Me entrego como una sumisa enajenada de amor…

julio 4, 2008

NICOLETTA TOMÁS
Amantes de su serie amantes: NICOLETTA TOMÁS

.

Era muy temprano y por eso me detuve delante al borde de la carretera. Sólo tres niños entrenaban. Los carnavales… Guernika me vio pronto. Entonces escuché una voz conocida que hablaba cerca de mí. Giré la cabeza y vi a Miguel. El primer chico que me gustó seriamente cuando ya crecía. Yo tenía catorce años y él, dieciséis.

– Hola Miguel – no me había visto.

– ¡Hombre tú!

Miguel estaba con un amigo que tenía una pinta pésima. Nos dijimos qué tal y nos dimos un par de besos en la mejilla que tal vez Guernika observó. Luego yo dije adiós y me puse en marcha. Eso creí que había sido todo. Pero en uno de los ejercicios de la hora siguiente sentí un aplauso desde el exterior y su voz animándome. Ni siquiera miré. Hice un gesto con la mano para agradecer la ovación pero soy tímida, y aunque parezca mentira me gusta pasar desapercibida.

Al minuto Guernika, aprovechando una de las veces que fui a recoger pelotas, me preguntó:

– ¿Es Leal el que está ahí fuera?

Sentía celos.

– ¿Leal? No, que va. Ese que gritó fue un antiguo novio mío, el de los catorce años. Recuerdo que también me gustaba mucho.

Lo dije restándole cualquier tipo de importancia y por eso no me esperaba su reacción de minutos más tarde.

– Están esperándote para marchar, ¿eh?

– Pero qué dices… si hacía años que no le veía -mentí pero porque sin querer había olvidado las veces que me lo encontré por la calle, dos desde el verano- y además es un yonki con un problema severo de alcoholismo y trafica. Todos en la pandilla consumían menos yo.

Creí que se quedaba tranquilo pero luego un tanto alarmada me di cuenta de por qué no. Miguel seguía allí, al pie de la alambrada y sí que parecía estar aguardando mi paso.

– ¡Anda! Si vas a tener razón

Él me hizo un gesto como diciendo ‘claro’

– ¿Y te vas a marchar con él?

– ¡No! No pienso irme a ninguna parte. Y si sigue ahí tú vas a tener que acompañarme o voy a tener que llamar a él para que venga a por mí.

No sé porqué le dije eso. Miguel no me daba ningún miedo pero era cierto que tampoco pensaba irme con él a ninguna parte. Hace muchos años que no me atrae, desde que comenzó a desintegrarse. Creo que cuando salía con mi compañero ya le dije a él lo que sentía, que nuestro tiempo se había consumido.

El caso fue que nos pusimos a hablar en el muro y él terminó por acariciarme un pezón con disimulo hasta que logró excitarme muchísimo.

– Si hubiera traído coche podríamos irnos un rato -me dijo.

Vaya, vaya… sólo había pasado una semana desde nuestra última vez. ¿Y eso? Eso quebraba nuestras estadísticas. Tenían que ser los celos. No me había mentido en lo que me avanzó. Sus celos no son como los míos. Yo cuando me pongo celosa y cualquier cosa que se relacione con él puede ponerme… Nadie dijo que los celos para hacer acto de presencia necesiten motivos racionales. Pues eso, que yo cuando me pongo celosa lo único que quiero es irme, desaparecer, al menos con él. No sé, en otras circunstancias, con más confianza, quizás sintiera deseos de castigarle, de subyugarle pero mis enfados en el pasado sólo sirvieron para empeorar las cosas; al menos ahora sé que si me alejo de esa manera inquietante en que yo sé hacerlo… no le permito quedarse tranquilo. Pero él… él se muestra tremendamente posesivo e insiste en quedarse a solas conmigo y darme placer.

– ¿Quieres que te lleve al parque un rato?

– Sí -dije con rotundidad.

Ni me lo pensé; esos ofrecimientos no deben pensarse… o corres el riesgo o dejas pasar de largo la oportunidad de vivir una experiencia ‘increíble’. Era una locura. Nos conoce todo el mundo por los alrededores y los dos somos muy llamativos. Guernika es un hombre imponente.

– Pero sólo voy a masturbarte, ¿vale? Quiero que tú te quedes bien.

– Vale. Lo que sea.

– ¿Y si nos sigue ese?

– ¿Qué quieres que te diga yo? Sería su problema. Yo no le pedí que me esperase. Allá él.

Quedamos en que primero iría caminando yo y le esperaría unos pasos por delante. Antes él tenía que zafarse de la gente, y de la clase.

Cuando cruzó la carretera mi corazón se volvió tumulto. Venía caminando trás de mí y me parecía no reconocerlo. Tan decidido, tan atroz pero cuando llegó a mi altura me tomó de la mano como si tuviéramos catorce años y fuera mi novio. ¡Dios mío! Yo no he vivido eso y toda mi vida lo he añorado, se me ha quedado como una cuenta pendiente con la juventud. Es cierto, no miento. Fueron las circunstancias. Por ejemplo nunca me faltó una cama. No tuve necesidad de ampararme en los cines, ni en los hormigones de los edificios, ni en los portales. Vale, hubo instantes, personas pero la norma fue la comodidad. Demasiada para quien era incapaz de sentir ya nada.

Creo que el detalle ese de que me tomara de la mano fue lo que convenció a mi madre para quedarse a escuchar el resto de la historia.

Insistió en que fuéramos al muro que hay en el otro extremo del parque. Era una idea fija. No sé cómo lo recordaba él pero allí ahora no existe nada, ni árboles, ni arbustos, ni plantas cruciales que pudieran servirnos de camuflaje. Estábamos a la vista de cualquiera que quisiera vernos. Una pareja de locos encaneciendo juntos al aire. Desgastando apasionados los besos. La noche estaba maltrecha. Herida de frío boreal.

No le digo a nada que no. No nota en mí ni un mínimo de resistencia a cualquier movimiento de sus manos. Ni un resquebrajamiento del deseo. Me entrego como una sumisa enajenada de amor.

Me besa por el cuello y sus requiebros son obscenidades. Me pervierte las orejas; no se conforma, apela al alma. Me dice que cada día le voy gustando más, que me va necesitando más… es un sueño. Sus dedos ya me penetran cuando le escucho:

– Hereke, Hereke está ahí con el perro. No mires.

– ¿Hereke?

Despierto. Hereke es la amiga de Diva. ¿Cómo no contamos con ella? Y Rosalyn, también Rosalyn pasea por allí a su perro. Podría haber sido ella quien nos viera pero fue Hereke, Hereke que me odia.

– Quieta -me decía-.

¿Piensa alguien que me dejó separarme de él? ¿Qué me instó a que huyéramos? ¿Qué se avergonzó de nosotros y nuestros actos vergonzantes? No. Me apretó más contra sí, como si yo fuera suya, una niña indefensa, y alguien quisiera arrebatarme.

– Tú quieta. Tú quieta -me decía.

Pero ni aún así dejó de masturbarme mientras la vigilaba a ella, sus movimientos por nuestras cercanías. Debía estar a no muchos pasos y entonces miraba por un instante mis ojos que le devoraban y me besaba con cariño. Debía leer en ellos mi preocupación. Mañana mismo lo nuestro sería más público. ¿Era eso acaso lo que perseguía él?

– ¡Cabrona!. Está ahí y no se va.

– ¿Qué harás si te saluda? ¿Se atreverá?

A mí no. A mí seguro que no. Hace un par o tres de años que dejé definitivamente de hablarle. Rosalyn, Hereke, Diva y yo formábamos un grupo y jugábamos todos los fines de semana hasta que Diva comenzó a poner a Hereke en mi contra. Quería echarme de aquel mundo. Tenía intereses particulares: monopolizar la atención de Guernika. Quiso ponérmelo tan difícil que no me quedara más remedio que irme pero no me conocía. Nunca comprendió lo que soy: un parásito. Como una garrapata puedo resistir las más duras condiciones en espera del paso procesional de mi alma. Porque sí, yo puedo parasitar casi cualquier alma. Cualquiera que elija.

Por fin se fue con la murga a otra parte y nosotros continuamos. Miento, él continuó su trajín conmigo.

– No imaginaba que eras así -le susurré presa del encantamiento.

Quería una cama, necesitaba estar conmigo en una cama. Amarme toda una mañana. Follarme una y otra vez, decía. <<Dejarte descansar y volverte a follar>>. Bien, era otro adelanto. Yo no le contesto nada. No soy una boca de esfinge. Tampoco guardo respuestas escritas en las estrellas fijas, Algol, Aldebarán, Antares. No colaboro con la idea. Sería un sepulcro. Eso hago: olvidar que existirán las camas, las promesas de amor, las últimas tentaciones, la tristeza. Las hélices se ponen en marcha y planeo sobre la idea. Hay cúmulo nimbos en el cielo, cirros, estratos y equivocaciones pasadas. Ha de ser así. Por fin estoy convencida de ello. No es que no tenga palabras, es que las acallo, las resguardo de la intemperie. Las nubes me confunden, no sé lo que hay detrás. Yo me atrevo con la lluvia, es transparente. Soy una mujer de la lluvia. No vivo en las nubes. No me oculto tras ellas. Ya dejaré caer mis palabras como miguitas de pan cuando haga falta, cuando nos perdamos para poder hallar el camino de regreso. ¿Habrá un corazón del laberinto?

¿Cómo nos vamos a arreglar para sentirnos cuando la adrenalina no corra a raudales por nuestras venas? ¿Cómo será la resaca de esta borrachera vertiginosa? ¿Cómo será el daguerrotipo de nuestro cansancio?

No pienses -me ordeno. No te dejes estropearlo. ¿No te dijo el mismo que con el sexo nadie te roba el alma? El semen mana y se evapora o lo consumes y los fluidos vaginales se secan pero tú te quedas. <<El ser se queda ahí después del sexo>> Así lo dijo. El ser y en tus repliegues el esmegna

– Espera, no te vayas todavía. Déjame abusar de ti. ¿No ves que no puedo tocarte todos los días, que no te tengo?

Me desbrozaba de la ropa cuando segundos antes había dicho que teníamos que irnos. Sus manos acariciaban mi piel con desenfreno y manoseaban mis pechos que había desvestido con impudicia sólo para él.

– No he decidido aún por dónde nos iremos. No quiero que vuelvas por donde vinimos. No quiero que él te coja. Eres insaciable. Insaciable.

No es cierto pero no deja de ser halagador que lo piense.

Nos dimos un beso de despedida. Cuando me liberó temblaba y no pensé más que en llamar a Contradicción para contárselo.

– Con este frío -dijo ella. Estáis locos.

– No siento el frío Contradicción. Estoy ardiendo. Tiemblo de fiebre o no sé de qué. Pero tenía que llamarte porque voy caminando hacia casa sola y no puedo creerme lo que acaba de ocurrir…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s