La zurda me ha comentado hace un rato que en la televisión informan hace un par de días, Noticias 4, que en Canadá la marihuana, por fin, ha sido legalizada. Pero es que en Canadá consideremos que la mayoría de los individuos no cierran la puerta de su casa porque no hay necesidad. Es decir pioneros en libertades y respetos. ¿A ver quién es el guapo que la deja en algunas zonas de España? Me he dado una vuelta por la Red para ver si me enteraba de si el asunto del cannabis es en su totalidad o sólo con fines terapéuticos. Y he llegado a un artículo en el que he dejado el siguiente comentario:


Buen artículo pero como consumidora moderada, sí, habitual, sí, en el pasado reciente, sí motivo terapéutico: bueno… creo y quiero expresarlo que si se tolera mejor es porque psicológicamente por sus efectos la droga te engancha: entre sus lucideces y fabulaciones. Piensas que te da más que te quita y hasta la quieres como a una amiga. Cierto que con una ligera voluntad esta adicción se controla pero creo que se habla poco y se ha estudiado poco su efecto en la mente del individuo. Y para eso no creo que nos sirvan los ratones. Porque a ver, ¿cuando un ratón delira cómo se le nota?

Si el cannabis va a ser terapéutico que se formalice en medicamento y se le asegure un precio moderado en un genérico; que no sirva el cannabis con pleitesía a la usura de la industria farmacológica. Y que nos aseguren también con estudios serios que de su uso continuado no derivarán patologías mentales. Y mucho mejor sería que nadie se aprovechara de ella, que es un regalo de la Naturaleza.

Si luego uno quiere ser consumidor hedonista, aunque la consuma como medicamnento, que lo sea, y se lucha por esta libertad, la de su despenalización también, que la planta a este nivel concede sus bendiciones o potencia las tuyas. Pero es mejor no tenerla en casa y es mejor separar los temas; si yo hubiera cultivado plantas, hoy estaría colgada y sería grave para mí; y desde luego que no se le impriman etiquetas como las del tabaco, que no soporte las condenas de los demonios ni se la aprecie como si fuera un dios pagano, a no ser que vaya a ser uno verdaderamente ocasional. Un rito (mágico) no es todos los días porque entonces ya se transforma en un hábito (algo falto de magia).

En cierto sentido es sana, y desde luego mucho más que el alcohol, que por mucho que te pases con ella no sufres de resaca pero como hembra es difícil de controlar. Tengo entendido que los machos de esta planta no conceden favores ni con la divina combustión. ¿O es diferente en el caso del laboratorio? Porque si lo es la planta, en su lenguaje químico, ya nos estaría contando algo.

Con respecto al primer comentario aporto lo siguiente: mientras me fue imposible conseguirme un camello la codiciaba mucho más y tardé casi tres años en dar con uno. Una vez con su teléfono en la mano, para recurrir a él cuando quisiera, parte de mi pasión se enfrió. Cada persona es un mundo cierto pero mejor sería que no se la dotara con el halo de lo difícil, ilegal y atractivo. Si adquirirla fuera tan vulgar como entrar en un supermercado sería menos mítica en poco tiempo. No tienes presión, puedes acceder a ella cuando quieres, la mayoría pasaremos más. Y además de esa forma se accede a la cantidad real que quiere consumir uno y dosifica mejor.

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Es que no me gustan las excusas. Creo que son contraproducentes, sobre todo cuando se prolongan indefinidamente en el tiempo, y he decidido no seguir engañándome. Ni los dolores en mi espalda y vertebras cervicales, ni mis inflamaciones reales me las va a curar nunca la marihuana. Pero si me ha ayudado a conocerme mejor y sí he tenido la oportunidad, sobre todo, de conocerme en estado pasivo-relajado; y creo que llegada a este punto debo aprender a emular ese estado interior por mi misma y sin dependencias. Y de momento lo estoy consiguiendo. Y sé que cuando vuelva a fumar cannabis será una fiesta. Algo que no ocurre un día sí y otro también. Porque de la pereza que luego te dan casi todas las cosas no te cura nadie ni nada. Ahora, yo no tenía esclerosis múltiple, por poner un ejemplo, ni SIDA y no me estaba sometiendo a quimioterapia. Y desde esas enfermedades y situaciones vitales no puedo opinar. Pero me ha comentado Nora también, que en la noticia salía una chica hablando de fibromialgia, que sí sufro y, que como ella, yo misma aseguraba que la marihuana era lo único que me libraba durante unas horas del insoportable dolor. Y no era así. O no del todo. Pero yo vendía eso y lo peor es que me lo vendía a mí. La droga ya estaba en mi cabeza. Y estuvo ahí sin rivales durante casi tres largos años. Aunque algún control o periodo de abstinencia, como una pauta, acerté a tener y eso a la larga lo hace todo más fácil.