… sulfuro de hierro de brillo metálico… la composición de las corazas humanas

julio 5, 2008

.

Cerca de las tres me llamó Alegría. Quería saber si iba presentarme en la actividad o tenía que anularla porque Santos iba a faltar otra vez…  Le dije qué iría y no hice mención alguna al hecho de que Santos no me hubiera avisado a mí. A ella cómo que le daba un poco de reparo pero en seguida me sacó el tema del dinero. Me preguntaba que se había hecho, por fin, con los  20 euros del martes del carnaval.

– No lo sé. Yo me limité a entregarlos.

– Pero por qué…. No tenías que haberlo hecho. ¿No ves que las madres ya habíamos acordado pagártelo todo?

– Sí, pero yo me sentía más cómoda pagándome lo mío.

– ¿Pero y ese dinero? ¿Cómo tengo qué explicártelo? ¿No entiendes? ¿ahora quién se lo quedó?

– Mira Alegría te entiendo perfectamente; mejor de lo que crees pero eso a mí no me importa. Yo no me dedico a fiscalizar la conciencia de nadie. Allá cada cuál con la suya; sois vosotras quienes tenéis que hacerle a quien  consideréis oportuno esas preguntas…  pero en lo que a mí me atañe… lo único que me interesa es comportarme como  pienso que debo para sentirme cómoda y es lo único qué hice.

– Bueno, vale, pero ya hablaremos y ya te explicaré… ¡por favor!, no comentes esto con nadie.

– Bien, no lo haré. Hasta ese punto pienso que soy discreta.

– Sólo quiero que te des cuenta de una cosa: Tú trabajas para nosotras gratuitamente… de alguna manera tenemos que retribuírtelo.

– ¡Alegría!, olvídate de eso. Y ya hablaremos.

El tema es que yo me pagué, por supuesto, el arreglo de la modista y no consentí que nadie me pagara la tela del traje y los complementos. La directora se guardó en el bolsillo el dinero y ni invitó de mi parte a los chavales,  ni al parecer hizo nada de nada… Siempre hay una lista de turno. Encima yo cuando llegué allí, me quité el vestido  y todo lo demás y se lo dejé sobre la mesa.

– Pero es tuyo -me dijo.

– Ya, pero yo no lo quiero para nada y a vosotros puede seros útil para cualquier otro día…

¿Porque a ver, cómo me arreglo yo para explicar que todo ello deriva de mi SOBERBIA? Porque sí,  lo mío no es otra cosa que  orgullo matemático y desmedido. Y cómo lo mío, en este caso, pienso que será lo que se esconde tras muchas de esas actitudes tan altruistas  y desprendidas que podemos observar en los demás. Pero en el trasfondo, ¡ay en el trasfondo! Olvidémonos de que existe gran parte de esa solidaridad gratuita y regalada filantropía, porque quizás lo que reluce no siempre sea oro sino paupérrima pirita… sulfuro de hierro de brillo metálico… la composición de las corazas humanas. ¿Quién no ha oído aquello de no te  ‘sulfures’ tanto?, ¿ o aquello otro de, por ejemplo,  ella estaba ‘ muy sulfurada’?  Pues la soberbia  es eso, el orgullo desmedido y violento… ¿envuelto en una suave mano de hierro? Lo que yo digo, pirita, paupérrima y aparente pirita, que no presenta clivaje y es frágil.

Por cierto, después de escribir lo anterior me enteré de que existe un libro muy interesante de una escritora argentina, Liliana Heker, llamado ‘Zona de Clivaje’...

One Response to “… sulfuro de hierro de brillo metálico… la composición de las corazas humanas”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s