SAN CRISTÓBAL, ”santo proctector de los violentos”

julio 13, 2008

Andaba yo leyendo cosas acerca del tramo aragonés, y se decía de San Cristóbal que no es una devoción muy frecuente en el Camino pero que se trata de un tradicional protector de los caminantes y viajeros en general. Y entonces recordé…

Era pequeña, unos ocho u once años. Y mi madre tenía un santo al que se sentía muy apegada, colocado estratégicamente sobre una repisa de esas de castaño macizo, que era al mismo tiempo un perchero.

Y con el San Cristóbal no te podías meter. Porque según ella era el patrón de los conductores y como mi padre era viajante se suponía que el San Cristóbal de la entrada era el que velaba siempre por él. Y yo sé que alguna vez hasta envidia le tuve; o más que eso pura y dura rabia por resultar tan buen protector, y quise hacerlo desaparecer. Maldades que se me ocurrían pero me daba la sensación de que mi madre me quería muy poco a mí y demasiado al Santo y al cafre de mi padre; de alguna forma había que vengarse: la psicología de la víctima y del débil Así que con el Santo… De hecho, si recuerdo habérselo birlado, más que nada para dejar a su marido, eso, sin su bendita protección en la carretera, porque como a todos nos tenía aterrorizados. Y es que mi casa no era un museo pero horrores para regalar a cualquiera de ellos, había para dar y tomar. Aunque no sé cómo ella, que siempre se daba cuenta de todo, al menos de lo mío, además de los tortazos que me arreó, rescató al Santo. Y yo, claro, es que ya no podía más de la manía que le fui cogiendo, porque si era Santo era sectario, y al contrario, proteger a mí no me protegía de nada. El caso fue, que en una de esas que iba a cobrar, porque yo cobraba en serio y casi a diario de mi madre (y de mi padre era más que un salario), me fui a refugiar debajo de los abrigos y los chaquetones, para amortiguar los palos, con tan mala suerte que, según ella los apartó de muy mala leche, la repisa se vino abajo, sobre mi cabecita infantil, con Santo y todo de tó. Y toma castañazo. Un huevo tuve de tamaño natural, casi de gallina, que no de colibrí y de aquella el escáner no se llevaba. Y encima llorar estaba prohibido y al San Cristóbal que era de cerámica o cosa así frágil, y que ni mella le hizo la caída, que cayó sobre blando. Y si esa hubiera sido la única. ¡Cómo no voy a ser rara! Otra vez salí volando de un pato. O del pato o de la sardina de los columpios del parque. Porque en uno de esos impulsos que me daba mi abuelo, cuando yo le gritaba: ¡Dame más fuerte!… se me soltaron las manos y además de caerme hacia atrás y abrirme la cabeza, que sangre hubo, el bicho no remató la faena, a la vuelta, de milagro. Inconsciente no me dejó, porque ya de niña era dura como yo sola; y porque ya teníamos bastante con la cara de susto que se le puso a mi abuelo y lo pálido que se quedó, pero al médico tampoco se les ocurrió llevarme. Eran otros tiempos. Casi como aquellos en que los Santos proliferaban.

En fin, prosigamos, aquí San Cristóbal, te lo presento por si no lo conoces, que significa: El que carga o portador de Cristo’

Y la imagen: EL TEMPLO DE SAN CRISTÓBAL DE PALPA

Y después de todo… lo que más me gusta a mí de los santos son los templos que se erigen en su nombre. Ya con eso, de haber existido para que alguien construya Arte, tienen ganado el Cielo, o por lo menos el de los hombres.

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