ESA VENTANA DE PARÍS

julio 10, 2008

Amanecía y él besó dulcemente su hombro para despertarla. Partieron felices como eran. Y caminaron juntos tantos kilómetros como pasos tal vez dio Horacio la noche en que tomando la canadiense se alejó para siempre de la Maga… como un cobarde. Aunque él no lo supiera. Fue demasiado triste la muerte de Rocamadour.

Sí, no te lo pierdas. Les envidiarás pero sin duda te inspirarán.

Porque el amor, esa palabra…

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5 Responses to “ESA VENTANA DE PARÍS”

  1. ocrus Says:

    …su amor por Traveler está hecho de cacerolas sucias, de largas vigilias, de una suave aceptación de sus fantasías nostálgicas y su gusto por los tangos y el truco. Cuando Traveler está triste y piensa que nunca ha viajado (y Talita sabe que eso no le importa, que sus preocupaciones son más profundas) hay que acompañarlo sin hablar mucho, cebarle mate, cuidar de que no le falte tabaco, cumplir el oficio de mujer cerca del hombre pero sin taparle la sombra, y eso es difícil. Talita es muy feliz con Traveler, con el circo, peinando al gato calculista antes de que salga a escena, llevando las cuentas del Director. A veces piensa modestamente que está mucho más cerca que Traveler de esas honduras elementales que lo preocupan, pero toda alusión metafísica la asusta un poco y termina por convencerse de que él es el único capaz de hacer la perforación y provocar el chorro negro y aceitoso. Todo eso flota un poco, se viste de palabras o figuras, se llama lo otro, se llama la risa o el amor, y también es el circo y la vida para darle sus nombres más exteriores y fatales y no hay tu tía…

  2. yladah Says:

    Y encima es la única mujer que conozco que se arrastra por unos tablones a no sé cuantos pies de altura para cebarle a otro mate.


  3. […] hacían dos moscas en techo del coche, un beso, a la tura del trapo rojo, o quizá hasta el de la Talita del tablón… que sabía volar y era digna para jugar al cementerio… aunque lo comienza siendo Pola, […]

    • ocrus Says:

      Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas…


  4. […] yo sepa pero sólo que yo sepa me contactó a través de una ventana en París. Él me asegura que lo nuestro viene de mucho antes, como hubo varios a los que invité a aquel […]

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