Los celos y urdir mil venganzas posibles…

julio 4, 2008


.

21h10’…. Ahora mismo me siento muy enfadada aún. ¿Con quién? Con varias personas pero sobre todo con Guernika. ¿Incluida yo? No, para variar esta vez no.

El mal día comenzó esta madrugada. Tuve una pesadilla extrañísima en la que me temo que atravesé por toda la gama de emociones negativas que existen: tristeza, miedo, preocupación, pesar, frustraciones, envidia, dolor, decepción, vergüenza… menos la ira. Curioso, justo la nota dominante de este momento.

Era un sueño tan esperpéntico que sería difícil hilvanar una conexión lógica. Bueno, aunque pienso que si me esforzara podría hacerlo pero me conformo con tomar unas notas por si acaso en unos días llegara a hallarle algún sentido práctico.

‘Envidiaba la rosa roja de aquella bonita mujer (una desconocida);  creo que alguien que a mí me importaba se la había regalado pero cuándo ella me la ofrecía (como queriendo hacerme ver que no tenía nada por lo qué preocuparme) me daba cuenta de que era una rosa  rota. El capullo se había desprendido del tallo y así para qué la quería…’

‘Estoy en una especie de antigua lavandería (las  mujeres van vestidas como las obreras de las fábricas de hace cien años) y de pie sobre cada lavadero (son individuales como bañeras o fosas) cada una de las mujeres golpea con fuerza la ropa contra el agua oscura  (es la manera agresiva que tienen de hacer ”la colada” o lo que sea que hagan) pero entonces veo que la ropa de una de ellas le da a la vecina que tiene delante (no sé si queriendo o sin querer) y ésta se precipita al interior de la pila. Cuando consiguen sacarla sus compañeras es un cadáver ahogado. Yo no ayudo, sólo parece que soy una espectadora pero grito sobrecogida: << Ha sido un asesinato>>, y alguien contesta: <<No, sólo un accidente>>’.

‘Mi padre está enfermo de gravedad durante el sueño (en la realidad lleva dos años de baja por culpa de sus ojos pero pronto regresará al trabajo). Mi hermano (que en la práctica se fue de casa hace unos meses por no querer saber nada de mi padre) me muestra un papel escrito por mi padre con una especie de fórmula o descubrimiento. Mi padre lo ha escrito en papel de fumar (intentó dejar el hábito varias veces pero no fue capaz). ¿El mensaje hace referencia a su enfermedad? El apunte me es incomprensible. Para descifrarlo debo de partir en busca de la respuesta. Es una noche oscura y me muevo entre la niebla y las sombras. Aquí, al llegar a este punto, ocurren una serie de indescriptibles circunstancias (porque no las recuerdo bien pero que están relacionadas con  las extravagancias que ejecuta una conocida de mi madre que tiene fama de loca y un árbol). De pronto mi madrina (con quien fui estableciendo una relación distante hasta el punto actual en que hemos dejado de hablarnos… en general, eso me ocurre con toda la familia por parte de mi abuela: nos aborrecemos mutuamente) recibe una llamada de teléfono. Yo la escucho hablar pero no entiendo bien porqué me mira así y qué es lo que me quiere decir.  Es más, me niego a admitir lo que me dice pero por último tengo que aceptarlo: alguien conocido nuestro se ha muerto y el muerto es mi padre’

El suceso no sé porqué me toma por sorpresa y me produce una gran impresión. Además me doy  cuenta de que existen sentimientos que creía se habían muerto hacía tiempo. Le quería y su pérdida me causaba daño. Fue como enfrentarme a su muerte real. La separación era para siempre y todo lo que se calló nunca sería ya dicho. Todas las oportunidades se habían perdido. Las habíamos desperdiciado. Y sin embargo aún sabiéndolo, hoy, no le diría nada.

Por cierto, hablando de enfermedades y males… mi cuñada ha salido con bien de su operación y a pesar de que su cáncer era  de los más drásticos (el carcinoma estaba en la vesícula) y el pronóstico muy duro de encajar para su madre y su hermano, ha pasado a ver que sus expectativas y esperanza de vida son especialmente favorables. Dicen que lo detectaron a tiempo y que la han dejado limpia. Yo me mantuve en mis trece y ni fui a verla, ni la llamé. ¿Me alegro por ella? Muchísimo pero sólo para mis adentros. No sé por qué pero prefiero no manifestarlo de otra manera, aunque espero con ansia el momento en que me regrese mi pirámide. Será el mes que viene en  una comida. Iremos a celebrarlo a un chino ella, mi madre, él y yo. Mi madre nunca ha estado en uno.

El caso es que cuando esta madrugada me desperté por culpa de la pesadilla me dio por pensar en Guernika y aunque no lo he escrito con todas las letras, estoy tan fatalmente obsesionada con él como lo estuve en el pasado.

Al final ayer, durante el desfile de carnaval si le vi. Me dio un vuelco el corazón. Busqué a su mujer a su lado pero no estaba en compañía de ella, sino con su hermano (el de ella) en la calle más fría de todo el recorrido, en el paseo que mira al mar. Supuse que pensando en todo, como él dice… En otra calle más protegida del aire gélido con toda probabilidad no le habría visto. Quise creer  que no había sido casualidad el que hubiera elegido aquel  preciso lugar en el que apenas había nadie. Pensé que era porque indudablemente me conocía y sabría que yo no iba mirando al gentío (no me pavoneaba orgullosa como Leonor y esto no es una crítica: somos de distinta forma de ser, eso es todo). No pude evitarlo y cuando nos acercábamos a él me cubrí bien con el sombrero y  la sombrilla. No le miré, no le saludé. Hice todo lo que pude por pasar desapercibida. No sabía si él me había reconocido. Era muy posible que no.  Contradicción hoy me dijo que a ella le costó mucho trabajo pero que le agradó verme y que fuera tan guapa (en el sentido de irreconocible). También me dijo que a Stephen, ‘el lobo’ le había sentado fatal el hecho; que si me hubiera visto haciendo el ridículo pero no… yo iba muy bien acompañada: camuflada en el medio de dos de mis chicos, que me agarraban uno por cada brazo. Tampoco con ella fui muy explícita. Luego la llamé para disculparme pero no hacía falta porque ella me lo había entendido.

A media tarde llovía sin tregua un agua de las que mojan. No era muy probable que tuviésemos una cita con el deporte y pensé en no salir de casa y  faltar a la actividad en la piscina  pero a última hora siguiendo el impulso sentí  qué me haría bien aunque fuera sólo por tomar el aire.

Vi a Guernika en el interior de su coche. Tenía previsto sólo saludarlo con la mano y pasar de largo pero bajó la ventanilla de la puerta de mi lado:

– Hola – le dije.

– Hoy no podemos marcharnos. Voy a ver si Calabacilla se hace cargo de todo y yo me voy a casa. Tengo a la parienta con dolor de espalda…

-contestó vacilante.

Ya empezábamos con las excusas. Maldito lo que le importan a él los dolores de nadie. Pero si yo no soy tonta y pienso que le he repetido hasta la saciedad que conmigo no tiene obligación alguna y que prefiero que no tenga tampoco necesidad de mentirme. Si  ya sé que no tenemos ninguna relación de pareja, que no somos novios, ni amigos, ni ninguna otra cosa que excluya el sexo  durante una tarde…

– No, si yo me voy a trabajar. ¿Sabes?, ayer te vi.

– ¿Desfilabas? (él ya sabía que lo haría… me escuchó decírselo el lunes a un compañero que bromeaba acerca de ello conmigo)

– Si. Estabas frente a la fuente… – añadí sonriéndole con dulzura; creo que con dulzura porque era dulzura lo que me provocaba su expresión de temor… Esperaba con el corazón en un puño que no le pidiera más de lo que él podía darme.

– No te vi – me contestó como a quien se le rompe en las manos un deseo, como si hubiera sentido envidia por una rosa roja que perteneciese a otro y de pronto al tenerla, se diera cuenta de que el capullo se había desprendido del tallo. Entonces lamenté haber seguido ayer el impulso de esconderme de él. Tenía que haberle saludado.

Le lancé un pequeño beso con los labios y nos dijimos adiós

(*parece que el enfado con el que comencé a escribir se diluye)

Con Santos la hora se me hizo muy agradable pero a la salida noté a Leonor un poco tirante para conmigo. Quizás fuese mi susceptibilidad pero pienso que no, pienso que a ella le preocupa casi tanto como a mí lo de su marido. Porque sí, ayer Alberto volvió a coquetear conmigo y cuando ya se iban me puso una mano en la cintura para despedirse y no fue una simple mano en la cintura; fue una caricia de hombre en toda regla. Estuve tentada de comentarlo con Santos, de preguntarle: ¿tú te has visto en el caso de que una  madre de algún alumno tuyo se sintiese atraída por ti y te lo manifestase? ¿Y cómo lo afrontaste?. Pero no lo hice. Claro, porque antes tendría que disculparme yo por la atracción fatal que he sentido por él hasta hace bien poco (la que aún siento) y sobre la que no mantenía apenas control y por todas las molestias que le puedo haber ocasionado por culpa de eso… Pude aprovechar cuando se ofreció a llevarme. Salía él del aparcamiento y detuvo su coche a mi altura. Era la primera vez desde que comenzó lo de nuestro juego el año pasado. Durante meses Santos no me trató con normalidad. Quiero decir que ofrecerse a llevar a casa a una compañera de trabajo en un día de lluvia lo es.

Y más me hubiera valido aceptar porque así no me hubiera pasado las instalaciones y no hubiera visto a Guernika fastidiado por tener que estarse allí con las niñas y no me hubiera acercado y no me hubiera parecido tan mal su actitud.  Se volvió y me dijo:

– No vamos a tener clase.

Me trató como si fuera cualquier cursillista. Y yo claro, lo interpreté como un rechazo y sin decir media palabra me alejé dolorida primero y furiosa al segundo. Fue cuando vi venir por el pasillo a la madre de Alba. Me fui por el otro camino para no  cruzarme con ella  y sin mirar atrás. Por supuesto estaba celosa. Creí que se había limitado a despedirme, a ordenarme que me apartase de sus otras conquistas y durante todo el tiempo que tardé en sentarme a escribir aquí, urdí mil venganzas posibles. El número es exagerado, vale, pero la descripción del mecanismo de defensa  exacta.

Mañana ya no sé que haré y como lo interpretaré todo. Pero hoy, el  largo rato que he permanecido aquí aferrada al teclado fue, como siempre, lo que me salvó. Mientras escribo, me doy cuenta que no sufro. Mientras describo lo que me ha sucedido  y me obligo a leerme en alta voz no me atormento ni me hago daño a mi misma.

23h35’… El análisis  detallado es lo contrario a la síntesis. ¿De qué me serviría, la preguntaría a S. O’Toño si lo tuviera ahora delante, sintetizarme? ¿Eso me curaría acaso?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s