qué pensar cuando su padre mencionó la gripe del pollo… ¿Nos estaba tomando el pelo? ¿Por qué desconfío,  por sistema, de cualquier cosa que proceda de él?

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