DE LOS HOSPITALES DE AQUEL MUNDO (ruinas del Hospital de Santa Cristina)

julio 21, 2008

<<Tres son particularmente las columnas, de extraordinaria utilidad, que el Señor estableció en este mundo para sostenimiento de sus pobres, a saber, el hospital de Jerusalén, el hospital de Mont-Joux y el hospital de Santa Cristina, en el Somport. Están situados estos hospitales en puntos de verdadera necesidad, se trata de lugares santos, templos de Dios, lugar de recuperación para los bienaventurados peregrinos, descanso para los necesitados, alivio para los enfermos, salvación de los muertos y auxilio para los vivos. En consecuencia, quien quiera que haya levantado estos lugares sacrosantos, sin duda alguna, estará en posesión del reino de Dios>>.

Aymerich Picaud (s. XII)

*LIBER PEREGRINATIONIS

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<<…Esta hospedería aparece en los documentos del año 1078, pero en el primer cuarto del siglo XVII consta escrita ya su ruina. El edificio, según las crónicas, fue construido por los dos peregrinos francos Arnovio y Sineval, tras una terrorífica noche de nevisca en la que se encomendaron a la Virgen atemorizados por los lobos. Se quedan dormidos y son despertados por una paloma al amanecer del día siguiente que aparece soleado, sin nieve y sin lobos. Al construir el hospital esculpen en el dintel de la puerta una paloma en recuerdo de aquel día. Esta paloma sobre un llano y con una rama en forma de cruz en el pico se repite también en Jaca. Tal como la debió de ver Noé al día siguiente del diluvio. Hay que recordar que una paloma similar tallada en el puerto de Noya, último punto del Camino hacia la Finis Terrae cuyo nombre algunos atribuyen al patriarca…>>

‘El Camino de Santiago: Arte y Misterio’

Mª Emilia González Sevilla

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<<El día que te desmayaste en el Summus Portus tuve que llevarte en angarillas hasta el cercano hospital de Santa Cristina, uno de los hospitales de peregrinos más importantes del mundo, donde pasaste dos días recuperándote mientras yo exploraba, solo, las localidades cercanas. Por ello quisiera que, en esta ocasión, apenas cruces el puerto, visites la pequeña iglesia de Villanúa, que no viste, donde encontrarás una muy hermosa imagen de Nuestra Señora que quizá te llame la atención por el color de su piel, ya que es una Virgen negra>>.

‘PEREGRINATIO’

Matilde Asensi

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<<Su ubicación se puede todavía intuir en unas irregularidades artificiales que presenta el llano. Más vestigios no quedan, porque las piedras sirvieron para construir la carretera, como sucedió con el castillo de Candanchú, un kilómetro más adelante>>.

‘RUTAS A PIE’

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*imagen: Galería de João

One Response to “DE LOS HOSPITALES DE AQUEL MUNDO (ruinas del Hospital de Santa Cristina)”


  1. Cuenta el padre fray Francisco Lalana, dominico jaqués e historiador del Hospital, que sobre la imagen de Santa Cristina que presidía el altar mayor de la iglesia del Somport «había dos ángeles, uno a cada lado, con un tarjetón que se daban, y decía en letras de oro muy grandes: Unum de Tribus Mundi».
    «Uno de los tres [hospitales] del mundo» fue, sin duda, el lema más querido de la casa hospitalaria. Los otros dos hospitales eran el de Jerusalén y el de Mont-Joux, en el Gran San Bernardo, según se especifica en el «Códice Calixtino», cuyo autor, Aymeric Picaud, explica las razones de su fama: «Están situados estos hospitales en puntos de verdadera necesidad; se trata de lugares santos, templos de Dios, lugar de recuperación para los bienaventurados peregrinos, descanso para los necesitados, alivio para los enfermos, salvación de los muertos y auxilio para los vivos» (Liber Sancti Jacobi. Codex Calixtinus, c. 1140, libro V, cap. IV).
    Y es bien cierto que el de Santa Cristina, junto al puerto de Aspe o Somport, se construyó en lugar muy estratégico, apropiado para el auxilio de viajeros y peregrinos. La leyenda de «la piadosa y milagrosa» fundación de Santa Cristina, a falta de documentos mejores, quiere que unos caballeros, compadecidos de los «innumerables pasajeros que en este puerto perecían, ya consumidos de la hambre, ya sepultado en la nieve, ya comidos por las fieras», determinaron construir allí un pequeño refugio. Cuando abrían los cimientos del edificio «se apareció una muy blanca paloma con una cruz de oro que traía en la boca» y la depositó, antes de desaparecer, sobre el lugar donde se construiría la iglesia. Señala el P. Lalana que «corrió la fama de esta maravilla por toda la tierra» y con las numerosas limosnas que se ofrecieron se construyó, no el pequeño refugio proyectado, sino «la magnífica y sumptuosa obra» que en su tiempo (fines de la decimoctava centuria) se podía sospechar, por la calidad de las antiguas paredes conservadas.


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